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CRÓNICA NEGRA

El PNV y los pederastas

Cuando más fuerte era el clamor contra los que abusan de los niños, una mano no identificada del PNV, partido de don Emilio Olabarría, causando un gran disgusto a este diputado introdujo un párrafo en la enmienda a la totalidad a la reforma del Código Penal que su grupo presentó hace unos días a favor de "no penar la posesión de pornografía infantil con fines privados".

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Esto que leo con seguridad en El Mundo pasa de tapadillo, sin apenas comentario; entre otras cosas porque la propuesta duró unas horas y fue retirada con discreción. Pero sirvió para que algunos se escandalizaran y acusaran a los del PNV de doble moral. El nivel de indignación y sorpresa no desciende incluso con la mencionada rectificación.

He aquí el párrafo del pecado: "En los delitos sexuales resulta discutible criminalizar la posesión de pornografía infantil con fines privados que no responden a lesividad alguna y sí a un uso moralista del derecho penal". ¿Qué intenta el redactor de esta propuesta? ¿Congraciarse con los pederastas? ¿Hacer más difícil la lucha contra el acoso sexual? ¿Cosechar votos a sabiendas de que los pervertidos son gente de poder y dinero? A estas alturas es difícil que nadie pueda creer que un partido político hace algo a humo de pajas, sin ningún interés o por mera filantropía. Lo más fácil es aceptar que lo hace porque busca algún beneficio: una mejora en la cosecha de votos, ganar simpatizantes, adoptar un nuevo aire... ¿Busca el PNV el perfil pederasta en sus nuevos votantes? Y si lo hace, ¿con qué intención?

Pero también puede tratarse de un error: a veces en los partidos se cuela gente sin preparación, analfabetos funcionales que medran. Esta ligereza criminal podría deberse a pura ignorancia.

En cualquier caso, vayamos por partes. ¿Qué es eso de la pornografía infantil? A lo peor hay quien piensa en imágenes idílicas de adolescentes desnudos corriendo por la playa o niños con el culito al aire sobre la arena. Las fotos que ha capturado la Guardia Civil son de una dureza temible, que ha hecho llorar e incluso vomitar a más de uno. Bebés sodomizados por adultos, penetrados por todo tipo de juguetes sexuales, forzados a indescriptibles prácticas aberrantes. Ted Bundy, el célebre asesino en serie, confesó que gran parte de su impulso criminal le venía de la pornografía. Es decir, que aquí, y según los mejores expertos, no hay nada inocente.

¿Y eso otro de "fines privados"? ¿Qué querrán decir los finos juristas? ¿Acaso puede haber otros "fines privados" de la pornografía infantil que el goce y la masturbación? ¿Tal vez la lujuria y la concupiscencia con los más débiles?

Poco a poco, desmontando el cinismo del párrafo, quizá mal traducido, fruto de un español chapurreado, lo cual es culpa de los señores diputados, que deberían contratar solo asesores que dominen la lengua, añado: escrita, llegamos al acabose, esa parte de la frase que le deja a uno patidifuso: "(...) que no responden a lesividad alguna". Igual que en todo el mundo produce rechazo la explotación de la infancia por la fabricación de zapatillas de marca, la utilización de niños para fabricar pornografía infantil produce traumas y daños irreparables, de los que mejor se informan con el peritaje de un buen psicólogo o en secreto de confesión. Aunque está al alcance de cualquiera darse cuenta de la "lesividad" evidente que supone utilizar los cuerpecitos de los pequeños para la propia lujuria, así como para convertirla en mercancía que puede ser almacenada de forma que, como dicen estos políticos aldeanos, "resulte discutible criminalizar".

Evidentemente, sin la demanda de esos a los que el PNV desea dejar sin castigo, esto es, todos los pederastas del territorio –la ONG Save the Children dice que hay 35.000: ¿votantes potenciales del PNV?–, que viajan cada año al extranjero para hacer turismo sexual con niños, y entre los que seguro están los capturados en las muchas redadas de la policía; sin la demanda de semejantes individuos descendería bruscamente la fabricación de pornografía infantil. O sea, que fíjense si se produce "lesividad", corrupción y toda clase de delitos repugnantes poniendo a salvo a quienes "únicamente" almacenan el producto que otros fabrican humillando y violando a niños.

Hasta hace poco, una década antes de que el PNV corriera peligro, por sus deslices, de transformarse en el PENEuve, la pornografía infantil no se hacía con niños españoles. Luego llegaron Nanysex y su banda, unos ingenieros informáticos que se ofrecían como canguros y aprovechaban, cuando se quedaban solos con los pequeños, para grabar videos guarros. Ahora ya es relativamente frecuente encontrar entre imágenes de uso "con fines privados" productos en los que se sacrifica a chavales de aquí. Hace sólo unas horas se ha localizado en Guatemala a un pederasta español que trabajaba como maestro en una ONG dedicada a niños huérfanos; se le acusa de distribuir imágenes en Internet. Según la bondadosa intención legislativa de los peneuvistas, habría que dejarle en libertad, dado que no sería posible capturarlo in fraganti, aunque sí cargado hasta los topes de mercancía.

Lo miren como lo miren, señores diputados, una foto que recoja un acto de pornografía protagonizado por niños es siempre una prueba de un repugnante delito.
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