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CHUECADILLY CIRCUS

Homophobic Caesar

¡Conozca toda la verdad sobre el zampamaricas más peligroso del orbe, el enemigo número uno de la diversidad, la tolerancia y el diálogo! Con el patrocinio del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, el Sóviet Supremo de la Confederación Mariprogre Ibérica y un par de peperos en trámites de divorcio, UMAP Films (entidad socialista mantenida por la Agencia Española de Cooperación) presenta... Homophobic Caesar. ¡Cuidado, mucho cuidado! La bestia anda suelta. Próximamente, en las aulas de toda España y en su declaración de hacienda.

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Con lo que algunos hemos criticado a las marirrojis por sinvergüenzas, chupópteras e impostoras, y hasta la fecha sólo hemos cosechado un par de amenazas del sector rosa de la izquierda abertzale... Bueno, ya se sabe que los ultrajes son patrimonio de soberbios, y que la venganza acecha como el león. Peor para ellas.
 
A estas alturas, casi resulta ocioso recordar que si de algo carece la izquierda es de sentido del humor. Aunque hay algunos casos que, más que indignación, producen pena. Que te expulsen del Movimiento Comunista o de la Liga Comunista Revolucionaria al grito de "¡Maricones al paredón!" debe de ser muy duro. Si te van los curas hasta el punto de poseer una magnífica colección de sotanas en casa por eso de calentar el ambiente –el último que la vio todavía está corriendo–, comprendo que tu vida sea un triste valle de lágrimas. Pero sin duda lo peor es que te digan que el paisaje lunar de tu cara no se arregla ni con ácido sulfúrico. Comprendo tu pesar, compañero.
 
Bromas aparte, la penúltima campaña de los cachorros –sarnosos, añadiría algún faltón– de Miquel Iceta (ya le vale) y Jordi Petit contra la COPE pasa de castaño oscuro. Páginas web islamistas repletas de llamadas al exterminio de los gays, grupúsculos ultraderechistas plagiando el discurso homófobo del mismísimo Ahmadineyad, oleadad de agresiones contra homosexuales en el barrio de Chueca cada dos por tres..., pero aquí toda la leña se la lleva el gordo.
 
Raúl Castro.Eso, por no reiterar lo de Moratinos y su troupe en Córdoba –¿Discriminación en el islam? No me hagas reír: yo ligo muchísimo en Marruecos– y el gran encuentro frustrado en la cumbre entre Z y el genocida Raúl Castro, alias la China o la Mantis Religiosa (el galán que salía de su cama no vivía para contarlo). Al final el cubano le dio plantón; pero no se preocupen: habrá más. Si en eso consiste la nueva sociedad gay, yo me acojo a la jurisprudencia del tribunal de Nüremberg, no vaya a ser que algún miembro de la pink swastika se ponga a romper cristales.
 
Permítanme un ejemplo: que un patán haga una película pésima, Clandestinos, en la que se banaliza el terrorismo de ETA, es algo que pertenece al ámbito de la libertad de expresión. Pero que la Fundación Triángulo exhiba la cinta en su Festival de Cine Lésbico y Gai por el simple hecho de que el protagonista se convierte en kaleborrokero después de acostarse con un etarra es una salvajada (será que, como en Texas, everything is bigger in Euskadi).
 
Peor que el mal gusto de los programadores del certamen fue la reacción de parte del público: sonoros aplausos cuando, al grito de "Gora ETA" o algo así, un morito acciona el detonador de una bomba puesta a los pies de la bandera de España que ondea en los Jardines del Descubrimiento de Madrid (algunos celebraron la caída de la enseña nacional con más regocijo que si Pepiño Blanco les hubiera metido mano). El tiro que una miembro del comando Madrid descerraja al guardia civil también contó con la aprobación de parte de la audiencia. Supongo que para ellos el único picoleto que se salva es el torturador Enrique Dorado Villalobos. Más de una mariprogre, descerebrada a golpe de piercing, popper y ketamina, pasaría sus noches soñando con cal viva.
 
Qué quieren que les diga: por muy bueno que esté y muy gay que sea, a mí el ex guardia me parece un criminal, y lo único que siento es que aquí no haya cadena perpetua. Pero claro, si esto lo dice un heterosexual, entonces hay que enviarlo a chirona o desterrarlo, como a Jovellanos. ¿Dónde hay que firmar para autoinculparse? Bermejinsky, vien ici!
 
Menos mal que después me fui a ver Persépolis, una obra de arte, con el talentoso cineasta uruguayo Álvaro Brechner, autor de varios docus y cortometrajes maravillosos (en estos momentos trabaja en su primer largo), y la actriz y guionista vitoriana, y rubia natural, Anouk Ogueta. Donde haya un hetero inteligente y cosmopolita, que se quiten las marigetafeñas. ¡Qué repelús!
 
Pero volvamos a lo peorcito del LesGaiCineMad, que se clausura este domingo en el Ateneo Cultural Primero de Mayo de CCOO. Además de la bazofia clandestina subvencionada por la Junta de Andalucía y la Comunidad de Castilla La-Mancha, entre los mayores disparates del certamen se cuentan alguna comedia picante sólo apta para tarados y el típico documental a la mayor gloria de la Revolussión cubana. El "todos se han expresado con libertad y sabiendo que sus opiniones iban a ser difundidas" del final de la ofrenda, mezcla de cursilada y propaganda barata, fue para echarse a llorar. Y no crean que la directora lo decía con ironía. Alguien debería regalarle lo último de Ussía.
 
También ha habido algunas películas excelentes, como Un amour a taire (Francia), una trágica historia en el París ocupado durante la Segunda Guerra Mundial. Un chico esconde a su novia judía de la adolescencia en casa de su novio. Los celos de su hermano, un golferas dedicado al expolio de las propiedades de los judíos deportados, llevan al protagonista a un campo de reeducación para asociales del Reich –nada nuevo bajo el sol del Caribe–. El resto se lo pueden imaginar: los horrores del totalitarismo, los dilemas de la supervivencia en tiempos de guerra, colaboracionismo, amor..., todo ello presentado de forma realista, cruda y sin concesiones, y con unas interpretaciones más que correctas.
 
Out at the Wedding (EEUU) es una deliciosa comedia de enredo cuyo guión es digno de las mejores obras de Oscar Wilde, aunque el final carece de la hondura y la inteligencia típicas del genio irlandés. Quien esté libre de prejuicios, que tire la primera piedra: ésta es la moraleja de una desternillante historia de celos, incomprensiones y mentiras piadosas protagonizada por dos excelentes actrices que interpretan a sendas hermanas separadas por algo más que la edad, la distancia y la talla de la cintura. Hay vida más allá de Manhattan.
 
Rape for Who I Am decepcionará a los que han hecho del Congreso Nacional Africano su modelo de social-tercermundismo. Sólo basta recordar las miles de muertes que ocasionó el "Aquí no hay SIDA" proferido por uno de sus líderes. Cuando cayó en la cuenta, organizó un congreso mundial sobre la enfermedad sin que ninguna mariprogre le afease su conducta. Homophobic Caesar sí lo hizo; aunque, como dicen los sufíes: "Para el perceptivo, un signo es suficiente; para el tonto, mil explicaciones no bastan".
 
A lo que iba: este documental denuncia la situación de múltiple discriminación y violencia machista que sufren las lesbianas en Sudáfrica, lo que me lleva a preguntarme si no sería mejor gastar menos en Juegos Olímpicos Gays y demás chorradas y echar una mano en parajes menos glamurosos. ¿Gays sin fronteras?
 
También les recomiendo Wild Tigers I Have Known (EEUU), en la que destaca la interpretación magistral del protagonista, un adolescente que se enfrenta a un despertar sexual peculiar, aunque apuesto a que casi todos se verán reflejados, al menos en parte, en lo que pasa por su cabecita. Una producción preciosista que conmueve desde su primer fotograma.
 
En fin, espero no contrariar a mi amigo Aquiles si digo que yo sí comprendo que alguien monte un festival de cine gay –el abuso de menores es otra historia–. Desde luego, si el arte se limitara a lo genérico, el Museo del Prado no existiría. Lo importante es seleccionar atendiendo a la relevancia y la trascendencia de las obras y no dejarse llevar por el ombliguismo.
 
En El príncipe feliz, la golondrina macho, exhausta tras haber repartido todas las piedras preciosas que adornaban la estatua del príncipe entre los más necesitados, besa, justo antes de morir, la boca de la escultura viviente. ¿Mariconería innecesaria? En algunas traducciones el género del pájaro se cambió, aunque yo he dado a leer la versión original a varios niños y jamás me han preguntado nada. Ni siquiera reparé en el sexo de los protagonistas hasta que lo leí en un ensayo de teoría queer.
 
No creo que Wilde escribiera la historia para pervertir a nadie, ni que yo sea un reprimido por no haber explicado a los chavales el supuesto mensaje gay de la obra. Si algo tienen en común los pederastas y algunos ultramontanos es que ambos están obsesionados con la sexualidad infantil. Espero que sea por razones diferentes.
 
 
Enquire within: chuecadilly@yahoo.es
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