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Cien meses recordándolos

¿No lograremos algún día las víctimas y los ciudadanos de bien lo que pedimos con un sentido estricto de la justicia y de la lógica?

Gabriel Moris
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La actualidad informativa de nuestro país -España, quiero decir- se limita a muy pocos temas: la corrupción, Cataluña y Podemos. Paradójicamente, no se ve que haya soluciones inmediatas para ninguno de estos asuntos. ¿Qué pretenden de nosotros los que manejan los hilos de la información? ¿Matar nuestra esperanza? ¿Producir hastío hacia la cosa pública? ¿O acaso ilusionarnos con quimeras para ponernos ante un panorama más desesperanzador que el presente?

Pido disculpas si resulto reiterativo al afirmar que la España de 2014 es la herencia envenenada de aquel fatídico 11 de marzo de 2004. Soy consciente de que esta idea no es compartida por muchas personas. También lo soy de que tiene algunos adeptos, pero ni su poder ni su influencia en los medios de comunicación permiten divulgar las razones que llevan a pensar así. Lo que sí podemos afirmar con rotundidad es que el declive económico, político y moral de nuestra patria coincidió cronológicamente con aquella fecha.

Dentro del marasmo de corruptelas, traiciones, infidelidades y salvapatrias de todo pelaje, podemos descubrir también a personas anónimas que aún se ocupan y se preocupan de mantener una lucha sin cuartel para recuperar o conservar valores y principios permanentes que hoy parecen desaparecidos de nuestra sociedad. Sociedad que recurre con frecuencia a los calificativos de dialogante o democrático, pero las más de las veces sin darles contenido real. Yo estoy convencido de que, numéricamente, los seguidores del bien superan a los del mal. ¿Qué ocurre para que sea el mal el que prevalezca en nuestra sociedad? "Para que gane el mal sólo basta con que los buenos no hagan nada".

Quiero traer a colación un ejemplo digno de resaltar y difundir públicamente. El lema en torno al que se mueve un grupo de personas es: "Queremos saber toda la verdad". No creo necesario explicar que aluden al 11-M.

Inicialmente -en septiembre de 2006-, y en vista de las irregularidades en la instrucción del sumario del juez Del Olmo, así como de la falsedad probada de las pruebas clave, denunciada en algunos medios de comunicación (Libertad Digital, El Mundo...); un grupo de ciudadanos denominado Peones Negros propició concentraciones para evitar que la sociedad olvidara el caso. Más de cincuenta concentraciones tenían lugar cada mes, en España y en el extranjero.

Celebrado el juicio, con la sentencia sin autores dictada el 31 de octubre de 2007, uno de los grupos, el de Alcalá de Henares, siguió concentrándose mensualmente. En estas concentraciones se han dado cita personas de toda condición y procedencia (de España y de diversos países europeos). Algunos condicionando sus desplazamientos al día 11. Todos, interesados en rendir homenaje a las víctimas y pedir claridad sobre lo ocurrido, ya que el juicio sembró dudas sobre la autoría, las motivaciones y la trama de los atentados.

En diciembre de este año se conmemora la concentración número cien. Creo que este número marca un hito en el compromiso ciudadano con la causa del lema. Ocho años y medio, tres mil días aproximadamente, no son fruto de la improvisación ni de manejos puntuales de agitadores sociopolíticos. Son fruto de un grupo de ciudadanos con un gran sentido humanitario y cívico. El recuerdo de las víctimas y el compromiso con la verdad y la justicia creo que son realidades dignas de resaltar, máxime cuando atravesamos en España por momentos de convulsión y confusión, en buena parte derivados de aquel crimen de lesa humanidad.

Se dice que la esperanza es lo último que se pierde. Si los terroristas están consiguiendo excarcelaciones y beneficios sociales y políticos, debido a su constancia y a las ayudas del Estado, ¿no lograremos algún día las víctimas y los ciudadanos de bien lo que pedimos con un sentido estricto de la justicia y de la lógica?

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