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Los males del cine español

Si el ministro Wert quiere, de verdad, revitalizar este sector, lo que debe hacer es eliminar las subvenciones y que las productoras empiecen a contratar buenos actores, buenos directores y buenos guiones

Emilio J. González
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El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, ha decidido mantener las subvenciones al cine porque "garantizar la diversidad cultural exige una política de promoción de nuestro cine" del que "dependen un elevado número de profesionales". No puedo estar más en desacuerdo con lo que dice este señor.

Me explico.

El principal mal que aqueja al cine español es, precisamente, su dependencia de las subvenciones. Gracias a ellas proliferan las malas películas, los malos actores y los pésimos guiones, muchos de los cuales, además, contienen una importante carga ideológica y sectaria. Lógicamente, el público español no es tonto y no acude a una sala de cine a ver una mala película española. En cambio, cuando es realmente buena, ésta no suele tener problemas de taquilla. Ese es el quid de la cuestión. El cine en España, por desgracia, no se entiende como un sector más, que debe estar sometido plenamente a la competencia, realizando películas que tengan de verdad interés para el público y que, además, se puedan exportar. Con contadas excepciones, lo que caracteriza a la filmografía patria es todo lo contrario.

Así, en la mayoría de los casos, los guiones reflejan las obsesiones y complejos personales de los directores que, en muchas ocasiones, no interesan a nadie. En otros, el contenido de la película viene condicionado por la necesidad de obtener una subvención y lo que debería ser una actividad artística independiente acaba convertida en un mecanismo de propaganda de las ideas del partido en el poder, en especial cuando quien lo ocupa es el PSOE. ¿Cuántas películas se han hecho en los últimos años con ayudas públicas para explicarnos a todos lo malos que eran los franquistas y lo buenos que eran los republicanos? ¿Cuántas se han hecho para promover los valores de la izquierda y atacar los de los demás, sean religiosos o políticos? Eso es lo que ha financiado el Estado español en materia de cine, favoreciendo a los actores, directores y guionistas que compartían estos postulados o se prestaban a publicitarlos y el resultado es que, con escasas excepciones, como digo, hoy por hoy el cine español no le interesa a nadie.

Si el ministro Wert quiere, de verdad, revitalizar este sector, esta parte de nuestro entramado cultural, lo que debería hacer es eliminar dichas subvenciones y que las productoras empiecen a pensar en términos de comercialización, contratando buenos actores, buenos directores y buenos guiones. Estados Unidos, la Meca del cine, nos demuestra una y otra vez como los independientes, si son capaces de realizar buenas películas, tienen un hueco en esta industria. ¿Por qué no puede suceder lo mismo con el cine español? Ya lo decía en su momento el fallecido Berlanga: el cine es una industria más que tiene que competir sin ayudas públicas. Éstas son su muerte, como bien sabemos en España.

Además, lo que no vale como justificación es que de este sector dependen muchos puestos de trabajo. También dependen muchos empleos de otros sectores y nadie los ayuda. Es más, en estos momentos, lo que tiene que hacer el Estado es apretarse el cinturón para poder bajar impuestos y que las empresas puedan sobrevivir. Por ello, no tiene justificación alguna el seguir subvencionando al cine, y menos cuando los recursos públicos que se derrochan en este sector son tan necesarios para financiar la sanidad o las pensiones o, simplemente, para poder bajar los impuestos a las empresas y ayudarlas, de esta forma a sobrevivir a la crisis y a mantener y generar puestos de trabajo.

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