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IBEROAMÉRICA

Bolivia debe romper con los Estados Unidos

La nueva orden de Chávez para su sumiso campesino boliviano es ésta: Bolivia debe romper con los Estados Unidos. Como las relaciones están en su nivel más bajo, Bolivia no tiene que hacer mucho para llegar al quiebre total.

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Lo primero que se les ocurrió a los indígenas es exigir visa a los estadounidenses y renegar del apoyo económico de Usaid (120 millones de dólares), a menos que los fondos sean de libre disponibilidad. Morales está acusando al embajador norteamericano de financiar a la oposición y lanzando gruesas advertencias a los diplomáticos para que no se inmiscuyan en los asuntos internos de Bolivia. Por supuesto, las amonestaciones no incluyen a los representantes de Cuba, Venezuela e Irán.
 
Como todo megalómano, Chávez es paranoico y quiere asegurarse de que no haya presencia ni influencia norteamericanas que se opongan al envío de tropas venezolanas, que empezarían a llegar para reprimir cualquier movilización masiva o levantamiento que desestabilice al Gobierno indigenista. Los últimos paros y protestas tienen preocupados a los jerarcas comunistas, y la presión popular irá creciendo a medida que Morales se vuelva más autoritario.
 
El razonamiento que subyace a semejante orden es primario e infantil pero tenebroso. Estados Unidos intervino militarmente en Granada y Panamá, y Chávez teme que ataque Bolivia, porque en ese caso perdería todos los millones que invirtió y, más que eso, zozobraría su conquista del heartland, que da ventaja estratégica sobre los vecinos si se tiene el debido control del país. En esencia, es el mismo plan que tenía el Che Guevara para propagar su amorosa filosofía por el Cono Sur.
 
A los norteamericanos les bastaría una docena de helicópteros Apache para destruir a las Fuerzas Armadas Bolivianas por completo. Pero eso no va a suceder, porque Morales fue elegido democráticamente, de manera que los bolivianos van a tener que pagar su culpa, aguantarse y actuar independientemente de la ayuda exterior. El panorama es estremecedor, porque indica que Chávez está presto a invadir Bolivia militarmente.
 
Si Estados Unidos quisiera deshacerse de Chávez y Morales, lo podría hacer en un fin de semana. Derrocar a Sadam Husein le llevó 14 días; eliminar a Chávez tomaría 48 horas. El Demente Coronel no sabe dimensionar su fuerza, ni la de los demás. El venezolano tiene más músculos que Morales, pero es un bebé raquítico ante Bush.
 
Morales volvió a repartir millones de dólares entre los miembros de las Fuerzas Armadas Bolivianas para comprar su lealtad, y distribuyó más millones –libres de contabilización– entre los alcaldes opositores a su régimen para ganarse su apoyo. En cambio, no puede sobornar al 46% de la población que no votó por él, y que pasó a ser considerada enemiga del mandatario.
 
El temor cunde en Bolivia. Los periódicos y medios no se atreven a hablar en voz alta, y menos aún la ciudadanía, por temor a represalias. Cuando se llega a esa situación es que se está viviendo bajo una tiranía. El Gobierno de Morales entró en una etapa de deterioro que podría culminar en el conflicto más peligroso y sangriento que haya vivido el país.
 
Desde 2004 llevo advirtiendo de que si el dirigente cocalero llegaba al poder se podría desembocar en una guerra civil. Ahora son todos visionarios y presagian lo mismo, incluso quienes le sirvieron de plataforma, que son los que gobernaron antes que él y no tuvieron el coraje de ponerlo en su sitio: la cárcel.
 
A la gente no le gusta que le digan que es estúpida, pero se lo merece. Irónicamente, en Bolivia todos se sienten aptos para ser presidente. Si hasta un Morales puede serlo, ¿por qué no? Pero saberse más que Su Excelencia no es mérito. Evo es lo que es, un campesino sin instrucción ni conocimientos de ninguna clase. Eso no va a cambiar. Y ese el problema. Peores son los que votaron por él creyendo que los asuntos complejos se pueden resolver con la ignorancia.
 
 
© AIPE
 
JOSÉ BRECHNER, periodista boliviano.
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