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Irak y las armas de destrucción masiva

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Por lo general, los políticos suelen tener mala memoria, pero, en el caso de los líderes del Partido Socialista, la desmemoria raya en amnesia total. No es que sigan emperrados en hacer de Irak un tema de batalla electoral –cuando la propia experiencia de las municipales llevaría a disuadirles de tal cosa–, sino que en sus denuncias sobre el supuesto "engaño" por parte de Aznar sobre las razones de la guerra, no sólo omiten la multitud de causas que el presidente del Gobierno español explicó en reiteradas comparecencias parlamentarias en su día, sino que prefieren no volver sobre lo que ellos mismos decían.
 
Por ejemplo, ¿por qué no recuerdan Zapatero y sus compañeros cómo asustaban al ciudadano advirtiendo de los miles de muertos que causaría Sadam en las tropas de la coalición mediante el uso de sus armas de destrucción masiva? ¿Por qué no sacan ahora sus artículos con los famosos –por agitados públicamente– escenarios negros, en todos los cuales pronosticaban un auténtico Apocalipsis, con miles de soldados carbonizados e Israel gaseado? O bien el equipo del PSOE creía –como todos, dicho sea de paso, incluido el Gobierno– que Sadam sí tenía esas armas que ahora no aparecen o, alternativamente, no creía en los arsenales iraquíes pero les venía muy bien agitar el miedo en su desesperada manipulación pública contra el presidente Aznar.
 
Sea como fuere, y aunque alguien debería recordárselo, la clave podría estar en que, según parece, todo el mundo, desde los servicios de inteligencia a los gobiernos, pasando por la oposición, estaba engañado al respecto. A falta de otras pruebas, comienza a cobrar cuerpo la hipótesis más descabellada; a saber: que Sadam había llevado al equívoco a todos, incluidos sus propios generales, quienes, según el informe Kay, estaban convencidos de que sí las tenían, si no su unidad, sí la que se desplegaba en su flanco, porque el propio Sadam pensaba que el mero bluff ya le era positivo. Pero no lo olvidemos, se trata de un engaño exitoso. Nadie antes de la guerra discutía el desarrollo de los programas armamentísticos de Sadam (recuérdese, por ejemplo, que los inspectores encontraron programas clandestinos de misiles en diciembre de 2002). Lo que se debatía era cómo y cuándo forzarle a desarmarse.

¿Error? Es posible o probable. Pero, al menos, se ha errado por el lado bueno y de la prudencia. Imagínense que el error hubiera sido el contrario: que todos se hubieran convencido de que Sadam no tenía nada y que, al cabo del tiempo, se hubiera revelado que sí poseía armas biológicas o nucleares. Eso sí que habría sido un error estratégico. Un error que, hablando del nivel de destrucción del que estamos hablando, ningún político sensato debería permitirse. Pero sensatez es lo que parece faltarle al socialismo actual.

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