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Carta abierta a los autores del 11-M

Ni las víctimas ni el pueblo español podremos comprender nunca la sinrazón de esta masacre.

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Ante todo quiero dejar constancia de que, para mí, los primeros y principales culpables de cualquier ataque terrorista son los autores -por acción, por la no evitación o por complicidad-. Cada actor -real o potencial- puede ubicarse en el rol que haya desempeñado en estos abyectos crímenes.

El número total de víctimas oficiales del 11-M supera las dos mil personas; de ellas, ciento noventa y tres perdieron la vida que gratuitamente habían recibido. Creo que ningún ser humano tiene derecho a disponer de la vida de otro, de ahí la abolición de la pena de muerte. Ninguna otra especie del reino animal mata a sus semejantes.

Yo sólo trato de referirme a mi hijo, cuya vida le fue arrebatada contra su voluntad y, por supuesto, contra la de todos los españoles, con el desgarro vital que ello conlleva para sus allegados. Como muestra de ello diré que un hermano mío murió de forma repentina, tres días después, es decir el día de las elecciones, que debían haberse suspendido. Un pueblo no puede votar con un trauma de esa magnitud. ¿Había alguna razón para no suspenderlas? ¿ Había algún interés en torcer violentamente la voluntad del pueblo objeto del crimen? ¿Fue casual la elección del día once y los tres días anteriores a las elecciones?

Señores asesinos de mi hijo: pasados catorce años de aquel triste día elegido para su asesinato y el de muchas más personas, que viajaban en los trenes de Cercanías, aún seguimos sin haberles puesto caras y sin conocer su identidad ni la de sus cómplices. Caín, aunque quiso escapar a su identificación como el asesino de su hermano Abel, no lo consiguió. No olviden que son interpelados cada día por El Mismo que lo hizo al primer asesino de la humanidad.

Yo les animo a que salgan, por un momento, de su comodidad –mental, intelectual y moral– e imaginen que en aquellos trenes perdieron a un familiar (hijo, padre, hermano, un bebé en gestación, etc.); ¿qué hubieran pensado de los autores?, ¿ qué hubieran exigido a nuestro Estado de Derecho?, ¿seguirían instalados en el silencio y el olvido que mantienen con tanto rigor? ¿Dirían hoy que este es un caso cerrado o resuelto? Con seguridad, no.

Les animo igualmente a que lean los obituarios y vean algunos datos biográficos de sus víctimas. Eso les permitiría imaginar similitudes con algunos de sus seres queridos y evaluar las irreparables pérdidas que produjeron en nosotros. ¿Tienen algún motivo o razón para poder justificar tan horrendo crimen o tan vil colaboración?

En alguna ocasión he tratado de ponerme en su lugar para averiguar la razón o las razones que me pudieran impulsar a cometer un atentado de tales dimensiones: represalias por un ataque previo; mandato de un ser superior; una actuación como sicario; afán desmesurado de poder político, económico o social, etc. Creo que ni éstas ni otras, inimaginables para mí, me hubieran podido conducir a la situación en la que hoy malviven ustedes.

Sean creyentes o no, estoy convencido de que, siendo humanos y conviviendo con los restos que les queden de humanidad, les conmino a que reconozcan que el mal que han hecho, y siguen haciendo, no lo compensan los beneficios recibidos, sean de la índole que puedan ser. Ni el dinero que pudieran recibir, ni sus éxitos políticos, religiosos, sociales etc., podrán acallar la conciencia, que a veces nos incomoda por nuestras malas acciones. ¿Están de acuerdo conmigo? Pues les animo a cambiar su actitud de silencio, ocultación y perseverancia en el mal. Por si les sirve de algo, nosotros pedimos a Dios por ustedes, aun sin conocer su identidad, desde el día de autos.

Por muy severa que sea la justicia humana, con seguridad que la reparación del mal causado y el perdón que puedan recibir de sus víctimas y de la sociedad les reportarán más satisfacciones que su pertinacia en el mal.

La paz que algunos reclamaban antes y después del 11-M, supongo que no es la que una buena parte de la sociedad vive en esta nueva etapa de la historia de España. A no ser que uno de los objetivos de aquella masacre fuera esto que algunos bautizaron como tiempo nuevo. Ni las víctimas ni el pueblo español podremos comprender nunca la sinrazón de esta masacre.

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