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UN PROBLEMA DE INTELIGENCIA

¿Cambio de régimen en la Casa Blanca?

Probablemente una gran mayoría de los lectores ignore qué sean y qué tengan que ver con un problema de inteligencia la oficina “44 Wall Street”, un elegante edificio en Manhattan sede de algunos prestigiosos bufetes de abogados y de influyentes “lobbistas”, el aristocrático “Safari Club”, dedicado a la preservación del medio ambiente y a defender los derechos de los cazadores, el juego “A Team B Team”, experimento mediante el cual el Departamento de Estado creó un equipo paralelo de outsiders como contrapunto de la CIA, y los paradigmas analíticos rivales “Shulsky vs. Kent”. También podríamos formularlo más filosóficamente, “Strauss vs Weber”, pero dejémoslo para otra ocasión.

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Sin embargo, todo ello tiene relación con acontecimientos recientes en Estados Unidos, como las elecciones al Congreso y la inmediata reacción del Presidente Bush de sustituir a Donald Rumsfeld por Robert Gates en la Secretaría de Defensa. Personalmente, opino que el Presidente se ha precipitado, ya que los resultados electorales, pese al ascenso del Partido Demócrata, no se traducen en una clara mayoría contra la guerra en Irak: la elección de Steny Hoyer como líder la nueva mayoría en la Cámara de Representantes (149 votos contra 86 de John Murtha) es un dato significativo. Además, las victorias de Joseph Lieberman (demócrata independiente pro-guerra en Irak) en Connecticut y del ex-republicano Jim Webb, antiguo secretario de Marina con Reagan, en Virginia, no garantizan una mayoría demócrata automática en el Senado, especialmente en materias relativas a la seguridad nacional. Por tanto, las corrientes izquierdistas de los Dean, Gore, Kennedy, Dodd, Murtha Rangel etc.. no están en condiciones de echar las campanas al vuelo. Incluso la escuadra feminista ha quedado congelada en la moderación institucional: Nancy Pelosi como “Speaker” y Hillary Clinton como candidata presidencial.

No obstante, y sin entrar en profundidades esotéricas, da la impresión de que el Presidente ha decidido dar un giro en las opciones estratégicas y de inteligencia sobre la guerra en Irak, distanciándose del modelo Shulsky (“neocon”, para entendernos) y aproximarse al modelo Kent (convencional y bipartisan). En este asunto parece haber sido decisiva la influencia de Papá Bush y sus amigos del ahora famoso Grupo para el Estudio de Irak (Baker, Scowcroft, Gates etc…).

En otras palabras, los parcialmente responsables, junto a la administración Clinton, del caos criminal del régimen de Saddam Husseim después de la Guerra del Golfo de 1991: genocidios de chiíes y kurdos, incumplimiento sistemático de las resoluciones de la ONU, corrupción del programa Petróleo por Alimentos, y por supuesto mantenimiento de los programas de Armas de Destrucción Masiva y de promoción del terrorismo islámico. Comprendo que a muchos no les resulte simpático recordar estos temas porque suelen hablar y escribir de lo que no saben, pero la evidencia documental es abrumadora. Como muestra, basta leer íntegramente el informe de la Comisión del 11-S y los análisis de verdaderos expertos como J. Trenton, B. Gertz, D. Bossie y P. Hoekstra.

Cuando Bush ganó la presidencia en 2000 tuvo el acierto de distanciarse del tipo de negocios de su abuelo, el senador Prescott Bush, y de su padre el presidente George H. Bush con la oficina “44 Wall Street” y el “Safari Club” respectivamente. Además, tras la tragedia del 11 de septiembre, la denominada “doctrina Bush” se sustentó principalmente en uno de los supuestos “neocon” (Shulsky, Wolfowitz) de la estrategia anti-terrorista: cambio de régimen en Iraq.

Irónicamente, de momento lo que Irak ha provocado es un cambio de régimen en el Pentágono. Esperemos que el sentido común sin demagogia se imponga en el Partido Demócrata (la derrota de Murtha en la Cámara de Representantes es una buena señal) y que los apaciguadores del Grupo para el Estudio de Irak recapaciten y aprendan de los errores del pasado (Robert Gates, por ejemplo, es un prestigioso funcionario de la CIA, un “intellcraft” que sin embargo debe corregir su tendencia a primar la lealtad a sus jefes sobre su lealtad a la verdad y al interés nacional), y que todos ellos –aunque todo esto pueda sonar a wishful thinking- con la inteligencia correcta, es decir, comprendiendo correctamente la naturaleza de la guerra mundial contra el terrorismo, impidan un cambio de régimen en la propia Casa Blanca.


Manuel Pastor, es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid y ex director del Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard. 

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