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ESTADOS UNIDOS

La guerra del profesor

El presidente Obama está orgulloso de la forma en que ha montado la operación libia. Un modelo de cooperación internacional. Con todos los permisos necesarios, el respaldo de la Liga Árabe y una resolución del Consejo de Seguridad. Todo, sí; salvo la preceptiva autorización del Congreso, ese detallito sin importancia para el ciudadano del mundo. La libia es una guerra diseñada por un profesor de la Ivy League.

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Sí, tardó tres semanas en armarla, tiempo que aprovechó Muamar Gadafi para dejar de ser un criminal acosado y delirante (recuerde que hablaba de que los jóvenes manifestantes iban puestos de "alucinógenos") que perdía apoyos a marchas forzadas y convertirse en el tirano renacido que reorganizaba sus fuerzas, las ponía a las puertas de Bengasi y hacía decir al director de los servicios norteamericanos de inteligencia que su régimen acabaría sobreviviendo.

Bueno, a ver qué tal funciona este multilateralismo sobrado de papeles. La Liga Árabe ya está retrocediendo, criticando el uso de la fuerza que acaba de respaldar. Amro Musa, secretario general de la Liga Árabe, está en estado de shock, ¡en estado de shock!, tras saber que los ataques aliados están provocando muertes. A un comentarista le resultó difícilmente comprensible la reacción de Musa; igual es que nació ayer y por tanto no sabe que la Liga Árabe siempre ha sido una agrupación de cínicas dictaduras, muy poco de fiar. Una turba de hooligans británicos tiene más unidad y propósito moral. Con todo, Obama consideró un gran éxito diplomático el que la Liga se dignase permitir a los demás que lucharan y murieran por esa gente árabe por la que 19 de los 21 Estados árabes aún no han movido un dedo.

¿Y qué decir de la brillante resolución de las Naciones Unidas? El ruso Vladimir Putin anda diciendo públicamente que la operación libia es como una cruzada medieval. China pide un alto el fuego que minaría por completo los esfuerzos aliados, al dejar en el poder a Gadafi y a Libia, condenada a la guerra civil. Brasil se unió al llamado chino apenas unas horas después de que Obama pusiera fin a su visita adulatoria al país sudamericano. Otro éxito de la diplomacia personal del señor presidente.

¿Y qué hay de la OTAN? Veamos. A día de hoy, viernes 25, Gran Bretaña quiere que la operación esté encabezada por la Alianza Atlántica. Francia se opone enérgicamente, poniendo como excusa la sensibilidad árabe. Alemania no ha querido tener papel alguno, al punto de que ha retirado del Mediterráneo cuatro naves suyas que navegaban bajo pabellón de la OTAN. París y Berlín abandonaron la reunión que la Alianza celebró el lunes, mientras Noruega, que tenía aviones destacados en Creta, se negaba a dejarles despegar hasta tener alguna idea de quién demonios dirigía la operación. En cuanto a Turquía –cuyo primer ministro aceptó con todo orgullo hace cuatro meses el Premio Internacional Gadafi a los Derechos Humanos–, se ha mostrado especialmente reluctante desde el principio.

Por lo que hace a los Estados Unidos... Dios sabrá cuál es la política de los Estados Unidos. Hay funcionarios que insisten en que no estamos tratando de deponer a Gadafi mientras es el propio presidente el que insiste en que Gadafi se tiene que marchar. Ciertamente, Obama agregó el martes: "A menos que cambie su enfoque". Ahora lo llaman enfoque.

En cualquier caso, Obama ha antepuesto las apariencias diplomáticas a los objetivos militares. El presidente está obsesionado con fingir que la operación no la estamos dirigiendo nosotros, lo que no deja de ser un ejemplo que mueve a la consternación de la imagen que tiene Obama de su país: estamos tan marcados por nuestros múltiples pecados, que carecemos de legitimidad moral para... ¿para qué? ¿Para salvar a un pueblo del Tercer Mundo de ser víctima de una matanza formidable?

Obama parece igualmente obsesionado con pasar la batuta a otras manos. ¿A quién? ¿A la OTAN? Enfangada en el rechazo turco a la operación, la Alianza Atlántica no puede ponerse de acuerdo en asumir el mando de la campaña de bombardeos, que es lo que ha mantenido con vida a los rebeldes libios.

Esta confusión es fruto de la decisión de Obama de llevar América a la guerra para, acto seguido, renunciar al mando de la guerra. Jamás humilde cuando se trata de su persona, cuando se trata de su país lo es en grado sumo. América debe ser, simplemente, "uno de tantos socios", decía el lunes. Ni primus inter ni cosa que se le parezca. Hasta la Administración Clinton hablaba de América como la nación indispensable. Y lo sigue siendo. Pero justo cuando el mundo entero arde de impaciencia por que América lidere –nadie se nos acerca siquiera en términos de capacidad, experiencia y recursos–, resulta que América está liderada por un caballero decidido a que América no lidere.

He aquí un presidente que lanza una guerra de la que quiere quitarse de en medio cuanto antes. ¡Buen Dios! Si uno va a tomar Viena, toma Viena. Pero si no está dispuesto a hacerlo, lo mejor es que se quede en su casa y no haga nada de nada.

 

© The Washington Post Writers Group

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