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El pánico de las masas y el terrorismo jamás han sido cosas únicamente de criterio policial o especialidad gubernativa.

Francisco Pérez Abellán
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El pánico de las masas y el terrorismo jamás han sido cosas únicamente de criterio policial o especialidad gubernativa.

¿Cómo medir si España no ha sufrido todavía un acto terrorista de los llamados "low cost" gracias a la acción defensiva de sus políticos o simplemente porque todavía no ha llegado su hora? No hay manera de hacerlo. Esa imprecisión permite que todo se confunda y una desbandada como la ocurrida en Málaga durante la procesión de "El Cautivo" se achaca al miedo de la gente ante el terrorismo. Es cierto que la falta de especialistas y de cuidado en el tratamiento de la información antiterrorista provoca confusión y puede tener efectos colaterales. Abandonar las noticias en manos de frikis o becarios tiene esos riesgos. El deterioro y manipulación de la información no contrastada ya ha hecho poso en nuestro país. Pero aquí estamos simplemente ante la realidad de que se ponen la venda antes de que salga la herida.

En Málaga hemos visto imágenes de gente que corre sin que nadie la persiga. Puede achacarse a la psicología de las masas, pero también a la falta imperdonable de que no se trabaja la prevención. Los grandes espectáculos de las procesiones en España precisan de una acción que tenga en cuenta la enorme concentración de personas en lugares pequeños, el consumo de sustancias que alteran la conducta y la intervención de la delincuencia. Algo obvio, pero muchas veces abandonado.

Hasta hace unos años en Sevilla, las procesiones que mueven y motivan a miles de ciudadanos en todas partes siempre han tenido un desarrollo de respeto y normalidad. Pero hemos llegado a un aumento singular de visitantes en el que la llegada de turistas es la primera industria del país. Estos extranjeros que a veces vienen espantados de la situación de terror originada en sus países o en los que solían ser sus destinos vacacionales, son ahora un factor a tener muy en cuenta. En Málaga, muchos de los que corrían eran extranjeros fascinados por las veces que la televisión ha repetido las imágenes de París, Berlín, Londres y Suecia. Así como los cuentos de los relatores fantasiosos que se presentan como expertos en yihadismo, que es una ciencia que no existe. De modo que los malagueños y otros españoles se vieron en medio de una barahúnda que se organizó, dicen, pero no puede ser cierto, porque es una explicación demasiado simple, como salida del cerebro de uno de los que no van a purgar su responsabilidad en este desastre, y que acaba de improvisarla con la pelea del que quería levantar a la señora de su silla y el gentil marido que la emprendió a mamporros.

En las calles de Málaga había una situación peligrosa por la concentración, el buen tiempo, la afluencia, la amenaza mundial de los terroristas analfabetos que han desarrollado la caja tonta como el gran arma para producir miedo, donde la crueldad y la barbarie son el mayor reclamo, y saltó una chispa para que una masa enloquecida se asustara a sí misma.

Ya pasó en Sevilla y estuvimos al borde del desastre. Ha vuelto a pasar y se ha resuelto sin víctimas. Esperemos que a la tercera vez, no vaya la vencida. De momento se aprovecha por parte de la fuerza gubernamental para publicitar el admirable esfuerzo que han hecho prohibiendo la circulación de vehículos de gran tonelaje por el centro de la ciudad o el itinerario de las procesiones mientras dure la festividad religiosa. Esa medida, que es de cajón de madera de pino, no cabe duda que es efectiva, pero debería crearse un gabinete de estudios para la prevención con la colaboración de la sociedad civil, universidades y profesionales. Pero por favor, que no se encargue Zoido, que ya está muy atareado con el Centro Nacional de Desaparecidos.

El pánico de las masas y el terrorismo jamás han sido cosas únicamente de criterio policial o especialidad gubernativa. Un país debe defenderse agilizando la colaboración y echando mano del talento. Por cierto: lo principal es combatir el miedo con argumentación que no suene a mentira.

Colaborador de Es la Mañana de Federico de la sección "Crónica Negra".

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