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Federico Jiménez Losantos

El eterno retorno de las mismas

La parálisis marianil nos llevará a jugarnos en las urnas la Nación y la Libertad. Todo, porque Rajoy es incapaz de prescindir de dos mujeres.

Federico Jiménez Losantos
La parálisis marianil nos llevará a jugarnos en las urnas la Nación y la Libertad. Todo, porque Rajoy es incapaz de prescindir de dos mujeres.
Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal | EFE

Como si no hubiera pasado nada, a sólo una semana de que se forme Gobierno, aunque sea de saldo y en la prórroga, el gran problema político español es cómo colocar a Soraya y Cospedal, las niñas ashishinas de Rajoy, sin alterar el frágil equilibrio de sus indecisiones, esa especie de saltimbanquismo hecho de dilación y aprensión que ha llevado a la parálisis a su partido, a su Gobierno y a las instituciones.

Se supone que para el 31 tendremos oficialmente Gobierno, aunque no nuevo, porque será de Él y Las de siempre. Nacerá de la más tremebunda zaragata parlamentaria y antiparlamentaria de historia de la democracia desde que existe con ciertas garantías, es decir, desde 1977. Antes, desde 1812, hemos tenido casi dos siglos de parlamentarismo intermitente, unas veces heroico y otras ramplón -como en todos los grandes países europeos-, cada vez más representativo o democrático pero no por ello más estable y mejor garante de las libertades ciudadanas. Pero desde Fernando VII hasta las cuatro encarnaciones del PSOE –Iglesias I, Largo Caballero, González y Zapatero- siempre ha habido partidos que abrazaban la Constitución, es decir, la limitación del Poder, cuando les convenía y la derribaban cuando les estorbaba; siempre ha habido fuerzas o bandos oscilando entre defender la Nación o trocearla, entre apoyar el régimen constitucional o derribarlo.

Y en medio, oscilando con las oscilaciones, bandeándose entre los bandos, siempre ha habido una parte de la clase política y de la sociedad española incolora e insípida aunque no inodora, porque la cobardía huele siempre mal. Y desde Casares Quiroga, nadie representa mejor que Rajoy esa forma de estar en el Gobierno sin serlo del todo, de disfrutar con el aplazamiento de las decisiones, de dejar en manos del reloj y de los otros lo que, en el ejercicio de su responsabilidad, corresponde al Poder Político.

Soraya y/o Cospedal, las dos nadas de Rajoy

En Mariano, su dilación constitutiva se organiza como perplejidad ante dos diminutas ferocidades, como denominó Miguel Hernández a los dientes de leche, en este caso una ferocidad más diminuta que la otra pero ambas protosucesoras de Galaicolmillo Retorcido, que habita el espacio de una cohabitación imposible. Para no decidir, Mariano instaló su brumoso disfrute de la nada entre dos nadiseres, o nadiseras, para las que Iriarte fabuló su equívoca definición de la ardilla: "Yo soy viva / soy activa / me meneo, / me paseo, /yo trabajo, / subo y bajo, /no me estoy quieta / jamás."

¿A quién conviene más la definición ardillesca? Diríase que a Soraya por lo menuda, hiperactiva y acaparadora de bellotas (CNI, PRISA3Sexta); pero tampoco se está quieta Cospedal, de quien cuenta Pablo Montesinos que ya no se conforma con entrar en el Gobierno de cualquier manera o en cualquier cartera. Una será mucha ardilla pero la otra es muchísima mujer. Y entrambas gobiernan el horizonte político rajoyil, que no gubernamental.

De tres soluciones a los dos problemas

Porque antes de que el PSOE se lanzara en tromba a evitar el pactado Gobierno Ijeta (así llaman en San Telmo al Gobierno PSOE-Podemos-ERC auspiciado por la traviesa ardilla catalana), tres mujeres se perfilaban para los cargos decisivos en un Gobierno que deberá pactarlo todo con el PSOE y Ciudadanos: Ana Pastor, Fátima Báñez y García Tejerina. A las tres se les reconoce capacidad, experiencia y discreción, las tres cualidades para un Ejecutivo que debe dejar que parezca que ejecutan otros o ser ejecutado.

Pues bien, de las tres meritorias aspirantes a removerlo todo en un partido y un Gobierno paralíticos hemos pasado a las dos expertas en que no se mueva nada. A Pastor, favorita antes de Feijoo para una Presidencia del PP sin Rajoy o una Vicepresidencia Política para liquidar el sorayismo y las cloacas, la ha colocado Rajoy de "torcuata" en la Presidencia del Parlamento, un puesto clave, como demostró Torcuato Fernández Miranda en la Transición, para un cambio en profundidad "de la ley a la ley", nunca de continuidad. Báñez presentó esta semana en los encuentros de El Mundo su candidatura para la tarea más importante que debería acometer este o cualquier otro Gobierno: la reforma del sistema de Pensiones. Ese plan, que empezaría por el 100% de pensión para los jubilados que hayan cotizado, sin depender de la edad o del estado del Presupuesto, debe ir facilitando el cambio a un régimen de pensión-ahorro que sea propiedad del trabajador que cotiza, no del Estado. Y para eso es preciso un acuerdo PP-PSOE-C´s .

Es un momento perfecto para intentarlo, siempre que la persona que lo intente no exhiba ínfulas presidenciales. O sea, ni Soraya ni Cospedal. ¿Pero permitirá La Letal Pareja que se perfile como figura de consenso –o sea, de reemplazo- cualquier ministra del PP? Rigurosamente imposible. Si ambas están en el Gobierno y en el Parlamento, la tarea básica del PP será equilibrar el bando sorayesco y la mesnada cospedalina. Este PP no da para más. Y el resultado, dado el acreditado dinamismo de Rajoy, sólo puede ser la parálisis en un Gobierno fatalmente sietemesino, el caos en las Cortes, la violencia en las teles y/o las calles y nuevas Elecciones Generales en Junio.

Des-sorayización y des-cospedalización

El problema del PP es que carece de programa de Gobierno y hace mucho tiempo que prescindió de un marco ideológico en el partido. Si el PP tuviera enfrente a un partido con un programa político claro y con el que debiera pactar, nada le resultaría más grato que seguirlo. Por desgracia, ni el PSOE, habitante del caos, ni Ciudadanos, que se está diluyendo en una mezcla de maricomplejinismo y pijoapartismo, de izquierdismo por el qué dirán y de fascinación provinciana por los oropeles de la Villa y Corte, presentan un plan claro de Gobierno.

Es verdad que los seis puntos -las 100 o 150 o 150.000 medidas de Gobierno son alarde de párvulos- que Rivera hizo firmar a Rajoy son base suficiente para acometer un programa de reformas serio. Sin embargo, su piedra angular es la lucha contra la corrupción institucional, que pasa por la despolitización de la justicia y la desratización de las cloacas policiales. Es decir, la des-sorayización del Gobierno, el CNI, Interior y las televisiones. Si la Vicepresidenta no renuncia a su inmenso poder, no hay regeneración posible en el Gobierno. Y si el partido no hace ese congreso –con dos años de retraso- y se des-cospedaliza, no se democratizará. Y si no cambian el Gobierno ni el PP, nada puede cambiar. La parálisis marianil nos llevará de nuevo a jugarnos en las urnas la Nación y la Libertad. Todo, porque Rajoy es incapaz de prescindir de dos mujeres, ninguna de las cuales es la suya.

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