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Emilio Campmany

Lo que hará y no hará Sánchez

va a tener mucho más difícil seguir desmontando el Estado de Derecho, o al menos tendrá que hacerlo sin la complicidad del PP.

va a tener mucho más difícil seguir desmontando el Estado de Derecho, o al menos tendrá que hacerlo sin la complicidad del PP.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Lo mejor que ha tenido para el resto de los españoles lo votado por los andaluces no es lo que hará Sánchez. En la Ejecutiva de este lunes ha prometido más de lo mismo, más decretos leyes, más publicidad huera, más presencia en los medios, como si esa forma de gobernar basada en parecer y no en ser no fuera en parte responsable de los pobres resultados obtenidos. Pueden insistir tanto como quieran en lo bien que lo hacen, pero lo que toda España ve es que, pudiendo hacer cosas que de verdad mejoren la vida de los ciudadanos, prefieren aparentar que hacen otras que tienen la virtud de ser más conformes con su ideología, pero que en realidad no llegan a aplicar por los perjuicios que, sin reconocerlo, saben que traen. Baste, como ejemplo, lo del ingreso mínimo vital. Es un asunto que goza de muy buena prensa mientras no se hable de quién lo va a financiar. La realidad es que los obstáculos burocráticos puestos para su cobro son de tal envergadura que la mayoría de quienes tienen derecho a él se desanima y acaba por rendirse sin pedirlo. Está hecho así porque no hay dinero con el que financiarlo. De modo que lo único que hay tras él es un montón de estomagante propaganda. También es posible que haya crisis de Gobierno, pero qué más da que cambien a unos ministros por otros igual de incompetentes.

Lo importante del resultado del domingo pasado no es, pues, lo que Sánchez hará, sino lo que ya no hará. Entre sus planes estaba, una vez Olona fuera vicepresidenta de la Junta de Andalucía, acorralar al PP y obligarle a pactar la renovación del Consejo General del Poder Judicial para compensar su querencia fascista. Con esta victoria es menos probable que Feijóo ceda en este punto. Tampoco le será fácil al presidente perpetrar la inconstitucional venganza que tenía planeada de renovar tan sólo a los magistrados nombrados por el Gobierno en el Tribunal Constitucional sin esperar a que el Consejo pueda nombrar los suyos. La ideíca la explicó muy bien Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital el pasado jueves. Ahora es más difícil para Pedro Sánchez ejecutar lo maquinado porque no es momento en el que pueda permitirse forzar las costuras de la Constitución ni arrostrar las acusaciones de autoritarismo que conllevaría.

De manera que claro que Sánchez seguirá despilfarrando nuestro dinero y asomándose en la tele a cortarnos la digestión. También veremos a los ministros, a éstos o a otros igual de torpes, diciendo las mismas sandeces repetidas una y otra vez sin apenas cambiar las palabras de los argumentarios expelidos por la Moncloa. De todo eso y más no nos va a librar nadie. Pero al menos Sánchez va a tener mucho más difícil seguir desmontando el Estado de Derecho, o al menos tendrá que hacerlo sin la complicidad del PP, algo que no tenía pero que podía tener en el futuro y que ahora parece que ya nunca tendrá.

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