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VENEZUELA

¿Ahora es de todos?

Una de las cosas que más llama la atención de los analistas internacionales cuando tratan de Venezuela es la capacidad que tiene Hugo Chávez para copiar fielmente los mecanismos utilizados en los estados capitalistas para introducir su cacareada revolución bolivariana.

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El teniente coronel ha sabido dotar a sus políticas –con el dinero proveniente de los altos precios del petróleo– de una imagen corporativa que nada tiene que envidiar a la de las grandes marcas internacionales.
 
"Venezuela, ahora es de todos". Así reza el lema institucional que invade todo el país; es utilizado indistintamente en las páginas de un periódico nacional, en un tanque de la Guardia Nacional o en el envase de arroz de uno de esos supermercados que Chávez ha establecido –con el dinero proveniente de los altos precios del petróleo–, incorporando un nuevo vehículo publicitario a la ciencia de la propaganda.
 
Pero la capacidad mimética de Chávez no se limita al inocente arte de la publicidad. En los últimos meses ha intervenido en el tejido empresarial venezolano utilizando operaciones similares a las opas –con el dinero proveniente de los altos precios del petróleo–, adquiriendo el 51% del capital de varias compañías a precios muy por encima del mercado, lo que le permite controlarlas y colocar en ellas a fieles directivos chavistas.
 
El gusto por la imitación de Chávez ha alcanzado límites insospechados en lo relacionado con su admiración por Fidel Castro. Como Castro en Cuba, Chávez está derrumbando uno a uno cualquier resorte democrático que quede en Venezuela. Eso sí, en nombre de la democracia; porque, como reza la propaganda: "Venezuela, ahora es de todos".
 
Hugo Chávez y Fidel Castro.Y es que, para que Venezuela efectivamente sea de todos, Chávez no ha dudado en someter a la Justicia. Si en mayo de 2004 incrementaba de 20 a 32 el número de magistrados del Tribunal Supremo –designando directamente a los nuevos y asegurándose el nombramiento de los suplentes–, en los últimos meses está expulsando de la carrera judicial a alrededor de 600 jueces –por no superar la evaluación de la Inspectoría General de Tribunales–, cuyos puestos serán ocupados por ideologizados estudiantes de la Escuela de Magistratura.
 
Algo similar ocurre con los mandos del Ejército. A lo largo de este año, Chávez ha renombrado a 25 de los 29 más altos mandos castrenses. Ya controla la Guardia Nacional, y ha creado una suerte de reserva militar basada en estructuras similares a los Comités de Defensa de la Revolución cubanos que, según él mismo, llegaría a los dos millones de efectivos.
 
Chávez sigue los pasos del dictador cubano. Una las primeras medidas de Fidel Castro cuando asumió el poder, en 1959, fue aprobar la ley de reforma agraria y realizar sus consiguientes expropiaciones. El mandatario venezolano ha hecho lo mismo a través de la Ley de Tierras, que concede al Gobierno la capacidad de expropiar las tierras "no productivas". Esto hace peligrar la propiedad privada, sometida a un nuevo concepto de propiedad social, lo que ha levantado críticas en toda la comunidad internacional.
 
El nuevo comandante en jefe también ha aprendido de Castro que debe acabar con sus enemigos, y sabe que entre ellos se cuentan los medios de comunicación. Para controlarlos ha aprobado la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión –conocida como "Ley Mordaza"–, que, sin llegar a aplicarse, ha logrado crear el miedo necesario para que se comience a hablar de autocensura en los medios que ven en la revolución bolivariana un proceso irreversible.
 
Hasta tal punto llega la afinidad entre ambos regímenes que parece que Chávez va a lograr que bauticen a sus congresistas como "los niños cantores de Caracas", en recuerdo de "los niños cantores de La Habana", que con tanta precisión entonan a coro las maravillas del socialismo revolucionario en el Parlamento cubano.
 
Y es que Chávez ha ideado un mecanismo para lograr que dos más dos sumen nueve. Las morochas –como se llama el sistema con que Chávez acudirá a las elecciones– permitirán que el presidente venezolano logre el 90% de la representación con algo más del 50% de los votos. Poca esperanza le queda a la oposición, que, aunque ha recurrido este sistema, ve cómo todas las instituciones están controladas por el oficialismo.
 
Así que, ahora, Venezuela no es de todos.
 
 
Matías Jove, cofundador de la Asociación Española Cuba en Transición (AECT).
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