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CIENCIA

Yo kontrolo, tronko

Hay una epidemia que parece instalada en los despachos de los responsables de sanidad de nuestro país, y que aflora cada vez que se anuncia una crisis. La epidemia del control. De manera sistemática, ministros, ministras y técnicos acuden a los medios de comunicación con el único objetivo de demostrar que, ante una amenaza, todo está bajo control.

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La controlitis ha dejado algunos hitos que no olvidamos, desde "el bichito que si se cae de esta mesa se mata" en que convirtió el ministro Sancho Rof al agente tóxico del aceite de colza, hasta los "calditos de hueso de cerdo" que se preparaba Celia Villalobos en pleno huracán de las vacas locas. Hoy, con el embate otoñal de la gripe A en lontananza, una vez más, nos dicen: "Todo está controlado".

La gestión de las crisis sanitarias es, vive Dios, una tarea difícil. Y, honestamente, declaro mi confianza en que no hay nadie más pertinente para afrontar tal aventura que la ministra de Sanidad y la cohorte de excelentes científicos y técnicos que la asesoran. Pero una cosa es gestionar y otra comunicar. Y los ciudadanos nos consideramos suficientemente maduros como para obtener algo más que un simple: "No te preocupes, estás en buenas manos"; que, en versión de Trinidad Jiménez esta semana, se ha convertido en: "Todo aquel que necesite una vacuna la tendrá".

Nuestro país ha comprometido la compra de 37 millones de dosis de vacuna contra el AH1N1 en humanos para el día en que esté disponible (que no será antes de octubre). Como quiera que la mayoría de las personas inmunizadas requerirá dos dosis, la lista de receptores no excederá los 18 millones (esto es, el 40 por 100 de la población española). No estaría de más que nos dijeran bajo qué criterios se ha seleccionado esta tasa de inmunización. Recordemos que el Reino Unido está negociando con las farmacéuticas para vacunar al 100 por 100 de la población y que Francia recibirá 100 millones de dosis, suficientes para vacunar a más del 80 por 100 de sus habitantes.

Es cierto que la inmunización total es una quimera; y además no tiene sentido. Los expertos en epidemiología saben que no es necesario vacunar a toda una población para que ésta esté segura. Una persona vacunada no sólo se protege a sí misma, sino que evita que se contagien todas las que están en contacto con ella. En un sutil y apasionante juego de matemáticas y estadísticas, los técnicos en prevención pueden llegar a establecer cuál es el porcentaje óptimo de vacunados en un país (lo que llaman "umbral de inmunización de rebaño o grupo") para que la población vacunada actúe como escudo contra la transmisión del virus a la no vacunada. De ese modo se puede detener el avance incontrolado de la epidemia.

Pero hay que reconocer que, puestos a quedarse por debajo del 100, a un ciudadano lego le tranquiliza más el 80 francés que el 40 español.

Salvo que el dato responda a un criterio de umbral bien definido. Por ejemplo, sabemos que es imprescindible vacunar al personal sanitario que está en contacto permanente con posibles transmisores del virus, que además puede ser un eslabón fatal entre la gripe y los grupos de riesgo (ancianos, enfermos crónicos, embarazadas...). Por esa razón, en todos los países del mundo (incluido España) los trabajadores de los centros sanitarios se encuentran entre los primeros receptores de la vacuna. Hay otros grupos para los que existen más dudas. Por ejemplo, los niños. Cada vez son más los expertos que consideran que los menores de 15 años son un aliado extraordinario contra el avance de la gripe. Cuanto mayor sea su núcleo familiar, mejor. El comportamiento grupal de los menores y su contacto con gran número de familiares (juegos, besos, achuchones...) los convierte en vectores de contagio muy bien identificados. Inmunizarlos supondría una buena pantalla de protección para otros grupos de población adulta. En España aún no se ha tomado la decisión sobre si los pequeños deberían incluirse en la lista de 18 millones de vacunados. Permanecemos a la espera de las recomendaciones de la OMS al respecto. En Francia, Italia e Inglaterra se han adelantado y tendrán vacunas para los niños si es necesario.

El problema, más que de protocolo, podría ser de tiempo. El país que más rápidamente ha actuado es, sin duda, el Reino Unido. Fue el primero en emitir campañas de alerta a la población (algunas de ellas, por cierto, de un alarmismo estremecedor), el primero en dejar de analizar muestras del virus en pacientes y cambiar el protocolo de diagnóstico por uno de contención ante los síntomas. Desarrolló el primer sistema de asistencia telefónica y vía internet para cotejar la sintomatología, y ha diseñado un complicado mecanismo de distribución de medicamentos antivirales: el paciente con síntomas recibe por la Red un código con el que un familiar o amigo sano puede adquirir en su nombre el medicamento en un punto de recogida. A pesar de todo, Inglaterra es el país de Europa con mayor número de casos registrados (aunque epidemiológicamente su situación relativa no es mucho más grave que la española o la francesa), y la avalancha de consultas por internet ha provocado el bloqueo técnico del sistema.

En España, las campañas de comunicación y alerta no empezarán a emitirse hasta finales de agosto, y aún se está estudiando el método de dispensación de los 15,4 millones de tratamientos adquiridos. El ejemplo inglés parece haber demostrado que las previsiones sobre el comportamiento poblacional del virus pueden desbordarse, y el tiempo corre inexorable hacia los más crudo del crudo otoño.

Estamos deseando confiar en nuestras autoridades. Si me piden un voto: yo confío. Pero no nos exija, señora ministra, que la confianza sea ciega. Además de los enternecedores gestos de unión que se prodigan entre el Ministerio y las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas, no estaría de más una buena dosis información concreta. ¿Por qué se ha elegido el umbral de inmunización del 40 por 100? ¿Dónde y bajo qué prescripción se va a dispensar el Tamiflu? ¿Qué grupos de población recibirán primero la vacuna? ¿Por qué España descarta ya el cierre de los colegios en septiembre, si otros países han decidido estudiar la medida y tomar una decisión a finales de agosto? Una respuesta transparente a éstas y otras preguntas serviría para que nuestra confianza en el sistema se solidificara, y no aumentaría en nada la alarma social.

¡Ah!, y de paso que se proscriba en las declaraciones oficiales el uso desmedido de la palabra control. "La situación de la gripe A en Euskadi está controlada", ha dicho el consejero vasco de Sanidad. En las crisis sanitarias no hay palabra que antes se lleve el viento.


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