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ARGENTINA

No tener miedo al chantaje

Uno no quiere que lo confundan con las señoras de Barrio Norte que despotrican contra Cristina. Uno se sabe vulnerable a que lo señalen como "gorila" u "oligarca". Demasiados años de demonización de lo no peronista como "antipatria" han calado hondo en nuestra cultura política.

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Se admite el no peronismo de izquierda, pero nunca el de centro, el demócrata liberal. Todos los demócratas liberales, por definición, somos servidores de la Sociedad Rural, Clarín o el Imperialismo.

Me defino como demócrata liberal porque es la combinación de Democracia y República lo que funda un orden liberador. Democracia sin Republica, o sea el gobierno de las mayorías sin respeto a las minorías y sin límites al Poder, desemboca en las siniestras democracias populares estalinistas. República sin Democracia desemboca en el despotismo ilustrado de una elite.

Este Gobierno bordea la democracia popular estalinista. Desembarazado de los elementos conservadores del peronismo originario, se lanza con alegría infantil y suicida a emular a Venezuela o a Cuba, como si esos modelos superaran la eficiencia y el progreso logrado por la democracia liberal chilena, que en veinte años bajó la pobreza del 40 al 16%, redujo los homicidios a menos de 2 por 100.000, aumentó extraordinariamente las matriculaciones universitarias y exporta diez veces más que en 1990.

Cristina Kirchner.Ese modelo cercano, tan aplicable en la realidad latinoamericana, es ignorado. Los primeros culpables de eso fueron los propios presidentes chilenos de origen socialista, que siempre parecieron vivir con culpa su adscripción al mercado libre. Bachelet corriendo a saludar al líder cubano fue un ejemplo penoso de esa bajeza intelectual. En vez de reflexionar teóricamente, de discutir con los gurkas cubanos y venezolanos sobre el absurdo del Socialismo del Siglo XXI, se encerraron en una práctica sin teoría y perdieron toda posibilidad de influir en el debate latinoamericano. Sería buena cosa que Ricardo Lagos encabezase un debate a fondo sobre el futuro de nuestra región.

Pero, a falta de reflexiones teóricas de los que produjeron el milagro chileno, tenemos que arreglárnoslas solos contra el Pensamiento Único que el otro día premió a Hugo Chávez en La Plata. Un bochorno similar al del 2005, cuando el venezolano fue alentado por Kirchner a provocar a Bush, presente en la Cumbre de las Américas.

El Gobierno, como ha comentado un periodista, despliega con impunidad sus errores, sus excesos, sus locuras, porque es el dueño de la escena pública. Es tal la ausencia de pensamiento alternativo, que se cree con derecho a premiar a Chávez como apóstol de la comunicación; a bloquear Clarín con el pretexto de un conflicto gremial; a multar a las consultoras que publican índices de precios distintos a los del Indec con una norma estalinista como la vieja y casi olvidada Ley de Abastecimiento; a arreglar con Moyano cediendo a lo que pide el sindicalista; a saludar a D'Elia en su acto, con el invitado de honor, el embajador de Irán –la República Islámica Lapidadora de Adúlteras–; a defender a Gadafi junto a su amigo Chávez; a negociar con Irán el olvido de la causa Amia; a anunciar más controles a empresas aplicando la mentada Ley de Abastecimiento, etc.

No soy una vecina de Barrio Norte. Pero creo que entre el fascismoestalinismo y este Gobierno hay solo una cuestión de grado. Ya lo dijo su gurka máxima, Diana Conti: ella "nada" tiene contra Stalin.

No hay que temer al chantaje de que se nos acuse de "gorilas"; no estoy dispuesto a callarme por ese miedo.

 

ESTEBAN LIJALAD, consultor independiente.

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