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Gabriel Moris

La España campeona

Si bonito e interesante es ser campeones de Europa, no le va a la zaga en nobleza y dignidad, trabajar sin tiempo, sin medios y con recursos propios, por el esclarecimiento de la mayor masacre terrorista de nuestra historia.

Gabriel Moris
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Ya ha llovido, pero aún recuerdo la enorme alegría que sentimos y expresamos cuando la selección española de fútbol ganó a la de la URSS la primera de sus dos Eurocopas. Como no podía ser de otro modo, mucho hemos cambiado desde entonces; sin embargo, no deja de sorprenderme y alegrarme la euforia nacional que ha provocado el último triunfo de nuestros mejores futbolistas. ¿Acaso responde a nuestro deseo de unidad frente a los movimientos separatistas? ¿Hemos querido aprovechar el éxito que tendría que ser el de todos para advertirles a nuestros gobernantes que no comulgamos con los que a diario nos venden como buena la peligrosísima locura de la división? Puede que me equivoque, pero estoy convencido que sirviéndonos de nuestras manifestaciones de alegría por lo que en principio no es más que un importante triunfo deportivo, pretendimos indicarles a los que nos gobiernan que no estamos dispuestos a que sus intereses electorales ayuden a dividir lo que es mejor que este unido.  

El éxito de nuestra selección -algo que a todos nos ha sorprendido a tenor de la fase de clasificación- quizás sólo se explique en un logro muy sencillo, el que responde a que el seleccionador ha formado un grupo humano con fe en sí mismo. Permítanme hacer una extrapolación de este hecho a un asunto extremadamente negativo de nuestra vida en común. Hace más de cuatro años, España sufrió el mayor atentado terrorista de nuestra historia. El espantoso crimen originó una reacción masiva en todos los ámbitos de la vida nacional,  lo que nos llevó a fijarnos lo que creí un objetivo común: conocer la verdad y luchar porque se hiciera justicia. ¿Qué ha ocurrido en nuestra vida social y política para que no mucho después hayamos tirado la toalla?

Distinguiría varios colectivos y distintas actitudes respecto a aquel supuesto objetivo común que nos aglutinó en la inmediatez de la masacre:

- El colectivo de los poderes públicos que ha optado por pasar página después de simular un tratamiento del asunto aparentemente correcto. Parece como si la finalidad de los mismos fuera el “dejarlo como está” para que a ellos no les afecte lo más mínimo.

- Los ciudadanos en general que, después de una reacción inicial lógica y llena de humanidad, parece como si hubieran quedado desfondados. ¿Es el miedo a la verdad la causa de tanta pasividad? La reacción inicial no parece compatible con la indiferencia que hoy percibimos.

- En el tercer colectivo están los que no se conforman con que otros pasen sin leer las páginas que prefieren que no leamos. En él encontramos a los profesionales y voluntarios que colaboraron inicialmente para paliar lo irremediable, junto a algunos medios de comunicación que, lejos de aceptar como natural lo que fue concebido por una mente diabólica, mantuvo una actitud crítica respecto a la narración de los hechos. En este último grupo hemos de incluir a personas de la sociedad civil que, al no entender ninguna de los hechos y las razones que justificaban lo ocurrido y su tratamiento, se han aglutinado en torno a la búsqueda racional de la verdad tomando como punto de partida los, tan oscuros como sorprendentes datos, que la investigación oficial ha puesto a disposición de las víctimas y de los ciudadanos. Su objetivo prioritario es la búsqueda de la verdad que condujo a la muerte de 192 inocentes y a herir a 1853 personas censadas.

Si bonito e interesante es en lo deportivo ser campeones de Europa, no le va a la zaga en nobleza y dignidad, trabajar sin tiempo, sin medios y con recursos propios, por el esclarecimiento de la mayor masacre terrorista de nuestra historia, a pesar de tener enfrente a una selección muchísimo más potente que la alemana. La fe en alcanzar la verdad, la creencia en las propias posibilidades y la unidad de todos los que trabajan por esta noble causa, harán que un día no muy lejano todos los españoles puedan saborear el logro de la verdad y la justicia respecto a una masacre que, de dejarla como ésta, nos calificaría como un pueblo indigno de vivir como tal. Alimentemos nuestra esperanza y confiemos en el triunfo del bien y de la verdad sobre el mal y el engaño.

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