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CRÓNICA NEGRA

Tigres o mininos salvajes

La Policía española, demostrando ser la mejor del mundo, ha echado el guante a unos presuntos terroristas serbios acusados de haber asesinado al primer ministro Zoran Djindjic, el 15 de marzo de 2003 y en Belgrado, con un fusil de mira telescópica.  

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Los presuntos criminales habían constituido una mafia que trabajaba como los asesinos del Viejo de la Montaña. Tenían un kit de intervención inmediata con nueve pistolas automáticas, tres subfusiles y una escopeta. El presunto cabecilla, Luka Bojovic, precavido y algo paranoico, pidió a los demás –tres– que no comieran ni bebieran nada por si les daban el suero de la verdad para obligarlos a confesar.

Ni Luka, ni Vladimir, ni Sisina ni el otro chico del montón tienen idea de cómo actúa la pasma hispánica. Por lo pronto, ni ha usado ni usará el suero de la verdad, pentotal sódico, componente habitual de la inyección que suministran a los condenados a muerte en los EEUU. En España se han utilizado métodos horrendos para hacer que declararan los presuntos, como aquellos que pueden verse en El crimen de Cuenca, pero de pentotal... nada. Además, se trata de un fármaco que, para surtir el efecto temido por los susodichos, debe serles inyectado, no vale que se lo cuelen en el agua o en la sopa.

Estos serbios acusados de matarifes habrían intentado conciliar su presunto trabajo como sicarios, asesinos a sueldo, con la vida familiar y la educación de los hijos. Exhibían un protocolo de seguridad exagerado: viajaban en taxi, daban tres vueltas antes de bajar y borraban las huellas; pero estaban acompañados de sus seres queridos, lo que les ha delatado. La familia, o te protege o te delata. En este caso, parece que estaban al margen de las actividades de los detenidos.

La mujer y los hijos de Luka, que se supone es el que ordenó a Vladimir que matara al primer ministro, estaban perfectamente integrados; vivían a un paso de Benidorm, como reyes de la Edad Media. Pero la Policía supo descubrirlos, vigilarlos y sorprender a los hombres en un restaurante de Valencia del que eran habituales.

La investigación, excelente, ha durado veinte meses. Los capturados, de confirmarse las imputaciones, serían parte del terrorismo internacional más peligroso.

En España tenían, supuestamente, negocios de droga y prostitución. Llevaban huyendo desde 2003. Llevaban aquí unos cuatro años. Al principio no fueron detectados. Su actividad habría sido muy productiva, pues se les ha intervenido medio millón de euros en metálico. La captura, ya digo, habría sido posible por ese afán de estar a todo, al asesinato y a la familia.

Con el fin de aterrorizar a sus enemigos, los mafiosos del clan Zemun harían alarde de su pertenencia a los Tigres de Arkan durante la guerra de los Balcanes, dejarían que les precediera una fama difusa de ejecutores de actos despiadados. De tigres habrían derivado a mininos salvajes, que querrían seguir en la guerra, sí, pero cuidando de que a los niños no les quedaran las Matemáticas.

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