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CHUECADILLY CIRCUS

La mujer de negro

Nació en Rumanía ("Mi abuela vive en los Cárpatos"), viste de negros terciopelo y seda y afirma que la soledad es un privilegio. Adora la lluvia y sueña con paredes negras y candelabros. Siente un nudo de placer en la garganta cada vez que penetra en un templo ortodoxo. Es dulce, pequeña y parlanchina. Le pregunto cómo es la vida a través de un cristal empañado: "Llena de emociones".

Nació en Rumanía ("Mi abuela vive en los Cárpatos"), viste de negros terciopelo y seda y afirma que la soledad es un privilegio. Adora la lluvia y sueña con paredes negras y candelabros. Siente un nudo de placer en la garganta cada vez que penetra en un templo ortodoxo. Es dulce, pequeña y parlanchina. Le pregunto cómo es la vida a través de un cristal empañado: "Llena de emociones".
Anka Moldovan (Foto tomada de www.ankamoldovan.com).
"Con el rollo vampiresco, un estereotipo casi inevitable, he ligado mucho, me preguntan dónde tengo los colmillos. Si ellos supieran... Pero es cierto, me gusta la oscuridad, o mejor dicho, la penumbra". Cuando uno contempla los cuadros de Anka Moldovan, imágenes urbanas empapadas de gruesa lluvia de primavera, se imagina a una mujer menuda y de ojos brillantes sentada en algún café del centro. En una mano una taza, en la otra un bolígrafo. Sobre la mesa, un bloc probablemente vacío. La frialdad es sólo aparente. Dentro, ese cuerpecillo bulle de curiosidad insaciable. En sus cuadros no hay desolación, "aunque sí silencio".
No suelo pintar paisajes. Las vidas que encuentro a mi alrededor son mi principal fuente de inspiración... Tengo fijación con el agua, que para mí representa las emociones. Las figuras humanas contienen tantas cosas...
Comenzó pintando iconos, uno de sus temas favoritos ("Todavía los hago de encargo... Mi preferido es San Jorge"), y fue colaboradora de la mítica revista de cine Kane 3, una de las publicaciones más interesantes del panorama cultural español. Supongo que muchos de ustedes se preguntarían quién estaba detrás de su maravillosa sección de arte y de aquellas portadas de coleccionista. "Era yo. Una de las mejores fue la dedicada al sexo, con aquella cuchara que provocaba sensaciones en la lengua y que tanto sugería". Ahora trabaja en la Consejería de Inmigración de la Comunidad de Madrid, "que me proporciona la oportunidad de acercarme a los otros. Somos tan únicos y particulares...".
 
Sin embargo, los personajes que pueblan sus mares de hierro y asfalto no tienen rostro. El color de la chaqueta, un ademán, un estado de ánimo sugerido por la posición de los brazos bastan para individualizar cualquier silueta. "Cuando hago retratos me salen muy académicos, aunque hay alguna excepción, como Vértigo, un proyecto de sirena –también hice una Caperucita– que expresa mi sensación al ver a aquella mujer saliendo de las tinieblas. Al final me salió un ser asexuado; podría haberlo llamado La Vértigo, como si fuera un travesti".
 
Anka habla por los codos, me figuro que su locuacidad oculta una buena dosis de timidez. En uno de sus cuadros, un hombre camina de espaldas al espectador. "De repente me di cuenta de que en realidad el personaje no se alejaba, sino que se acercaba. Lo cambié... En una exposición en el casino de Cartagena, un guarda jurado me contaba las reacciones del público... Le pedí a la embajada de Rumanía que para esta exposición me dejaran organizar una fiesta para mis amigos, mi gente. Algún día".
 
Más ambivalencia: "Pinto por detrás, como Friedrich, para que el espectador forme parte del cuadro... A la inauguración vino muchísima gente, yo me alejé y entonces me di cuenta de que eran los cuadros que miraban a las personas". ¿Mírame y no me toques? "Todo lo contrario. Otra de las cosas que me gustaría hacer es colocar un cartel a la entrada de la exposición: Por favor, tocad". Y de nuevo la soledad, ese lujo que pocos quieren permitirse: "También hay cuadros pequeños, del tamaño de una tableta de turrón, para colocar en cualquier lugar de la casa. Todos son distintos, yo no repito".
 
Me intereso por los colores, grises azulados violentados por muros rojos o soles resistiéndose a morir, y me habla del pan de oro, del arte bizantino, del poder de las iglesias ortodoxas, esa sensación de cierre, de aislamiento total, casi de plenitud que uno siente atrapado en esas grutas celestes. Ahora bien, sus composiciones religiosas no se apartan de la norma. "Prefiero llevármelo a lo profano".
 
En mes y medio ha conseguido vender más de 12 cuadros. No entiende que la gente se gaste "un pastón" en láminas y marcos pudiendo adquirir obras únicas. Parte de sus pinturas se hallan repartidas en casas de amigos ("Uno de los cuadros que estoy enseñando ahora es el regalo de bodas que una amiga le hizo a su novio"), aunque muchas conviven con ella.
 
Su criterio a la hora de sacar un cuadro a la luz no puede ser más exigente, el espejo del baño: "Lo primero que hacemos por la mañana es enfrentarnos a nosotros mismos en el baño, ese lugar donde pasamos tanto tiempo y donde se producen algunos de los momentos más trascendentales de nuestra vida, así que nada mejor que juzgar un cuadro a través del cristal...". De nuevo el agua, y la soledad como necesidad para la vida social. Empatía en el mar de hierro y asfalto. "No me salen flores. En un cuadro sale una pisada, y en otro la dejé sin terminar y ahora me piden que la acabe".
 
Está interesada en colaborar con otros artistas, aunque ha tenido alguna experiencia rara. "Una vez un fotógrafo me criticó porque mis sombras no eran naturales. Ya le dije que en mi cabeza las cosas no son así".
 
Si entre la visita obligada al museo del Ratoncito Pérez y el paseo por la nostalgia de las Navidades pasadas, cuando el aceite se congelaba en la sartén y las castañas asadas sabían a algo, encuentran un rato de sosiego, acérquense a la última exposición de Anka. Hace mucho tiempo que no disfrutaba tanto mirando cuadros nuevos. Cuando entré, casi a rastras, pensé que saldría despavorido hacia el Dunkin' Donuts de la esquina, pero gracias a Dios Chinchetru no se equivocó.
 
En estos tiempos revueltos que harían las delicias de un joven Valle Inclán, el cristal empañado se me antoja un parapeto ideal. Lo importante no es lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que te golpean... y aguantas.
 
Anatole France, autor del relato piadoso El malabarista de Notre Dame, inspirador del célebre tamborilero de Raphael, dijo algo así como que la ignorancia era el precio que los hombres debíamos pagar a la felicidad. Tal vez por eso se inventaron las rebajas. En cualquier caso, ¡Feliz Navidad!
 
 
Enquire within: chuecadilly@yahoo.es
 
(El aparente desconocido, novena exposición de Anka Moldovan, estará abierta al público, en la embajada de Rumanía en Madrid, hasta el 9 de enero de 2009. La entrada es libre. Abierto casi todos los días, en horario de mañana y tarde. Para más información, llamen al teléfono 91 350 1881).
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