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CRÓNICA NEGRA

Que le echen la perpetua y dos huevos duros

La actividad judicial en España se ha degradado. Luego necesitas al Tribunal Supremo para algo y no lo encuentras. En especial por la acción u omisión de los políticos que han teñido con sus colores las togas de derecho punitivo. Los jueces meten la pata mientras los miembros del Consejo General del Poder Judicial hablan por el telefonillo, su gran dedicación.

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El Gobierno de los jueces ni vigila ni gobierna. De modo que todo el mundo protesta y está disconforme de la justicia en nuestro país. Es un hecho que si la policía detiene a la cúpula de los Latin’s King, la justicia la pone en la calle en menos que canta un gallo, que si menganito mata con saña, dice que no hay saña, que si un juez se equivoca y muere una niña, se le pone una multa pequeñita y a un periodista, la multa grande; y finalmente, el país de las penas pequeñas para los delitos grandes no encuentra a quien aplicar la cadena perpetua.

Para que no vengan con las descalificaciones sabidas, yo soy partidario de rebajar. Y soy partidario de sancionar al juez que condena a diez años por robar un pantalón vaquero o cualquier otro disparate. También deseo que los jueces, como los pilotos, pasen la ITV. Sin embargo, creo que no se puede ser tolerante con los delitos de sangre. Esta semana, cuatro maltratadores, ninguno español, han matado aquí a sus parejas. Parece claro que lo hacen porque no temen el castigo. Y que luego salga el delegado del Gobierno para la violencia de género y diga, junto a la imprecisión de las cifras de muertas, que no se las sabe, que criticar la ley y hacer debate de las denuncias falsas puede influir en el repunte de las agresiones... O sea, dice el del Gobierno que criticar al Gobierno genera violencia de género... Y dos huevos duros.

Pues aquí tenemos otro ejemplo: este es de perpetua, aunque su Señoría no lo estime. Resulta que hay un gachó en Barcelona, juzgado en la Audiencia llena de psicofonías (donde por cierto rige el espíritu paranormal del chiste de violencia de género del que ha dado muestra pública su presidente y el borrón del juez decano que fue denunciado por presunta violencia conyugal), que lo ha sido por matar a su mujer quemándola viva. Con este caso, la violencia de este palo hace un bucle completo en el tiempo y regresa al primer caso estremecedor en el que Ana Orantes fue quemada por su marido tras denunciarlo en la televisión.

Este de Barcelona, Salvador por mal nombre, sometía a su esposa a un sufrimiento "inhumano, excesivo e innecesario". ¡Vaya párrafo que le ha salido a su Señoría! Esta semana no ha podido ir a la tercera hora de español, porque si el sufrimiento era inhumano, ya se entiende que era todo lo otro. Esa es otra: lo mal escritas que están las sentencias. No nos merecemos esta justicia ni nos merecemos lo mal escrita que está.

En cualquier caso, y en mal castellano, se entiende que Salvaó maltrataba de forma reiterada, durante 38 años que estuvieron casados, a su infeliz cónyuge. Hasta que el 24 de febrero de 2007, en el domicilio conyugal, el acusado golpeó a su mujer, la tiró al suelo, se subió encima y la roció con un líquido inflamable. Acto seguido la prendió fuego con un mechero, lo que le provocó la muerte.

Pues va el jurado popular, ya saben, el de jueces legos, y lo encuentra culpable. Entonces el juez de carrera le pone la condena: 26 años y nueve meses de cárcel. Yo sugiero que en el futuro lo hagan al revés: que el juez que ha estudiado juzgue si el reo es culpable y que el jurado popular le ponga la pena, porque son legos pero no débiles. Y si no, díganme, ¿si este juez no le ha puesto treinta años de vellón a este tipo capaz de quemar viva a su mujer, tras una vida de torturas, para quién guarda la pena? O dicho de otro modo, ¿a quien le va a poner más castigo y con mayor razón que a este desalmado? Se ha perdido la gran oportunidad de la perpetua.

 Salvaó golpeó a su mujer por enésima vez, tras tenerla acosada, angustiada, torturada, sometida, martirizada y aprovechando que estaba en el suelo le arrojó el líquido inflamable viéndola consumirse. Es un homicidio con toda clase de agravantes.

Y luego viene "el experto en violencia de género" (por cierto ¿qué donde se hace experto? ¿Por qué Harvard se recibe?) y dictamina que no sabe por qué hay ahora mismo un repunte de violencia machista. Pues mire, porque mientras va usted por ahí con palabras vanas, no se reacciona con contundencia, no hay normas prestigiosas que generen disuasión y el poder político y judicial se muestra inoperante. Algunos hasta cuentan chistes de maltratadores en la Audiencia Provincial donde después hay que juzgar a la gente que quema viva a su mujer y sigue en el puesto, impartiendo justicia. Claro, que luego la condena es de la señorita Pepis.

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