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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Quememos Wall Street en honor de Maitreya

Las dificultades financieras transitorias, esa pequeña desaceleración que no iba a repercutir en España o, como dicen últimamente los antipatriotas, con Solbes el Traidor a la cabeza, la peor crisis económica de las últimas décadas, está sirviendo a la pintoresca fauna de la New Age para confirmar su tesis de que el mundo se va a acabar en el solsticio de invierno de 2012, como predijeron los mayas, que de flujos financieros e hipotecas subprime sabían un huevo.

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A los intelectuales "con conciencia planetaria" ("que están como una cabra", se diría antes) se les hace el trasero gatorade con la crisis económica mundial, a la que consideran el preludio de un tiempo nuevo, una especie de parusía pre-apocalíptica con su toquecito gnóstico. En apoyo de sus tesis esgrimen las tremendas diatribas que el progresismo lanza diariamente contra el sistema capitalista y el neoliberalismo, pero, eso sí, dándoles un toque espiritualista y buenrollito, aunque ninguno de ellos, como muestra la somera lectura de cualquiera de sus escritos, tenga ni la más remota idea de qué es lo que se esconde detrás de esos conceptos tan manidos.
 
La interpretación new age de la recesión mundial no apunta tanto al mal desempeño de las instituciones financieras como a una especie de castigo divino-energético que unas entidades espirituales nos estarían aplicando para que nos convirtamos al sincretismo ecuménico, la paz perpetua y la alianza de civilizaciones… planetarias, claro.
 
Internet, plataforma en la que cualquier estupidez alcanza la máxima resonancia, es un hervidero de seudonoticias y análisis a cuál más delirante, cuyos autores se felicitan mutua y efusivamente por que el capitalismo esté a punto de desaparecer del planeta. Según intuyen, tras la caída del sistema de libre mercado surgirá un nuevo orden mundial, gracias a la llegada de unos simpáticos extraterrestres que llevan varios siglos en la órbita de Júpiter esperando el momento oportuno para ayudarnos a dar un salto cósmico. Un impulso universal que, válgame Dios, nos hará entrar de un zambombazo en la esperada Era de Acuario.
 
Este cretinismo conceptual, condimentado con unas adecuadas dosis de esoterismo, era hasta hace años reducto casi exclusivo de las revistas del ramo. Ahora, gracias a internet, el número de adeptos a estas teorías lisérgicas se propaga exponencialmente. No hay newager que no tenga su blog para anunciar al mundo que está a punto de entrar en una nueva fase de desarrollo espiritual gracias al trabajo de personas desocupadas como estos aspirantes a Nostradamus, que, asombrosamente, parecen tomarse en serio todo cuanto publican. No daré enlaces para no contribuir a su difusión, pero cualquiera puede teclear en San Google Bendito simplemente "2012" una noche de insomnio y comprobarlo por sí mismo.
 
Otro elemento común entre los profetas del cambio planetario en ciernes es su afirmación de que todos los males del mundo son consecuencia del dominio que una jerarquía sionista ejerce sobre todas las instituciones, sin excepción. Los judíos son, también para los estudiosos de las energías y las terapias alternativas, los culpables de que el mundo haya llegado a los niveles actuales de corrupción, que hacen inexorable la intervención extraterrestre. En realidad, el fenómeno no es nuevo, pues también los nazis tenían una vena esotérica muy acusada: algunos, de hecho, creían firmemente proceder de una raza superior, la de los atlantes, que vino de las estrellas a instalarse en la Atlántida; y allí siguieron hasta que se los tragó el océano.
 
Los atlantes eran realmente un pueblo peculiar, por no decir algo gilipollas. Fueron capaces de crear la tecnología necesaria para viajar a miles de años luz por el universo y, en cambio, no pudieron prever la llegada del terremoto que les envió a las profundidades. Un caso muy parecido al de Lehman Brothers, que predijo el clima del año 2100 y no supo vaticinar que tan sólo unos meses más tarde se declararía en quiebra. En fin, más misterios sin resolver para el gran Iker, porque a J. J. Benítez el asunto le pilla ya algo mayor.
 
Aunque la izquierda no lo haya percibido todavía, es sintomático que el noventa y nueve por ciento de los frikis de toda laya y condición que tienen como objeto de estudio las relaciones sociales coincida plenamente con la esencia de sus proyecciones ideológicas. A los frikis les mola la izquierda porque les fascina el buenismo, la utopía y los líderes que hablan su lenguaje, como Zapatero. Ambos grupos, frikis y progres, aceptan cualquier cosa excepto la realidad, y eso une mucho. Hay quienes aseguran incluso haber visto a Bush cambiar su apariencia por la de un reptil extraterreste, su verdadera condición. Ya sé que suena a chiste, pero si Gabilondo hace un día una encuesta entre sus espectadores habituales sobre este asunto, el resultado podría sorprendernos. No se atreverá.
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