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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Jalogüín

En España somos la mar de antiamericanos, pero cuando llega el 31 de octubre convertimos nuestras ciudades en un remedo de los suburbios de cualquier poblachón del medio oeste yanqui y nos quedamos tan tranquilos. Venga reírnos de los necios americanos y cuando llega el momento nos hacemos pipí copiando sus costumbres.

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Por supuesto, únicamente copiamos las más absurdas, porque lo de la división (que no "separación") efectiva de poderes, el respeto a la libertad individual y la exigencia de limitar el poder de los políticos, tan típico de la cultura norteamericana, lo consideramos un atavismo predemocrático. Sólo hay que escuchar a Milá y al resto de botarates que ejercen de corresponsales para nuestros telediarios en aquellas tierras.
 
Durante la antaño conocida como noche de difuntos, hogaño Jalogüín, suelen pasar por casa bandadas de criaturas disfrazadas como mamarrachos por sus papás exigiendo la entrega de unas chucherías, a menos que la víctima prefiera arriesgarse a ser objeto de una cuchufleta más o menos satánica o de un susto de cojones, como enseñarte de repente una foto de ZP abrazado a Montilla.
 
Lo peor de todo es que algunos padres van con sus cámaras digitales siguiendo a la comitiva para inmortalizar el episodio (no sé por qué, pero esta tarea siempre corre a cargo del Progenitor A), lo que añade una amenaza adicional a la escena, porque si se te ocurre enviar a la pintoresca procesión a tomar por el saco tu acción, técnicamente una cuestión de defensa propia, queda lista para ser expuesta en la primera reunión de la comunidad de vecinos y dejarte como un herodes sin sentimientos.
 
Lo de esta relación de amor/odio entre la progresía y todo lo que huele a norteamericano es una cuestión que entra de lleno en el campo de la psicopatología. Hace algún tiempo saltó a la prensa el caso de un instituto de enseñanza secundaria en el que el alumnado inició una huelga salvaje para que la dirección instalara en los pasillos taquillas individuales al estilo de las high schools yanquis. Habían visto tantas teleseries americanas que no podían soportar ni un día más sin su taquilla para guardar el costo y pronunciar frases trascendentes junto a la portezuela, como si una cámara les siguiera las veinticuatro horas del día.
 
Son los mismos alumnos a los que sus profesores, embrutecidos a fuer de marxistizados, azuzaban durante la segunda parte de la Guerra del Golfo para que acudieran a todas las algaradas antiamericanas organizadas por la extrema izquierda, es decir, el PSOE de ZP, a pedir la cabeza de George Bush. Exactamente los mismos profesores que, ahora que por fin mandan los nuestros, no tienen el menor inconveniente en fomentar la charlotada del Jalogüín entre el alumnado, ad maiorem gloriam del imperio norteamericano.
 
¿No les da vergüenza? En lugar de enseñarles a cocinar buñuelos y huesos de santo, les inculcan los primeros rudimentos de la técnica del chantaje ("caramelo o susto"). En realidad, están creando una generación de concejales de urbanismo con el aplauso de los papás. "¿Y tú qué quieres ser de mayor, Kevin Jesús?". "Yo, corruto".
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