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CRÓNICA NEGRA

La ampliación del "mercado común" del crimen

Estimaciones policiales indican que más del 90% de los asaltos a viviendas son perpetrados por extranjeros. Ya está aquí la ampliación del "mercado común" del crimen. No es España un país de estadísticas infalibles, por lo que debemos tomarlo sólo como un síntoma preocupante. Los mismos expertos se sorprenden de que las autoridades no hayan reaccionado ante las alertas.

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Varias bandas, de tres a cinco, podrían estar actuando en una extensa zona del territorio. Se organizan en comandos y tocan prácticamente todos los "palos" del delito: prostitución, tráfico, robo de vehículos, clonación de tarjetas, asaltos con violencia y secuestros exprés. Esta última modalidad se agrava con las prácticas propias del maleante sexual: amenazan a las víctimas para que no denuncien. Y hay quien les obedece.
 
Los sucesos de Moratalaz, Madrid, ilustran a las claras que las ahora llamadas "detenciones ilegales" no se centran en personas de alto nivel económico, sino que prácticamente cualquiera que tenga aspecto de reunir unos centenares de euros con sus tarjetas de crédito puede ser objeto de un secuestro que pone en riesgo su integridad física y su vida. No hay nada más que recordar la alegría de la víctima obligada a permanecer cuatro horas en el maletero de su coche cuando pensaba que podría haber sido peor: había estado a punto de comprarse un Mini, lo que le habría convertido en contorsionista, por la escasez de espacio en el que permanecer retorcido y atado.
 
Los dos sospechosos detenidos en relación con estos hechos son de nacionalidad colombiana, y uno de ellos es menor de edad. Entre las singularidades detectadas por los investigadores resalta el hecho de que algunos delincuentes se traen a sus hijos pequeños, de ocho o nueve años, a los que entrenan robando carteras y teléfonos celulares. Se supone que son beneficios de la trasnochada Ley del Menor. La situación les resulta tan favorable que hace sólo unos días trascendió la cinta grabada por unos guardias civiles en una conversación entre presuntos delincuentes rumanos. El que reside en España, y supuestamente se encuentra en plena actividad, invitaba al otro con la proclama del españolito de los 80: "Petru, vente pa España, que aquí la policía ni te toca. Esto es el paraíso…"
 
Se trata del reflejo de una situación. Los delincuentes internacionales: hispanoamericanos, rumanos, búlgaros, albanokosovares, moldavos… se han encontrado un país confiado que ha crecido en la periferia de las ciudades, produciendo desfases de seguridad: a veces hay sólo una docena de agentes de la Guardia Civil para cuidar una extensa franja de terreno, con miles y miles de residentes, en urbanizaciones aisladas y carentes de medidas de seguridad adecuadas.
 
El "efecto llamada" de la delincuencia internacional en la Piel de Toro se produce por el estado de un país en viaje a la opulencia –aunque todo acabe en globo pinchado–, con leyes que objetivamente favorecen a los delincuentes y gran facilidad para franquear las fronteras. Los componentes de las bandas que se sospecha dirigidas desde fuera (es decir, que se trata de verdaderas multinacionales) tienen conciencia forense, esto es, son sabedores de los métodos policiales y se valen de sus conocimientos para evitar la captura.
 
También utilizan tretas para evitar imputaciones mayores. Por ejemplo, nada más abandonar el domicilio asaltado traspasan el botín a un cómplice, que, en caso de ser detenido, puede salir bien librado con un cargo, sólo, por receptación de objetos robados.
 
Algunos de los asaltantes detenidos han pertenecido a fuerzas de seguridad o al Ejército de su país, y muchos de ellos presentan una preparación física envidiable. La última de las "sucursales" de estas bandas desarticulada en Tarragona estaba en el monte, donde sus componentes ocultaban el botín en un agujero, como si se tratara de guerrilleros. Se cree que cuando les parecía oportuno robaban una furgoneta para trasladar lo obtenido en sus asaltos al país de origen, donde vendían la mercancía.
 
La delincuencia organizada puede definirse como asociación de malhechores en busca de poder. Su principal motivación es, claro está, el enriquecimiento ilícito, pero también la influencia y la corrupción. Sus actividades derivan al blanqueo de capitales y la especulación. A estas mafias se las ha visto crecer y desplazarse. En un primer momento fue detectada su presencia en Marbella, y luego se ha observado una ampliación de sus actividades a las comunidades de Valencia y Cataluña. No obstante, disponen de una gran movilidad que les permite golpear a la vez en el centro y la periferia. La presión policial las persigue, pero sólo han sido objeto de atención especial por parte de los políticos cuando ha saltado la realidad de la angustia ciudadana.
 
Rubalcaba.La inseguridad se ha adueñado de quienes hasta ahora disfrutaban de la tranquilidad en casitas aisladas o urbanizaciones recoletas. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha declarado: "Nos encontramos ante un hecho relativamente novedoso, el atraco con violencia, que en las últimas semanas se ha concentrado de manera singular en Cataluña…" Esto sólo es parte de la verdad: desde el asalto a la casa del abogado Castillo, en Madrid, por parte del moldavo Arcan, nos encontramos ante un nuevo filón de la delincuencia, descubierto por criminales sin escrúpulos que disfrutan sometiendo al terror a las familias, donde se observa una gran desproporción entre la violencia ejercida y el botín obtenido. Es la forma de actuar de delincuentes que han importado usos y costumbres desconocidos, ante los que las leyes no se muestran eficaces.
 
Algunos detenidos han amenazado con cometer nuevos crímenes para no ser expulsados, porque mientras la perspectiva de ser juzgados aquí no les inquieta, el hecho de volver a sus países, donde no hay cárceles tan buenas ni leyes "tan garantistas", les produce verdadero pánico. El criminal Arcan, que bautiza toda esta época, ante la cual los políticos reaccionan con cinco años de retraso, se mostró dispuesto a verter sangre para no retornar a una celda parecida a la del conde de Montecristo.
 
Una cosa son los inmigrantes que vienen a trabajar y otra los delincuentes que llegan a secuestrar y robar, con capacidad de organizarse, utilizar las leyes en su propio beneficio y disfrazar sus actividades. También posan de "duros", puesto que no pocos desprecian la capacidad operativa de la policía ("Ni nos toca") y han descubierto la, según ellos, "escasa capacidad de sufrimiento de las víctimas". Lo dicen quienes participaron en la "limpieza étnica" en sus lugares de origen y están acostumbrados al horror.
 
Aunque todo esto no deja de ser una bravata: lo cierto es que la policía ha lanzado una ofensiva y que la población exige soluciones. Eso sí, a golpe de robo y secuestro.
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