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CRÓNICA NEGRA

Los poderosos pederastas

Hagan un poco de memoria y encontrarán hasta un sector de la opinión que protesta por la contundencia con que se combate a los supuestos abusadores de niños. En el fondo de cierto imaginario colectivo la pederastia, es decir el abuso de niños para placeres sexuales, no sólo no está mal vista sino que incluso se considera "un manjar de dioses". De ahí que en determinadas capas sea imposible combatir contra este mal.

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Podría pensarse que sólo se trata de personas ignorantes, supersticiosas, carnales y primitivas. Y es cierto: hay pederastas de ese tipo. Pero también está el gran pecado de la ilustración, la perversión del pensamiento que pretende conectar con un falso mundo de efebos griegos y latinos. Es preciso quitarles ahora la máscara. La reciente reforma del Código Penal carga contra ellos: desde octubre de 2004 no sólo es delito producir o distribuir pornografía con niños, sino la simple posesión de este material. Se castiga con de tres meses a un año de prisión.
 
Un tipo de pederasta primitivo es el que representan los descubiertos en la trama de la localidad francesa de Angers que investiga la justicia gala. Tipos que ofrecían sus propios hijos o nietos a cambio de tabaco, alcohol o calderilla. Algo que no parecía posible y que nos advierte sobre la posibilidad de bolsas de explotación entre marginales, aunque se trate de gente que vive de migajas de un país rico. Sin embargo, es más peligroso el escándalo de Portugal, en la Casa Pía, donde se implica a personajes de relevancia pública con incursiones en la política, el periodismo o la empresa. Esa purga está por llegar en nuestro país.
 
Los imputados abusaban de huérfanos en una institución que a la vez servía de depósito de refinados placeres para los elegidos. Y eso son algunos pederastas, los más peligrosos: elegidos. Gente de alto nivel, con buen nivel económico y una doble vida. Algunos están casados y tienen un empleo de prestigio. Incluso pueden desempeñar un papel relevante en la sociedad. En su cara oculta son consumidores de pornografía infantil. Incluso buscan contacto con menores en el proceloso mundo de la delincuencia. Es posible que participen en "la gran aventura" del turismo sexual: según los estudios de Anesvad, una ONG preocupada por este asunto, más de 30.000 españoles viajan al extranjero, cada año, para tener sexo con niños. ¿Y qué se supone que hacen el resto del tiempo en España, antes y después del "tour"?
 
Fachada de la casa de Marc Dutroux.Obviamente, los pederastas poderosos son los que quitan fuerza a la lucha contra el horrendo vicio. Se encargan de dulcificar la ira social  y de diluir la importancia de las acciones destinadas a denunciar el problema, un hecho que hiere a miles de menores, muchos de los cuales se convertirán a su vez en pederastas, o corruptores de otros niños, tras sufrir en silencio los abusos, a veces provenientes de amigos, vecinos o familiares.
 
Son los que perpetraron una  repugnante actividad criminal en Bélgica como la de Marc Dutroux, el Enemigo Público Número Uno, que raptaba niñas para abusar de ellas y ofrecerlas en un mercado que la justicia fue incapaz de desmantelar por completo. El horror afectó a las capas altas de la sociedad, pero con el tiempo llega el olvido.  Algunas de las pequeñas raptadas por Dutroux sufrieron abusos y murieron en las mazmorras donde aquél las encarcelaba, en subterráneos de una red de casas que tenía a su disposición. Marc mantuvo la boca cerrada, se sirvió de cómplices como su esposa y la sociedad fue incapaz de llegar al fondo de la maldad.
 
La pederastia internacional se ha movido en caminos ocultos, aunque muy transitados, hasta que ha caído en su propia trampa: la red Internet. En las conexiones de banda ancha el pederasta se ha creído a salvo, protegido por el anonimato. Sin embargo, las policías europeas han aprendido a patrullar el ciberespacio, y en concreto la Guardia Civil acaba de prestar un gran servicio descubriendo una serie de sitios donde se pasaban vídeos, fotos y sonidos mp3. Los delincuentes se han asfixiado con su propia máscara.
 
Ha sido un gran golpe que llega, muy seguido, después de desmantelar la primera red de pederastia que utilizaba, por primera vez, niños españoles. Hay que decir que en ese sentido lo último todavía ha sido peor: escenas de abusos crueles, con las caras de los violadores tapadas y las víctimas expuestas al escarnio. Entre ellas había varios bebés. Las imágenes son tan brutales que han conmovido a los policías, acostumbrados a ver de todo.
 
Es cierto que internet supone un gran negocio potencial de millones de euros para la pornografía infantil, pero por fin también un escaparate que está delatando a la pederastia internacional, y en especial a la española. Entre los detenidos todavía no hay  personajes del lujo y el dinero, como en Portugal o en otros países, pero sí han caído maestros de la simulación, con una aparente existencia de padres de familia, o incluso profesores de adolescentes: los mismos que coleccionan, desnudos y maltratados, en sus ordenadores. Han caído en la trampa de su propio disimulo.
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