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CIENCIA

Se enfría el sueño de la vida en Marte

Vuelve a sorprendernos. Tradicionalmente se ha dicho que los científicos de la NASA, profundos conocedores de los resortes de la publicidad, han utilizado el fetiche de la vida marciana para atraer la atención del público en épocas de crisis y, con ella, algunos fondos extra con los que seguir investigando.

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Basta con mencionar que una misión espacial ha descubierto rastros de agua en el Planeta Rojo y dejar que la prensa, inmediatamente después, especule sobre la posibilidad de encontrar restos de vida marciana para que la NASA y sus colegas se conviertan en noticia de primera plana.
 
Siguiendo este razonamiento, ahora que la agencia espacial estadounidense anda de capa caída por los problemas del lanzamiento del Discovery, les vendría de perlas que el planeta vecino arrojara alguna de sus noticias bomba. Pero no; ha ocurrido todo lo contrario. Una investigación publicada esta semana en la revista Science cae como un jarro de agua fría sobre los que esperaban encontrar algún día restos de biológicos de vida marciana fosilizados y dormidos desde hace miles de millones de años en alguna roca roja y seca.
 
El estudio de las temperaturas máximas alcanzadas por la superficie marciana a lo largo de su evolución biológica demuestra que ésta no fue nunca lo suficientemente caliente como para albergar vida tal y como hoy la entendemos. Hoy, la temperatura media de Marte es de 55 grados negativos; en ese estado de casi permanente congelación es imposible que resista ningún bicho viviente. Pero los científicos acarician la idea de que, en el lejanísimo pasado, el planeta estuviera más caliente, hasta el punto de poder ser surcado por inmensos ríos de agua derretida.
 
De ser así, la esperanza de encontrar vida marciana aumentaría. El agua y el calor, junto con las condiciones que hoy conocemos del Marte pretérito, eran suficientes ingredientes para que se desarrollase algún tipo de actividad microbiana que hubiera dejado huellas fósiles a la espera de ser encontradas. Una de esas huellas parecía ser el resto de cadenas de magnetita hallado en el meteorito ALH84001, procedente de Marte y que impactó en la Antártida.
 
Marte.Sin embargo, el nuevo trabajo, realizado sobre otros meteoritos marcianos caídos en la Tierra, pinta un panorama muy distinto. Estudiando la cantidad de argón que se mantiene en las muestras se puede intuir a qué temperaturas han sido expuestas. Y es que el argón surge por el decaimiento del potasio, y su presencia en una roca depende de su historial térmico.
 
Estas rocas marcianas han perdido muy poco argón desde su formación, lo que hace suponer que se han mantenido durante eones en un estado de práctica congelación. El ALH84001 tiene 3.500 millones de años de vida, y según las muestras de argón no ha pasado ni siquiera un millón de años por encima de la temperatura de congelación.
 
El descubrimiento, pues, es de gran importancia. Para que surja vida en un planeta ha de darse una dificilísima combinación de acontecimientos. No sólo deben producirse las condiciones exactas ambientales, sino que han de mantenerse durante el tiempo suficiente para que el azar obre sobre ellas e impregne la original materia inerte en masa químicamente fértil.
 
En Marte es probable que hubiera momentos de calentamiento de la superficie en algunas zonas localizadas que condujeron a la formación de ríos y torrentes. Pero lo que ahora se ha descubierto es que esos momentos debieron de ser muy breves, con lo que la ventana de oportunidad para la vida es muy reducida.
 
Esto implicaría que el Planeta Rojo no fue nunca un lugar muy hospitalario para la vida, a no ser que ésta tuviera lugar en los primeros 500 millones de años desde la formación marciana.
 
La investigación, como todas, no es definitiva, y la ciencia de la astrobiología todavía tiene muchas sorpresas que depararnos, pero es evidente que este verano vamos a irnos todos a la playa sintiéndonos un poquito más solos que el año pasado: ahora, las probabilidades de no ser las únicas formas de vida del Sistema Solar se han reducido considerablemente.
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