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Elecciones argentinas: una primera vuelta electrizante

Se espera una elección abierta, competitiva y compleja, en la que nada está dicho y cada detalle puede ser determinante.

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El domingo 25 de octubre más de 32 millones de argentinos tienen una cita para acudir a las urnas y, así, poder elegir a su nuevo presidente, en una primera vuelta electoral que se presenta electrizante. Por primera vez desde el regreso a la democracia existen posibilidades serias de que se celebre un balotaje entre los dos candidatos más votados.

Cabe destacar que lo que realmente se va a decidir en esta contienda es si habrá segunda vuelta electoral o no. Si habrá un balotaje con un escenario abierto, es decir, si se baraja y se da de nuevo, o si la partida se termina definitivamente la misma noche del 25 de octubre con la victoria del oficialista Daniel Scioli.

¿Por qué?

La Constitución argentina tiene un sistema de elección de doble vuelta peculiar. Para ser elegido presidente sin necesidad de balotaje hay que conseguir el 45% de los votos o, si se obtiene en el 40 y el 45%, contar con una ventaja de más de 10 puntos sobre el segundo.

Hoy, todas las encuestas las encabeza el candidato Daniel Scioli, que araña el 40%. Scioli es el candidato del Frente para la Victoria, la fuerza política que gobierna actualmente. Scioli representa la continuidad del kirchnerismo, y aunque intenta, con algunos gestos y señales, diferenciarse en algunos puntos, lo cierto es que cada vez más es percibido desde dentro y fuera de la Argentina como parte del proyecto que lo eligió como candidato. Está siendo infructuoso su esfuerzo para diferenciarse y ser parte al mismo tiempo. Por eso permanece quieto en las encuestas con el mismo porcentaje de votos que obtuvo en las elecciones PASO (Primarias, Abiertas, Simultaneas y Obligatorias), celebradas en el mes de agosto.

En segundo lugar destaca el candidato Mauricio Macri, que en las PASO obtuvo el 30,5% de los votos. Macri, líder opositor al kirchnerismo durante todos estos años, alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es el candidato de la coalición denominada Cambiemos, espacio político que reúne a Propuesta Republicana (su partido), la histórica UCR (Unión Cívica Radical) y dirigentes de la talla y relevancia de Elisa Carrió, Patricia Bullrich y Alfonso Prat-Gay. En definitiva, es la fuerza política que encarna la auténtica alternativa al kirchnerismo.

Tercero en las encuestas se ubica Sergio Massa, del Frente Renovador, un espacio político que nuclea a un peronismo marcadamente antikirchnerista pero que cuenta en sus filas con numerosos dirigentes que, durante los doce años de Gobiernos kirchneristas, han ocupado lugares de poder relevantes. El FR cuenta con un volumen de votos cercano al 20%, según la mayoría de los sondeos. Esos 20 puntos representan un electorado clave para dirimir una eventual segunda vuelta.

Finalmente, las otras fuerzas políticas que pondrán su papeleta sobre la mesa sumarían todas ellas alrededor del 10%.

Este escenario, complejo por la rareza del sistema de doble vuelta argentino, se complica un poco más si añadimos otro ingrediente: el voto en blanco. Especialmente si consideramos que en las pasadas elecciones representó un 4,27% de los sufragios. La Constitución establece que deben considerarse en el escrutinio exclusivamente los votos válidos y afirmativos. En una disputa tan ajustada este dato cobra vital importancia, porque si en la totalidad de votos que se cuenten se incluyesen los votos en blanco, para obtener el 40 o el 45% haría falta una mayor cantidad de votos. En otras palabras, al agrandarse la tarta las porciones también serían de mayor tamaño. La jurisprudencia y doctrina es clara acerca de los votos nulos: no son válidos. Sin embargo, nadie pone en duda que el voto en blanco sea válido. El debate estaría centrado en si el voto en blanco es también afirmativo; ¿acaso el voto en blanco manifiesta una voluntad electoral? Señala el analista Carlos Pagni:

La legislación comparada es diversa. En Brasil y en Chile el voto en blanco no se toma en cuenta. En cambio, en España y Colombia sí (…) La opinión de los constitucionalistas es también variada. Daniel Sabsay se ha pronunciado a favor de contabilizar los votos en blanco. Germán Bidart Campos opinaba lo mismo. En cambio, María Angélica Gelli interpreta que la Constitución los excluye del recuento.

Todo ello presagia un final abierto, competitivo y complejo donde nada está dicho y cada detalle puede ser determinante. A todo esto habría que agregar al análisis que, en caso de haber segunda vuelta, no necesariamente todos los votos de la oposición serían traccionados directamente hacia Mauricio Macri; pero tampoco es un dato menor de cara al balotaje que el 60 % de los argentinos quieren un cambio.

Hace treinta y ocho años nací en un país que atravesaba una sanguinaria dictadura; en ese momento, solo tres países de América Latina contaban con democracias. Hoy, podemos estar orgullosos, tanto los argentinos como la mayoría de los latinoamericanos, de poder acudir a las urnas y elegir a nuestros gobernantes. Asimismo se ha visto enriquecida la democracia, porque volvemos a un modelo competitivo donde la alternativa puede ganar.

Aunque sean muchos los retos y desafíos a los que tendrá que hacer frente el nuevo Gobierno -una economía en problemas, la pérdida de relevancia en el escenario internacional, la necesidad de atraer inversiones, la creciente inseguridad ciudadana o el déficit en materia de infraestructuras-, no debemos perder la esperanza; porque si el pueblo argentino logró consolidar una democracia con estabilidad política, también podrá conseguir el bienestar y la prosperidad que se proponga. Menos de dos semanas nos separan de la decisión del pueblo argentino, un pueblo con vocación democrática que, con madurez, una vez más, elegirá a quien tenga la responsabilidad de conducir el futuro del gran país sudamericano.

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