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SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Cómo la URSS salvó a Inglaterra

Durante la batalla de Francia, Churchill vio enseguida que el ejército anglofrancés estaba siendo arrollado por el alemán, por lo cual se preocupó ante todo de salvar a los suyos, ante las protestas y críticas de los franceses, que se sintieron abandonados. Desde otro punto de vista, Churchill hizo bien, porque, por mucho que se empeñaran sus tropas, no podría resistir al contrario, y el desastre habría sido mayor aún.

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Churchill tenía una visión muy amplia. Consciente de sus escasas posibilidades frente a Alemania, pese a contar con el mayor imperio de la historia, basó su estrategia en aguantar hasta que Usa entrase en la contienda. Esto, sin embargo, no era seguro, porque trasladar un gran ejército a Europa resultaba difícil en extremo, la opinión pública useña estaba en contra y Roosevelt había prometido solemnemente no enviar tropas fuera. Claro que, al mismo tiempo, el presidente useño vulneraba las normas de la neutralidad, buscando provocar algún incidente con Alemania que le permitiera volverse atrás de su promesa, y trabajaba en todos los campos a favor de Londres. En todo caso, cuanto más se aplazase la intervención useña, más difícil se haría la posición inglesa. La batalla aérea había sido ganada por Inglaterra, que impidió así la invasión de su territorio, pero esta, a su vez, no podía soñar siquiera con invadir el continente (incluso tan tarde como agosto de 1942, la incursión limitada intentada en Dieppe resultó en una sangrienta derrota cuando 1.500 soldados alemanes masacraron literalmente a más de 6.000 anglocanadienses y algunos useños, sin incluir el numeroso personal en barcos y aviones); y entre tanto Inglaterra soportaba derrotas sucesivas en Grecia y el norte de África, frente a efectivos alemanes inferiores. Este hecho tampoco contribuía a animar a Usa a intentar una aventura de resultado incierto.

A la Wehrmacht se le abría la posibilidad de, con una fracción de sus fuerzas, avanzar por el norte de África hacia el Oriente Próximo, adueñarse de su petróleo y amenazar el Cáucaso por el sur. Claro que para ello tendría que desplazar también el grueso de su fuerza aérea y por lo menos gran número de submarinos al Mediterráneo. Esta posibilidad, la más económica para Alemania en aquellos momentos, fue desechada por Hitler, en parte por su mentalidad estratégica continental, en parte por considerar el Mediterráneo zona de influencia italiana.

Finalmente resolvió atacar directamente a la URSS. Churchill, que había sido uno de los mayores enemigos del comunismo, vio los cielos abiertos y debió de felicitarse de que Londres no hubiera declarado la guerra a Stalin cuando este se repartió Polonia con Hitler. La agresión germana convertía a los soviéticos en aliados lógicamente apreciadísimos de Inglaterra. No obstante, estaban muy frescas las experiencias de Francia, Grecia, Creta y Libia como para que no temiera que fuera a ocurrir lo mismo, aunque también podía extraer esperanzas del muy anterior desastre napoleónico en Rusia.

Comoquiera que fuese, la Wehrmacht cosechó victorias casi increíbles y rápidas en suelo soviético, y la esperanza de Londres se debilitó. Churchill llegó a pensar que allí se repetiría lo ocurrido en Francia, con algo más de tiempo y mayor masividad. Si los planes de Hitler se hubieran cumplido y sus tropas hubieran tomado Moscú y el Cáucaso antes de cinco meses, la posición británica se habría tornado realmente trágica. Pues desde el Cáucaso la Wehrmacht estaría en condiciones de penetrar por Irán, amenazar la India y dirigirse al Próximo Oriente, privando así a los ingleses de su petróleo y copando las cuantiosas fuerzas acumuladas por Londres en Egipto. Por tanto, el destino de Inglaterra dependía en aquellos momentos de la resistencia soviética, a la cual tampoco podía ayudar Churchill con suministros significativos.

No obstante, los rusos demostraron una voluntad de lucha muy superior a la de los francobritánicos en los otros teatros bélicos, superaron sus tremendas derrotas, aprendieron de la experiencia y aprovecharon los errores de sus enemigos. De modo que los objetivos hitlerianos se aplazaban semana tras semana y mes tras mes, hasta que un invierno muy crudo casi paralizó su ejército. No debe olvidarse que las temperaturas eran las mismas para los rusos, pero estos disponían de mejores ropas de abrigo y fabricaban armas más resistentes al frío extremo.

Aquel fue el momento culminante de la guerra, en el que la Wehrmacht estuvo muy cerca de una catástrofe no menor que la de Napoleón. Si ello no ocurrió se debió a que, pese a sus errores y a su desastrosa imprevisión, el ejército alemán seguía siendo el mejor del mundo, y los soviéticos no consiguieron destruirlo, si bien le hicieron retroceder y le ocasionaron un número de bajas que ya no podría reponer. La llamada Batalla de Moscú, que en realidad abarcó gran parte del inmenso frente, decidió por ello la guerra. La URSS había resistido, el Cáucaso estaba a salvo, un dato de valor decisivo tanto para los rusos como para los británicos; e inmediatamente Usa entraba en guerra por la agresión japonesa a Pearl Harbor. Desde ese momento la derrota de Alemania era solo cuestión de tiempo, aunque fuera capaz de nuevas y peligrosas ofensivas.

Churchill comprendió muy bien el valor de la resistencia dirigida por su entonces amigo Stalin. Más tarde definiría la ayuda a este como "la inversión que daba los mayores dividendos". Y no es de extrañar, pues la URSS absorbía el grueso absoluto del ejército alemán, lo que dejaba a los anglouseños en situación incomparablemente más desahogada. 

 

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