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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La fantasía Bilderberg

Informa seriamente Telecinco en sus noticias del mediodía de que Sitges está tomado por la policía, la Guardia Civil, los GEO y no sé cuántas fuerzas de seguridad más –se da por descontado que estarán de incógnito la CIA, el Mossad y como se llame ahora el KGB, que bien podría ser Ojrana, recuperando su nombre como Petersburgo–. Y eso porque allí han alquilado todo un hotel para reunirse en secreto los miembros del Club Bilderberg, que se llama así porque ése era el nombre del primer hotel que cerraron, en Holanda, en 1954.

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Dicen en el informativo que ese club reúne a todos los poderosos del mundo, incluida, según las imágenes, la reina Sofía. La Wikipedia (no os lo perdáis, por favor, que están todas y cada una de las reuniones secretas, y hasta una bibliografía con seis títulos) afirma que también nuestro inestable presidente está invitado, entre los 130 que van cada vez. Y que se vienen reuniendo, siempre en secreto, desde los años cincuenta, con la finalidad de establecer un gobierno mundial, una moneda única y, por supuesto, un completo control sobre los seis mil millones y pico que ya somos, uno a uno.

O sea, aunque rabie don Daniel Estulin, que ha cometido un par de best sellers sobre el tema, es todo una completa majadería. Uno, que se formó en política leyendo el Hola, El Capital y las novelas de Robert Ludlum, que casi siempre tratan de conspiraciones para dominar el planeta; es decir, uno, que posee todos los elementos para hacerse una idea del poder, sabe que lo del Bilderberg es un puritito invento, que diría Cantinflas, quien, como méndigo a ratos que era, sabía un montón sobre la cosa (el corrector automático me pone méndigo en rojo porque no conoce a Cantinflas). Uno no alquila hoteles ni despliega seguridades nacionales e internacionales para reunirse en secreto con nadie. Y las esperanzas de que los poderosos del mundo se reúnan para ponerse de acuerdo en algo que no ha conseguido la ONU, con todos sus años de inútil o casi inútil –y cara– existencia, es más un deseo que una realidad. No lo logran tampoco en Davos, ni en las cumbres G (7, 8, etc.), ni en Génova ni en Seattle. Ni Fu Manchú, que era un modesto nacionalista chino, consiguió, con todos sus dones, que el peligro amarillo se materializara, y al final murió... y ahora vienen chinos sin don alguno a comprar todos los bares de mi barrio. (Y ninguno de nuestros representantes parlamentarios nos explica por qué están exentos de impuestos por diez años, cosa que en Argentina impuso Videla y en España no sé quién: ¿el Bilderberg o Ludlum?).

En lo del control, ya están de acuerdo, pero cada uno con sus propios servicios de inteligencia, en muchos casos exitosos y en la mayoría de una torpeza digna de la TIA de Ibáñez. La CIA negoció con los talibanes contra la URSS, y así estamos. La misma agencia derrocó al Sha y puso a Jomeini en Irán, y ya ven. El Mossad lo hizo todo para mantener buenas relaciones con Turquía y nos quedamos con la flotilla al aire. Los poderosos de la tierra nos quieren echar del euro por vagos, improductivos y despilfarradores, y Telecinco –agencias mediante– nos asegura que su siniestro propósito es imponernos una moneda única mundial.

No me sorprende, porque Telecinco no es un canal, sino un programa con diferentes títulos según la franja horaria, y cualquier día leerán los informativos, si pueden, Belén Esteban y Paz Padilla. Y no me sorprende, porque la gente se cree cualquier cosa y se entretiene con menudencias que la justifican en sus propias miserias: no es lo mismo que la mujer de Jesulín le consiga a su madre una pensión que no le corresponde, que el que haga lo mismo nuestra vecina, que sí está necesitada.

En este programa, el Bilderberg está más que justificado, porque es una fantasía que realiza el torpe ideario del resentimiento: todo ignorante vive convencido de que los ricos, sean de donde sean, están todos de acuerdo en joderlo a él, personalmente, con alguna trampa distinta cada día; y además cree a pies juntillas que los ricos están todos de acuerdo entre sí, como si no compitieran, porque su finalidad no es ser más ricos, sino hacer más pobres: lo decía una canción anarquista de la Guerra Civil que pedía pan para los pobres y para los ricos... "mierda, mierda". Lo piensan así porque ellos no tienen interés ni ven posible mejorar, pero consideran injusto que otros lo hagan. Nada contribuyó tanto al fracaso del comunismo como los comunistas de a pie, que no pretendían más para sí, sino que querían menos para los que ya tenían.

Porque la culpa no es del señor Vasile, que hace negocios en la muy apreciada tradición Lazarov, sino del que consume. Vasile no hace nada diferente de lo que hacen sus colegas: sólo que lo hace mejor, más como lo quieren los espectadores. Yo no tengo nada contra Telecinco, nada que no tenga contra las demás cadenas. De hecho, llegué a ver ese informativo huyendo de La Primera, donde Ana Blanco, detenida en el tiempo como Dorian Gray, sigue como si gobernara Felipe. Y yo quería ver lo que se decía por ahí de Francisco Camps y de Garzón, porque había leído en un periódico que, al parecer, presuntamente, el juez ocultó pruebas exculpatorias del presidente de la Generalitat Valenciana. En honor de Vasile debo decir que en el sumario mencionaron el asunto, pero después no lo desarrollaron; presencié más de media hora de desastres naturales y provocados en las más próximas y en las más remotas regiones del mundo, incluido el último crimen "de género" y el recuento de las mujeres asesinadas en lo que llevamos de año (ningún hombre muere a manos de su mujer, ni se suicida después de matar, y es lo mismo la pareja formada por un marroquí de veinte años con una catalana de cincuenta que la que integran una vieja y un viejo de noventa que deciden terminar, entre otras cosas porque ni los ricos ni los pobres se pusieron de acuerdo en qué hacer con ellos).

Dicen que Al Qaeda está pensando en volar un estadio lleno en Sudáfrica con ocasión del mundial de fútbol. Pues, por lo que se ve, los del Bilderberg se reúnen con el mismo secreto que los Ultrasur o los Boixos Nois, de modo que podrían aprovechar la ocasión para liberar a la humanidad sojuzgada de semejante plaga; pero no sé si ha ido a Sitges algún mulá de relieve o el rey de Saudia: imagino que a Johannesburgo irán, aparte de los de la barra brava de Boca Juniors –que viajarán con el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, y no es broma–, unos cuantos musulmanes, pero del montón, como los que había en las Torres Gemelas, o sea, daños colaterales. Si el Bilderberg existiera realmente, estas cosas no pasarían, porque Bin Laden formaría parte del presidium, como rico influyente que es.


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