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Enrique Navarro

Fumata blanca

No podemos esperar de este gobierno decisiones importantes más allá de manejar los medios y mucho marketing

Enrique Navarro
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No podemos esperar de este gobierno decisiones importantes más allá de manejar los medios y mucho marketing
Mariano Rajoy saliendo del restaurante en el que pasó la mayor parte de la moción de censura | EFE

La razón de este título no es explicar el humo que sale de las chimeneas y trituradoras de los ministerios; tampoco el resultado de la moción de censura, que no podía ser otro teniendo en cuenta el juego de mayoría y la situación de claro enfrentamiento entre algunas fuerzas políticas decisivas. No, me refiero al cónclave cardenalicio de la tarde noche en la Puerta de Alcalá. Los cardenales cercanos al Papa emérito, Rajoy, hicieron piña y decidieron mantener al emérito, incapaces de nombrar a un sucesor que guíe la herencia.

Creo que más allá de los lamentos de última hora, la salida de Rajoy es una buena noticia; no era sostenible el gobierno de un partido después de la sentencia de la Gúrtel; ni siquiera con otro candidato, y eso quien mejor lo ha entendido ha sido Rajoy; que como buen demócrata debía dejar al Parlamento tomar la decisión que le corresponde, y no prestarse a juegos malabares de última hora para violentar la voluntad mayoritaria de los representantes del pueblo.

El nuevo gobierno presenta muchísimas incertidumbres y riesgos y llega en momentos muy difíciles; y le toca a Pedro Sánchez dirigir una orquesta que a día de hoy suena muy desafinada, y conducirla a unas elecciones que él sabe que deben ser pronto, porque no podemos esperar de este gobierno decisiones importantes más allá de manejar los medios y mucho marketing para poner al PSOE en las mejores condiciones de cara a unas elecciones. Todos sabemos que los tiempos no se manejan igual desde el Gobierno que desde la oposición.

Pasada la rabieta de haber perdido el Gobierno, el PP necesita una catarsis; si al cónclave cardenalicio se le ha pasado por la cabeza la idea de liderar la oposición con el emérito y esperar a la sentencia de los EREs etc. se equivoca de plano. El PP necesita superar, no la moción de censura, sino la GÜRTEL. Eso pasa necesariamente por una amplia regeneración que incluya a sus más altos cargos -presidente y secretaria general- y cuanto antes lo haga, mejor para el centro derecha español. De esa manera evita la sangría que se avecina de cargos pasándose a Ciudadanos.

El país necesita estabilidad y confianza, y rápido, y sin duda, un pronto anuncio de elecciones contribuiría de manera muy efectiva a estos objetivos. Que gobierne el PSOE no es necesariamente peor, serán sus políticas las que determinarán el curso de los acontecimientos, pero creo que en todos los partidos especialmente en el PSOE, hay plena constancia de que con estos mimbres poco se puede hacer.

El éxito de Pedro Sánchez es notable, de desahuciado hace apenas año y medio a la presidencia del gobierno, y no se puede minusvalorar su denuedo y esfuerzo en este tiempo; pero por difícil que parezca lo que ha conseguido, será mucho más difícil gobernar. Nombrar cientos de cargos de socialistas que deberán sacrificarse para unos pocos meses será sólo el primer reto. Un cambio de gobierno sin capacidad de hacer una transición pacífica en los Ministerios ante el desalojo inmediato que se producirá en la semana que viene es el segundo reto inmediato.

El gran reto de Pedro Sánchez ahora es minimizar los riesgos y los tiempos de transición; es esencial que la maquinaria administrativa no se pare, porque hay muchas incertidumbres nacionales e internacionales que aconsejan tomar el timón con fuerza y rápidamente.

Creo que con Rajoy se termina, o eso esperamos, una etapa que nació en 2004. Su manera de irse, si es que el emérito así lo decide, ha sido muy indigna, no ha sabido estar a la altura del momento que le exigían sus militantes y votantes. No era el momento de hacer el avestruz sino de empezar a sembrar las bases para un retorno del centro derecha al gobierno. Era el momento de aceptar el resultado democrático. Pedro Sánchez, por poco o mucho que nos guste es un presidente democrático y legítimo, y por tanto pretender desnaturalizar esta decisión o denigrarla, sólo muestra una muy mala manera de perder.

Si el PP quiere sobrevivir, regeneración ya. Rápida. Hay que pasar página y hacerlo con altura de miras. Si hace una semana pedía la dimisión de Rajoy, ahora con esa dimisión ya no basta, toca regenerar el partido, o bien finiquitarlo y pensar en la llegada a la Moncloa de Albert Rivera como la única alternativa creíble de un centro liberal y moderno que supere los lastres que todavía tiene que sufrir el Partido Popular. Ahora quién tiene un reto inesperado y complicado es Ciudadanos, que se ha visto en cuarenta y ocho horas descolocado y necesitado de hacer un cambio de timón para no perder la ola creciente en la que estaba subido.

Y lo más importante, el PSOE no va a apoyar a un Sánchez que no cumpla con los compromisos adquiridos de no negociar nada con nacionalistas; éste será su gran reto para el que sufrirá presiones de todo tipo. Pero asumiendo el chantaje y el golpe de los nacionalistas en Cataluña, la persistencia del problema político o bien exige de suspender la autonomía con las consecuencias que eso implica o abrir algún marco de diálogo; Pedro optará por la segunda vía, pero se moverá en el filo de la navaja, porque los secesionistas no le van ayudar mucho y los jueces tampoco. Pero en cualquier caso por el bien de todos, hay que desear al nuevo presidente altura de miras, patriotismo y suerte, aunque la desconfianza es mucha a día de hoy.

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