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CHUECADILLY CIRCUS

Zapatero y Filemón

Dos acontecimientos han marcado una de las semanas más pop de la temporada madrileña en curso: el cumpleaños de Mortadelo y Filemón –ya van 50– y la presentación del libro de Suso del Toro sobre ZP. Los primeros son un par de detectives mentecatos con buena estrella; el segundo es un político listo con fama de gafe, aunque eso está por ver. Las historietas de M&F suelen concluir con una explosión inesperada; de la onda expansiva que catapultó a ZP a La Moncloa no diré nada que ustedes no hayan leído aquí. El artista Ibáñez lleva medio siglo viviendo de su feliz invento, y ZP nos anuncia una nueva era.

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Inflación de polis de paisano en la sede del Instituto Cervantes el miércoles por la tarde. Hubo una época en que bastaba una camisa vistosa para entrar sin pagar en cualquier fiesta o evento de postín, pero eso acabó hace años. Sin embargo, los trucos de entonces siguen funcionando ahora. No les diré cómo me colé porque no quiero poner en peligro la integridad de ningún alto representante del Estado, pero yo que algunos adjuntos al presidente cubriría mejor mis espaldas.
 
Poca gente, y si encima excluimos al anfitrión, el apuesto ministro César Antonio Molina, y a los monclovitas (Trini "la bella" despidiendo los dulces efluvios de los limones del Caribe, Fofinho Blanco, gafotas Moraleda...), la representación ciudadana se redujo a poco más de cincuenta ungidos, entre ellos el juez Garzón –hecho una sílfide tras someterse a la dieta de la alcachofa o descubrir la milagrosa faja slip–, varios profes universitarios y algún novelista de éxito. La España zapaterista, como una de esas repúblicas socialistas, democráticas y populares dirigidas por la élite del proletariado.
 
Presentaron el libro Àngels Barceló sin laca y pidiendo a gritos un par de horquillas y el mismísimo ZP (Saramago excusó su ausencia por enfermedad). La primera definió al presidente como "alguien que cree en la palabra para cambiar las cosas". Puro pensamiento mágico, o la sustitución de la política por la estética, como en los años 30. Suso contó que los hermanos mayores de ZP, su "alma gemela", habían luchado por la democracia, y dijo que hasta la llegada del zapaterismo España había carecido de "una cultura liberal". Casi le brotan las lágrimas al recordar el Prestige –ni la Jurado en sus mejores tiempos– y la visita valiente del entonces líder de la oposición a las zonas afectadas por la hecatombe. Un hecho que lo define como político "impetuoso, un pura sangre, un bulldog".
 
Igual que los intelectuales orgánicos del Tercer Reich, De Toro reivindicó su derecho a sentir admiración, a mostrarse encantado por el estilo del líder y a realizar actos de militancia, como el libro que ha editado. En fin, ZP es un hombre que "se pone en las manos de la gente, su poder es la gente". A su lado, el Gorila Rojo es un triste burócrata.
 
La Barceló elogió la obra como un "libro lleno de talante" que "huye de las exageraciones" –o sea, que lo de Suso es pura objetividad–, y lamentó el alto grado de enfrentamiento de la política en España, que "no es un país normal". ZP puso el broche de oro hablando del memorial de las víctimas de la dictadura militar en Buenos Aires –"Suso, si lo vieras no podrías contener las lágrimas"– y de su encuentro con las abuelas de la Plaza de Mayo. Además, reveló las frases finales de su agradable conversación con Aznar tras el numerito del gorila:
– A ver cuándo nos vemos.
 
– Tú eres el presidente. Me llamas cuando quieras.
Tienen razón quienes dicen que el presidente es un hombre afable y seductor, aunque no me parezca tan guapo como a ellos. A ZP le pasa lo mismo que a Bush: uno se ríe de sus chistes por la cara de tonto que pone al contarlos. De su famosa sonrisa pienso lo que casi todos: más falsa que la de un Carablanca. A veces se le olvida, y entonces su gesto se torna desganado, como el del niño que cuenta los minutos que faltan para que llamen al recreo. Luego se acuerda, yergue la testa lentamente, clava la mueca y hace oscilar la cabeza de derecha a izquierda, igual que un muñeco al que acaban de dar cuerda.
 
Umbral solía decir que la España de Felipe González era un país gobernado por un acento regional. Con Z de Zapatero es un simpático barbarismo hábilmente apuntalado por el "A por ellos, como en Paracuellos" de la mani bolchevique del pasado lunes en Madrid. Tienes razón, querida Àngels: España no es un país normal.
 
Sabor agridulce que sólo duró 24 horas, el intervalo entre el suceso caudillista y la celebración del cincuentenario de Mortadelo y Filemón en la sala Pachá. Actuación regular de los Gomaespuma como maestros de ceremonias, aunque hubo momentos de gran brillantez, como las inmisericordes referencias al director de la editorial, un señor calvo y espigado con aspecto de premio Nobel de algo de tubos de ensayo. Después de la lectura de las felicitaciones oficiales (Casa Real, etcétera), desfile de famosos homenajeando a Ibáñez: Eva Amaral luciendo unas piernas indignas de ver la luz del sol –y de los focos–, Sergi Arola vestido de punk-pop marcapaquete (o disfrazado de su nieto, como comentaba una mala) y la divina Sara Baras, tan simpática e insustancial como siempre. Algunos estuvieron a punto de soltar una lagrimita cuando al final los amigos del creador entonaron el "Cumpleaños feliz" sobre el escenario. Catering generoso y barra libre, como en los viejos tiempos del famoso "reservado babilónico" de Pachá, donde años ha un epatado preuniversitario con cara de libro aprendía el significado del lema sex, drugs and rock & roll. Menos mal que siempre fue un teórico, porque otros no han vivido para contarlo.
 
José Antonio Martínez Abarca.No faltaron referencias jocosas a la separación de la Infanta, que sin embargo en nada aliviarán el profundo pesar que sentimos todos los fans de la pareja. Ella, amiga de los caballos, de pasar la tarde con los niños y de acostarse temprano, se queda sin el mejor fashion advisor de España. Me lo cuenta Nacho Montes, soltero y a la caza del último hombre semisalvaje (los interesados, que escriban a la dirección de más abajo, adjuntando medidas y fotos como la de Martínez Abarca), mientras saboreamos las delicias creadas en exclusiva por el chef y Cañón del Colorado Darío Barrio en su restaurante restaurante Dassa Bassa. Un menú personalizado consistente en un exquisito assortiment de mets, d'huitres, de viande froide, acompañado todo de salsas y helados de todos los colores del arcoiris y regado por tinto de primera –el vino blanco me recuerda demasiado a los progres californianos, lame thinking and a lousy lay; vamos, que piensan igual que ...–; el postre, a base de galletitas y avellanas rellenas de chocolate, como el de las señoras bien de las novelas de Galdós.
 
Entre otras muchas cosas que a nadie le interesan, Nacho y yo compartimos nuestro arrobamiento por don Jaime de Marichalar, a quien mi admirada Isabel Durán critica injustamente porque "no va como todos los hombres" –ni falta que le hace–. Terminará desbancando a Anna Wintour al frente de Vogue International por eso de la paridad de sexos.
 
Lo que pierde la Tacones lo gana el resto de la Humanidad. Don Jaime cumplió de sobra aportando dos herederos de repuesto y una buena dosis de glamour y fina excentricidad a la anodina Familia Real Española. Es digno sucesor de aquel pariente tarambana y parisino de Alfonso XIII, aunque sin los escándalos e improprieties de aquél. Ciao bellisimo.
 
 
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