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Emilio Campmany

La 'realpolitik' de Sánchez

España sólo apela a la 'realpolitik' cuando hay que ser tolerantes con los regímenes comunistas y de izquierda radical de Hispanoamérica.

España sólo apela a la 'realpolitik' cuando hay que ser tolerantes con los regímenes comunistas y de izquierda radical de Hispanoamérica.
Pedro Sánchez. | EFE

No se sostiene que el Gobierno no pueda llamar "dictadura" al régimen cubano solamente porque es una exigencia de Podemos. Por eso el nuevo ministro de Asuntos Exteriores ha suministrado a El País un argumentario para defender la posición española apelando a la realpolitik. En definitiva, se supone que España tiene que cerrar los ojos a las tropelías del Gobierno cubano con su pueblo para no poner en peligro los intereses de España en la isla.

Se explica que, cuando Aznar impuso en la Unión Europea una actitud dura con el régimen cubano, no sirvió para nada. Al final, a Cuba fueron Obama y el papa Francisco y el PP de Rajoy tuvo que recomponer los puentes rotos para que nuestro rey viajara en 2019, ya con Sánchez en el poder. Luego, tras exponer la exigencia de Casado de que el Gobierno califique de dictadura el régimen comunista cubano, dice:

Casado sabe que Sánchez tendría muy difícil hacerlo, salvo que quiera poner en riesgo la liberación de la colaboradora de ABC detenida, la posibilidad de prestar asistencia a los 150.000 españoles residentes en Cuba o la de proteger los importantes intereses económicos de España en la isla, sobre todo en el sector turístico, según fuentes diplomáticas.

Es posible que la estrategia de Aznar no sirviera para nada, pero quizá fue por falta de perseverancia. Y en todo caso la política de tibieza de sus sucesores ha servido para menos. Lo de la periodista de ABC es una tontería porque su bienestar no puede valer más que el de todo el pueblo cubano, incluidos los 150.000 españoles que viven allí. Unos españoles que además tienen que soportar que España sea cómplice del régimen que les oprime. Otra cosa son los que viven allí haciendo negocios al amparo del régimen. Y finalmente están los intereses empresariales españoles en el sector turístico. Eso sí son intereses.

Los empresarios turísticos, los españoles y los que no lo son, disfrutan en Cuba de una situación asquerosamente idílica. El Gobierno les proporciona trabajadores baratos a los que pagan sueldos de hambre que el Estado requisa permitiendo tan sólo que al trabajador llegue una ínfima parte. Para redondear el chollo, el régimen les garantiza que no tendrán competencia. ¿Esos son los intereses que nos obligan a quedarnos de brazos cruzados mientras los comunistas cubanos apalean, arrestan, torturan y asesinan a sus conciudadanos? Como intereses, son deplorables. Y encima son intereses particulares, no nacionales.

El Gobierno de España jamás persigue una realpolitik. Ni siquiera cuando más falta haría, como es el caso de tener que llevarse bien con los Estados Unidos, aunque estén gobernados por Trump. España sólo apela a la realpolitik cuando hay que ser tolerantes con los regímenes comunistas y de izquierda radical de Hispanoamérica. Cuando en realidad, la protección que España brinda a estos regímenes, especialmente el de Cuba, va contra nuestro interés nacional, al que convendría una Hispanoamérica próspera y libre con la que tener una relación privilegiada. Aquí no hay realpolitik. Y, aunque la hubiera, no podría justificar ser cómplice de tantos desmanes. Tan sólo el dinero lo puede explicar.

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