Menú
ORIENTE PRÓXIMO

Egipto, democracia y libertad económica

El más reciente brote de violencia en Egipto es un recordatorio de que el país norteafricano vive una turbulenta transición hacia la democracia.  

0

Es probable que el proceso de democratización que vive el mundo árabe desde que, hace ya más de un año, se inmoló el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi continúe, pero la experiencia de los países excomunistas nos dice que el crecimiento económico y las oportunidades a él aparejadas son tan importantes como la libertad política. Después de todo, Bouazizi no estaba reclamando su derecho al voto, sino su derecho a ganarse la vida sin injerencias del Estado.

Los acontecimientos que están teniendo lugar en los países árabes son tan extraordinarios –la caída de Ben Ali, Mubarak y Gadafi, las revueltas en Siria y Yemen, etc.–, que con facilidad se olvida que todo empezó con el suicidio de un vendedor ambulante humillado y ofendido por funcionarios del Estado. Como millones de jóvenes árabes, Bouazizi, de 26 años, no pudo encontrar un empleo formal, así que decidió entrar en el sector de la venta ambulante, donde fue presa de policías corruptos y burócratas abusivos, que de continuo le acosaban o le confiscaban la mercancía. Sin medios para sacar adelante a su familia, el frustrado Bouazizi acabó prendiéndose fuego frente a la oficina del gobernador. Al parecer, sus últimas palabras fueron: "¿Cómo quieren que me gane la vida?".

Las elecciones parlamentarias egipcias fueron una consecuencia directa de las protestas que se propagaron por todo el mundo árabe luego de la muerte de Bouazizi. Ahora bien, para devolver la dignidad al pueblo egipcio no basta con respetarle el derecho al voto; la historia demuestra que la libertad para poder sacar provecho de una economía en crecimiento es igual de importante.

Tras la caída del Muro de Berlín, los países de la Europa comunista siguieron rutas distintas hacia la libertad económica. La liberalización de la economía en Europa Central y los Estados del Báltico fue más profunda y veloz que en los demás dominios del imperio soviético. En líneas generales, los que menos tardaron en hacer reformas recibieron más inversión extranjera, crecieron más rápido, tuvieron menos inflación y una tasa de pobreza inferior, así como una distribución de los ingresos más equitativa. Igualmente, erigieron unas instituciones democráticas más fuertes. De hecho, todos ellos acabaron convirtiéndose en democracias liberales.

En cambio, los que procedieron a una reforma económica parcial, como Rusia y Ucrania, fracasaron a la hora de construir democracias plenas. La toma de decisiones en esos países fue copada por la oligarquía.

La junta militar que tomó el poder en Egipto a la caída de Mubarak no ha generado estabilidad política ni acometido reformas económicas. En el informe Doing Business (Hacer negocios) del Banco Mundial, Egipto ha caído del puesto 94 que ocupaba en 2010 hasta el 110 de 2011. En cuanto al crecimiento de su economía, ha pasado del 5,1 al 1%. La tasa de desempleo ha subido del 9 al 12%, y entre los jóvenes se ha mantenido en el 24%. Con la deuda nacional acercándose al 80% y un déficit presupuestario del 11%, la junta se está quedando sin tiempo ni espacio para maniobrar.

Lamentablemente, hay pocos indicios de que los grandes vencedores de las elecciones parlamentarias, la moderadamente islamista Hermandad Musulmana y los salafistas de Al Tour –que en total sumaron dos tercios de los votos y se encargarán de redactar la nueva Constitución–, entiendan la gravedad de la crisis económica del país o comprendan la importancia de la liberalización de la economía. La cuestión de la liberalización parece suscitar suspicacias, en buena medida debido a que las primeras reformas de la economía egipcia las acometió Murabak junto con la élite corrupta que le rodeaba. En lugar de un capitalismo competitivo generador de riqueza, los egipcios padecieron un capitalismo de amigachos.

Sería un error pensar que las reformas económicas pueden esperar a la resolución de los problemas políticos. Si la economía sigue estancada, los egipcios más preparados abandonarán el país y la pobreza no hará sino ganar terreno. Sólo una economía libre y pujante puede brindar a los egipcios empleos de calidad y conferirles la dignidad aparejada al hecho de poder dar sustento a la familia. Ésta es la verdadera lección que Egipto y los demás países árabes han de aprender de la muerte de Mohamed Bouazizi.

 

© El Cato

MARIAN L. TUPY, analista de Políticas Públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

0
comentarios