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CRÓNICA NEGRA

Cocaína lista para llevar

Sólo en una sociedad que no considera peligrosa la droga más peligrosa puede darse el establecimiento de un servicio a domicilio donde los camellos te llevan la dosis a casa con un pequeño suplemento.

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Esta clase dominante que persigue el tabaco hasta criminalizar al fumador ha hecho del cocainómano un consumidor glotón y acomodado. Conozco fumadores que jamás habrían caído en el vicio si tuvieran que comprarlo en el hipermercado de la guarrería, entre el barro, los yonquis y los guardias. Antes preferirían dejar de echar humo.

Con el mismo síndrome, los cocainómanos han encontrado una fórmula de abastecimiento urgente gracias al sentido comercial de Pepe, el Gordo, que tenía a media familia repartiendo la merca y la previsión de tratar directamente con los colombianos. Lo tenían tan bien montado que aparcaban coches como almacenes a la puerta de las mejores discotecas o en los barrios madrileños de más tronío, como el de Salamanca. Prácticamente cuando la famosa de turno, el abogado o el médico, el empresario o el periodista echaban mano del teléfono móvil, ya estaba la entrega dispuesta. La rapidez como bandera.

La sociedad española del siglo XXI se ha acostumbrado a la nieve en pleno julio, de ahí que reclame un sistema de abastecimiento permanente para los que no pueden esperar. ¿O sería mejor decir para los que no pueden perder tiempo? El promotor de este negocio de teleasistencia, como el de algunos restaurantes chinos o pizzerías, exigía una enorme profesionalidad: los que repartían no la cataban.

Por cierto, que todo se descubrió al indagar en la muerte de Catalin Stefan, Cata, de treinta años, el rumano al que ultimaron a las puertas de la discoteca Heaven, en la madrileña Plaza de Isabel II. El agresor, llamado el Cuchillos, en la huida se llevó con su coche por delante a un joven de la familia Rojas Marcos.

Así están las cosas. Las bandas pelean por el espacio y en sus batallas liquidan tanto a inocentes como a culpables. En esos enfrentamientos caen los grandes traficantes y los repartidores. El único que se salva es el cliente, que seguramente encontrará otro camello volador que le traiga el producto recién cortado sin experiencias desagradables. La policía se ha llevado a éstos al trullo, donde estarán a pan y agua, pero los consumidores encontrarán otros. Que nadie se engañe: descubierto el nicho, siempre habrá quien se encargue de explotarlo.

Los camellos saben ser amigos del alma, paño de lágrimas, enemigos del dolor y la ansiedad. La dama blanca es reina en mil narices, chatas y operadas, grandes y saludables, de ave de rapiña, de gorrones y golondrinas, ilustradas, protuberantes. Orondas, rotundas, horadadas. De tabiques macilentos, rascados, con el cartílago carcomido, débil y rebajado.

La coca se enseñorea de estos tiempos en que los tele-camellos la llevan a cualquier sitio. Si se acaba el combustible, basta con llamar a tipos como Pepe el Gordo. Tiene narices.
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