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FRANCIA

¿Qué Parlamento tendrá Hollande?

Después de elegir a su presidente, los franceses tienen que elegir el Parlamento con el que éste gobernará durante los cinco próximos años. La izquierda está crecida y el centro-derecha hundido, pero existe la posibilidad de que el Frente Nacional vuelva a la Asamblea. La siguiente pregunta es si Hollande tendrá mayoría parlamentaria.  

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Sí, el socialista François Hollande, Monsieur Flanby, es el nuevo presidente de Francia, pero las elecciones no han acabado. Los días 10 y 17 de junio los franceses elegirán en doble vuelta (son los únicos europeos que lo hacen así) a los miembros de su Asamblea. Si repitiese éxito, por primera vez en la V República la jefatura del Estado y las dos cámaras del Parlamento estarían controladas por la izquierda.

La Asamblea Nacional la forman 577 diputados, elegidos en circunscripciones uninominales. En la primera vuelta obtienen escaño quienes obtengan más de la mitad de los votos. Si no lo hace ninguno, a la segunda pasan los que hayan conseguido más de un 12,5% de las papeletas. Este sistema, que mantiene la doble vuelta parlamentaria, desaparecida en Europa entre las dos guerras mundiales, lo reintrodujo en 1958 el Gobierno de concentración (conservadores, gaullistas, socialistas, radicales y demócrata-cristianos) de Charles de Gaulle. Los motivos fueron dos: consolidar el partido gaullista (primero la UNR y luego la UDR) y quitar representación parlamentaria al PCF, entonces la segunda formación más votada. La segunda vuelta permitía alianzas y renuncias entre los partidos del sistema contra los comunistas. Los más interesados en ahogar al PCF eran los socialistas de la SFIO, encabezados por François Mitterrand.

Sarkozy perdió el Senado

El Senado mantiene su carácter de Cámara Alta, en cuya elección los ciudadanos no participan. Los senadores son elegidos por unos electores especiales (diputados, consejeros regionales y provinciales, alcaldes y concejales). En septiembre de 2011 hubo elecciones parciales para renovar 170 escaños y los vencedores fueron los socialistas, de manera que por primera vez desde 1958 se ha producido la alternancia y la izquierda controlará esa instancia.

Desde la III República, instaurada en los años 70 del siglo XIX, la Asamblea y la Presidencia han tenido distintos mandatos: la primera de cinco años de duración y la segunda de siete. En 2000 se realizó una reforma constitucional, acordada entre el centro-derecha y la izquierda, por la que el septenio presidencial se redujo a quinquenio; además, para evitar las cohabitaciones, es decir, la convivencia de un presidente y un Parlamento de distintos signos políticos, se han acercado las fechas de ambos comicios, los primeros de los cuales son los presidenciales. Esta reforma, propuesta por el primer ministro socialista Lionel Jospin, se aprobó mediante referéndum por decisión del entonces presidente Jacques Chirac, que alegó que optaba por esa vía porque afectaba a una institución clave del régimen constitucional. Votó sólo un 30% del electorado, la cifra más baja registrada en la V República. Chirac se desempeñó como presidente por espacio de dos mandatos, al igual que Mitterrand, si bien los del primero fueron de distinta duración: el primero (1995-2002) de siete años y el segundo (2002-2007) de cinco.

El presidente dispone de la facultad de disolver la Asamblea prácticamente en cualquier momento, cosa que hicieron De Gaulle, Mitterrand y Chirac, con consecuencias diversas: los dos primeros obtuvieron Parlamentos con mayorías adictas, mientras que el último se encontró con una mayoría de izquierdas, con la que tuvo que cohabitar. La coincidencia de mandatos puede hacer que el derecho de disolución presidencial decaiga por falta de uso. La elección del presidente suele tener un efecto de arrastre en las elecciones legislativas y beneficiar a sus candidatos; si aquél dispone de un Parlamento fiel a su política durante el tiempo de su Presidencia, ¿para qué va a disolverlo?

La doble vuelta en la Asamblea

En los años 60 y 70 la segunda vuelta sirvió para reducir la influencia del PCF y dar la primacía en la izquierda a los socialistas. Hasta que Mitterrand propuso la unidad de la izquierda para alcanzar el poder: entonces se fraguó una alianza por la que los socialistas regalaban a los comunistas unas docenas de escaños para que éstos pudieran hacerse con unas subvenciones y cuotas que, por su minúsculo porcentaje de votos (un 4% en la primera vuelta de 2007), no podrían alcanzar.

Sin embargo, desde los años 80, cuando Mitterrand introdujo al Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen en la política nacional para debilitar al centro-derecha, la segunda vuelta ha servido para excluir al FN, precisamente, mediante acuerdos entre los demás partidos. En las circunscripciones en las que el candidato del FN pasaba a la segunda vuelta solía retirarse el candidato de la izquierda o del centro-derecha para beneficiar al restante. El FN sólo dispuso de grupo parlamentario en la breve legislatura de 1986 a 1988, cuando las legislativas se celebraron con un sistema electoral proporcional a una vuelta, introducido por la izquierda: obtuvo 35 diputados. Cuando el centro-derecha dispuso de mayoría, reintrodujo el sistema tradicional.

Debido a este aislamiento, el FN obtenía menos votos en las legislativas que en las presidenciales y las europeas. Así las cosas, el FN ha podido presentarse como víctima de un "pacto oligárquico" entre los partidos del sistema para "impedir la renovación" de la clase política y la entrada en la Asamblea de una "voz libre".

"Antes un facha que un rojo"

En las elecciones legislativas de 1997, 134 candidatos del FN pasaron a la segunda vuelta; en las de 2002 fueron 37, y en las de 2007 sólo uno. Después del éxito de Marine Le Pen en la primera vuelta, con 6,4 millones de votos, un número mayor que el cosechado por su padre en 2002 (4,8 millones en la primera vuelta y 5,2 en la segunda), la renovada formación espera mantener los electores de abril y colocar más de un centenar de candidatos a la segunda ronda. La extrema derecha quiere el hundimiento de la Unión por un Movimiento Popular tras la derrota de Sarkozy y que muchos de los votantes de ésta depositen su confianza en ella antes que en un socialista o incluso en un comunista.

Además, en esta ocasión a Le Pen le beneficiarán dos factores: 1) el electorado de centro-derecha no tiene en mente dar una mayoría a un presidente de su misma cuerda ideológica, sino, más bien al contrario, limitar el poder de un socialista; 2) el anuncio –y en principio la aplicación– por parte de Hollande de medidas económicas y sociales claramente de izquierdas para mantener unidos a los izquierdistas que le han votado. En esta situación, los llamamientos de los dirigentes de la UMP a no votar al FN pueden caer en saco roto, sobre todo cuando ya hay un Zapatero en el Elíseo.

La pesadilla de Hollande es encontrarse con una Asamblea en que la izquierda no tenga mayoría. Ocurriría así si la UMP y el FN se aliasen. Ése sería el sueño de Marine Le Pen, pero para la UMP podría ser una sentencia de muerte. A Le Pen le bastaría con ganar una veintena de escaños en segunda vuelta para presentarse como vencedora en la pugna por el control de la derecha política; para la UMP, una derrota frente a la unión de la izquierda y la irrupción del FN a su derecha le supondría el emparedamiento entre dos rivales listos para trocearla.

Pese a la campaña de la izquierda española para convencernos de que Francia es de izquierdas, la realidad es que la V República viene siendo un régimen de derechas y de centro-derecha. De las trece elecciones legislativas celebradas desde 1958, la izquierda sólo ha ganado tres (1981, 1988 y 1997), cuyas legislaturas suman diez años de cincuenta y cuatro; y de las nueve elecciones presidenciales sólo ha ganado tres. El resultado de las legislativas no está cantado, y a los franceses, como ya hemos contado aquí, les encanta agitar el árbol.

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