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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

La enésima goytisolada

La sabiduría popular recomienda no confundir el culo con las témporas. Pues lo siento, pero precisamente eso es lo que hace Juan Goytisolo desde hace más de treinta años. Nos había acostumbrado a verle competir con Gema Martín Muñoz en la exaltación del islam radical (o moderado, cuando se trata de Marruecos), pero desde que en España se autoriza el matrimonio entre gays dedica más artículos a lamerle el culo al zapaterismo que a lo otro.

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Creo que debo disculparme ante mis lectores, por tratar en esta crónica de viejos clínex hace años arrojados al váter; pero como resulta que yo participé de esas aventuras, me sentí personalmente indignado por "La cuarta página" que publicó Goytisolo el pasado martes en El País: "Homenaje a Ruedo Ibérico". Y no porque considere monstruoso, en la España de la desmemoria histórica y del buenismo educativo, que se hable bien, incluso hasta la exageración, de Ruedo Ibérico y de Pepe Martínez. De hecho, considero normal y positivo que, cuando hay censura en un país, se publiquen fuera los libros que no se pueden publicar dentro. En este sentido, Holanda fue durante siglos el refugio de quienes, por los más diversos motivos: religiosos, políticos, filosóficos, no podían publicar en sus propios países.
 
Tampoco me indigna, pues ya estoy acostumbrado, el hecho de que me hayan desaparecido de la foto, como desaparecieron a Trostski y a Bujarin (que no son santos de mi devoción) de la historia oficial soviética. Más bien me honra. En todo caso, hablar de Ruedo Ibérico sin citarme tendría su aquél si no se supiera que El País, desde hace años, desde mis divertidas polémicas con Haro Tecglen, ha decidido no que estoy muerto, sino que jamás he existido.
 
Para Ruedo Ibérico, y a propuesta de Pepe Martínez, traduje ese mamotreto carcaprogre que ni siquiera se atrevería a defender hoy Javier Padrera y que parió Fernando Claudín: La crisis del movimiento comunista. Acepté la traducción por aquello de que más cornás da el hambre. Asimismo, dirigí la colección El Viejo Topo, publiqué Socialismo o burocracia, de los jóvenes Karol Modzelewski y Jacek Kuron, y si no hice más cosas fue porque consideré que había demasiados comunistas en torno a Pepe Martínez y a sus libros. Y no sólo comunistas con vapores calenturientos a la italiana, sino de todo tipo: castristas, guevaristas, maoístas...
 
Logo de Ruedo Ibérico.Pero todo esto ya no tiene la menor importancia. Lo que quiero subrayar es que Goytisolo, a la vez que pone su granito de arena a las mentiras de la "ley de la memoria histórica", ha decidido ponerse a sí mismo en valor, ya que nadie lo hace como es debido, nadie le da el Cervantes, ni siquiera el Príncipe de Asturias. Resumiendo, que es gerundio: Goytisolo pretende que el franquismo fue una dictadura tan férrea que mató la literatura y la cultura en España durante 40 años; pero la literatura y la cultura lograron sobrevivir en el exilio gracias a él, a su portentosa actividad, y subsidiariamente gracias a gente como Pepe Martínez, con su Ruedo Ibérico y su liberaría de la Rue de Latran, o Antonio Soriano, con su Librairie des Editions Espagnoles (Rue de Seine).
 
Para demostrar que los Cervantes, los Lope de Vega, los Góngoras estaban en el exilio, Goytisolo da en citar a Tuñón de Lara, a Corrales Egea, a Francisco Fernández-Santos, a Max Aub y a Ramón Chao ­–sí, Chao, que fue enchufado por Fraga, siendo éste ministro franquista de Información y Turismo, en la radio estatal francesa–. Se ha olvidado de Jesús Izcaray como gloria de nuestras Letras... ¡Lamentable!
 
Desde luego, en 1939 muchos intelectuales, artistas y poetas se exiliaron, como Juan Ramón Jiménez, por citar sólo a uno –pero el mejor–. Bien sabido es que fueron muchos más. Incluso en el periodo tratado por Goytisolo, en la portentosa mediocridad del exilio hubo las clásicas excepciones, como Fernando Arrabal: se puede apreciar más o menos su obra, pero no cabe la menor duda de que es un autor de fama mundial.
 
Camilo José Cela.Como en cuestiones de arte la subjetividad reina, y menos mal, se podrá preferir a otros autores, y hasta despreciar a los más famosos, pero eso no quita para que durante el franquismo, y a pesar de la censura, la vida cultural fuera mucho más rica y apasionante que como la pinta Goytisolo: Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, etcétera, escribían y publicaban, otros exponían sus cuadros o representaban sus obras. Etcétera. La censura franquista nada tenía que ver con la de la Albania de Enver Hoxa ni con la de los demás países comunistas, como, aún, Cuba. Además, hubo una evolución positiva, no sólo en la economía, también en la edición: de ahí aquello de "dictablanda" que se oía en Lavapiés.
 
Por cierto, bajo el franquismo yo dirigí la violentamente antifranquista colección Acracia.
 
Si la cultura del exilio fue mediocre (¿a quién se le ocurre citar a Corrales Egea?), su política fue una mierda. En países como Francia, Italia o Bélgica (pero no en Alemania), y gracias a la Internacional Comunista y a su sabiduría a la hora de fabricar mentiras, el PCE aparecía como el partido antifranquista, que gobernaría España tras la muerte de Franco, y las dos figuras más populares eran Santiago Carrillo y, en menor medida, Fernando Claudín.
 
¿Qué fue de ellos tras la muerte de Franco? La Transición los barrió. El PCE se derrumbó en las primeras elecciones, y esos dos grandes líderes acabaron refugiados en el PSOE: uno como gerente de ese casino de provincias que es la Fundación Pablo Iglesias y el otro como "comentarista político" apreciadísimo por el Rey. De la misma manera que en cuestiones culturales el "interior" fue infinitamente más importante que el "exterior", en temas políticos no cabe siquiera la comparación. El exilio no contó para nada en la Transición (¿tal vez Rodolfo Llopis?).
 
Yo, hijo de un refugiado político desde 1936, he escrito mucho sobre el exilio. Conocí las librerías y a muchas de las personas que cita Goytisolo, y a otras muchas que no cita. Gente con más talento que Corrales Egea o Max Aub, como Xavier Domingo. Todo esto forma parte de mi vida, y no reniego de ello. Pero cuando se me dice que Tuñón de Lara y Fernández-Santos han salvado la cultura española, que el franquismo pretendió asesinar, pues no me lo trago; precisamente porque sé de qué va la cosa.
 
Dicho sea de paso, y para concluir: cuando Goytisolo habla muy seriamente de Institución Literaria, y además así, con mayúsculas, a mí es que me recuerda a los países totalitarios. Las Instituciones Literarias matan la poesía, ya lo escribió Gustave Courbet a finales del XIX. Se refería la pintura, claro, pero es lo mismo.
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