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ORIENTE MEDIO

¿Debe Israel proveer servicios a Gaza?

Existe la impresión generalizada de que la Franja de Gaza vive al borde de una crisis humanitaria por la decisión israelí de reducir el suministro de electricidad y combustible, y de que Israel tiene una obligación jurídica y moral de garantizar esas provisiones. Dejando de lado el hecho de que la Franja ha estado al borde de una crisis humanitaria desde el establecimiento de la Autoridad Palestina (1994), se trata de una manera de ver las cosas desacertada.

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La ley internacional no obliga a Israel a proveer a Gaza de combustible y electricidad, tampoco de mercancías o de cualquier tipo de servicio. Y no existe ley moral alguna que obligue a un Estado sometido a ataque a suministrar asistencia de cualquier tipo a la entidad que le está atacando.

A juicio de Abraham Bell, profesor de Derecho en la Universidad Bar Ilán, el artículo 23 del IV Convenio de Ginebra permite a Estados como Israel cortar el suministro de combustible y electricidad a territorios como Gaza. Israel sólo debería permitir el paso de alimentos, ropas y medicinas que tengan por destinatarios a menores de 15 años y a mujeres embarazadas o que estén dando a luz. Por otro lado, Israel estaría obligado a no interferir en los envíos de terceros, pero no a ejercer de proveedor. El artículo 70 del Primer Protocolo Adicional de la Convención de Ginebra de 1977 amplía los requerimientos relacionados con las provisiones esenciales, pero entre los bienes y servicios cuya circulación ha de ser permitida no se cuentan el combustible y la electricidad.

Bell destaca que el hecho de que se dependa del suministro extranjero no implica la existencia de obligación legal alguna relacionada con el mantenimiento del mismo. Por decirlo pronto: Arabia Saudita no está obligada a proveer de petróleo a Europa, ni Occidente está obligado a suministrar ayuda alimenticia a Somalia o a Darfur. Tampoco una administración militar previa crea obligaciones legales. Así, sobre Egipto no ha recaído obligación alguna por haber ocupado Gaza durante casi veinte años; tampoco sobre las Naciones Unidas con respecto a Irak y Libia, países a los que en su día impuso zonas de exclusión aérea.
 
Terroristas de Hamás.El artículo 23 del IV Convenio de Ginebra hace referencia al suninistro de ciertos bienes y servicios a la población civil del enemigo, pero esto no es aplicable al caso que nos ocupa porque ni Israel ni Gaza son signatarios de dicho documento ni la Franja es un territorio ocupado. Con todo, aun si el Convenio obligara a Israel, el Estado judío estaría cumpliendo con la legalidad internacional, pues el derecho consuetudinario permite el control del material humanitario para comprobar que no se pone a disposición de la economía o los esfuerzos militares del enemigo, lo cual ha sucedido en numerosas ocasiones. Recordemos que, en febrero, Hamás se hizo con 14 camiones de la Cruz Roja repletos de ayuda humanitaria, y que en abril atacó un convoy de camiones que transportaban combustible para la UNRWA, la agencia de asistencia a los refugiados palestinos. "Hamás está destinando el combustible a los vehículos de sus líderes y fuerzas de seguridad", declaró entonces un palestino de Gaza al Jerusalem Post, mientras que un oficial palestino de Ramalá afirmó: "Hamás está robando o bloqueando la mayor parte de las provisiones de combustible".
 
Por todo ello, Israel no está incumpliendo con la ley internacional al reducir o interrumpir el suministro a la Franja.

La exigencia moral impuesta a Israel –objetivo de los cohetes Qassam que lanzan los terroristas desde Gaza– es, por lo demás, absurda. Ningún Estado debe procurar servicios o mercancías a una entidad agresora. Por otro lado, el pueblo palestino no puede pretender ser inmune a las consecuencias derivadas de las decisiones adoptadas por el Gobierno que ha elegido, menos aún cuando numerosas encuestas de opinión reflejan un apoyo sustantivo de los habitantes de la Franja a Hamás, algo que se condice con la atmósfera general: según una encuesta publicada este mes por la Universidad de Maryland y Zogby Internacional y efectuada entre unas 4.000 personas en Egipto, Jordania, Líbano, Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, la mayoría de los árabes prefiere a Hamás antes que a Al Fatah. Además, las manifestaciones en apoyo al terrorismo de Hamás dan cuenta de una población encantada con el asesinato de israelíes.
 
Terroristas de Hezbolá.Luego del atentado contra una yeshivá de Jerusalén el pasado marzo, las calles de Gaza se llenaron de palestinos alborozados (algunos hasta regalaron caramelos), mientras que otros fueron a dar gracias a las mezquitas. Lo mismo sucedió en febrero, luego de un atentado suicida perpetrado en Dimona: hubo conductores que hicieron sonar las bocinas de sus coches en señal de júbilo, y jóvenes que repartieron flores y golosinas. También se registraron expresiones públicas palestinas de apoyo a Hezbolá durante su última guerra contra Israel, así como a Sadam Husein cuando, en la primera Guerra del Golfo, lanzó 39 misiles Scud contra el Estado judío. Otro tanto ocurría durante la llamada Segunda Intifada cuando los grupos terroristas palestinos perpetraban atentados suicidas.
 
Así las cosas, resulta inadecuado cargar responsabilidad moral alguna a Israel por las necesidades humanitarias de un pueblo que exulta cuando se derrama sangre israelí.

Al centrar su atención en las infundadas exigencias morales y legales que se hacen a Israel, la comunidad internacional está pasando por alto la manera de proceder de Hamás, que busca acentuar la crisis humanitaria en Gaza para sacar tajada política. Hamás no sólo ha atacado camiones que llevaban alimentos y combustible a Gaza, es que ha llegado a atentar contra la terminal de Nahal Oz, de donde sale combustible para los palestinos. "Se hicieron con el control del combustible y dispararon contra la terminal para torpedear el suministro a la Franja", admitió en abril Mojahed Salam, titular de la agencia de combustible de la Autoridad Palestina. Al agudizar la crisis humanitaria, Hamás busca, cruelmente, aumentar la presión mundial sobre Israel.

Asistimos, pues, una vez más, a un clásico de clásicos en el conflicto palestino-israelí: a Israel se le acusa de cometer atropellos inexistentes, en tanto que al liderazgo palestino se le perdonan delitos que sí comete. La adjudicación de responsabilidad por la crisis humanitaria de Gaza es moralmente relevante y prácticamente útil, en tanto permitirá –al menos a quienes estén dispuestos a admitir la realidad– identificar sus causas verdaderas y poder remediarlas con efectividad.


JULIÁN SCHVINDLERMAN, autor de TIERRAS POR PAZ, TIERRAS POR GUERRA.
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