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COLOMBIA

La computadora perdida

La gloriosa Operación Fénix nos dejó muchas cosas buenas: previno graves e inminentes ataques armados contra el país, su gente y sus bienes; permitió la baja del más despreciable terrorista que habitaba el hemisferio occidental, aquel que se escondía bajo el nombre supuesto de Raúl Reyes; y, como si fuera poco, acabó con la farsa que mantenía vivo a Tirofijo, muerto mucho tiempo antes, con quien jugaban al espiritismo desde la computadora para impartir a su nombre órdenes, recibir preguntas, dirigir fuerzas, planear atentados.

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La computadora de Reyes es el más precioso documento jamás encontrado a un grupo terrorista. Todas sus intimidades, sus proyectos, sus contactos, sus crímenes, sus fuentes financieras y el destino de sus recursos estaban allí. Y es que Reyes mataba sus ocios escribiéndolo todo, y pretendía dirigir esa gigantesca empresa criminal sin que se le escapara un detalle. Para eso, nada mejor que una secretaria infatigable y una memoria inexhausta. Es decir, una computadora.
 
Por lo que hemos sabido, la computadora contiene todo lo que sobre nuestra tragedia y la del mundo pueda interesar. Primero, noticias sobre la manera como los presidentes vecinos se conectaban con aquellos malvados, en intercambio de inicuos favores, estableciendo así delictivas complicidades. Algo de eso fue lo que entregó el presidente Uribe al secretario general de la OEA, quien no tiene las menores ganas de darlo a la luz: es que todo el complot es del extremista Foro de São Paulo, al que pertenecen su propio país, la mayoría de quienes conforman la Asamblea General de la organización que lidera y Hugo Chávez, que financió con el petróleo de su pueblo la elección del propio señor Insulza.
 
El presidente Uribe y la Cancillería colombiana han distribuido entre los presidentes interesados lo que a ellos concierne. De otro modo dicho, sus propias indecencias. Nadie se confiesa cuando no está arrepentido, ni muestra sus flaquezas cuando intenta, desesperadamente, ocultarlas.
 
Como somos tan rigurosos, la copia íntegra de aquellas pruebas se puso en manos del fiscal general de la Nación. Como amarrar perros con longaniza. El fiscal tiene la experiencia de que allá en su despacho las pruebas importantes se extravían, como aquellos 36.000 cheques que un antecesor suyo se robó para que nunca los colombianos pudiéramos conocer y cerrar la horrenda historia de los políticos corruptos comprometidos con los cárteles de la droga.
 
El fiscal sigue la ronda y envía el precioso secreto a la Corte Suprema de Justicia, para lo suyo. Y lo suyo consiste, precisamente, en ocultar todo lo que a las FARC y a sus amigos se refiera. Para eso valdrá alguna máquina que destruya papeles incómodos o uno de esos expedientes madres, o alcantarilla, que la Corte usa cuando quiera que algo no se sepa. Como esto de lo que hablamos.
 
Así se cierra el círculo del silencio.
 
El mundo necesita la verdad. La crítica no puede vivir sin ella. Pero, por ejemplo, la academia, en punto a guerrilla, apenas adivina, cuando debiera saber. Y todos los que quieren la imagen veraz y plena de sus dirigentes navegan en el vacío.
 
La computadora de Reyes lo tiene todo, lo sabe todo, lo puede decir todo. Pero ese todo, que es la verdad, vale mejor para callada. Aunque se pierda nuestra voz en el vacío, exigimos que la computadora nos hable a todos. Sin limitaciones, restricciones ni entregas por dosis. ¿No era que sólo la verdad nos haría libres?
 
 
© AIPE
 
FERNANDO LONDOÑO HOYOS, abogado y economista, fue ministro de Interior y Justicia de Colombia.
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