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CATALUÑA

Amaga y vámonos

Pocos catalanes debieron de escandalizarse cuando Duran i Lleida insinuó que López Tena amañaba sus protocolos notariales dejando hojas en blanco sobre la firma; eso sí, tal vez hubo quien enarcara las cejas al leer que el diputado de Solidaritat acusaba veladamente al democristiano de usar dinero público para financiar su vida sexual y premiar con cargos en la Administración a sus amantes y ex amantes.

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Tratándose de Duran y, sobre todo, tratándose de Cataluña, el chivateo de corrupción tal vez pesara menos que el prestigio sexual del aludido, cuya fogosidad, de puro superlativa, mereció el verbo financiar antes que el modesto costear o el ínfimo pagar. Más extraordinaria que esa virilidad de interés variable resulta la posibilidad de que, entrado el siglo XXI, todavía haya españoles que tengan amantes (¡y ex amantes!), lo que remite indefectiblemente al pisito que puso Maple, al armario de la Carrá o a los porteros automáticos de Sazatornil.

Tal es la única interpretación que, a buen seguro, habrá suscitado algún temblor en Cataluña, pues lo cierto es que, por lo demás, los lugareños nos hemos acostumbrado a las cansinas bravatas de nuestros políticos, consumados expertos en el arte de amagar sin golpear, de zaherir sin nombrar, de denunciar sin probar. Lo dicho: no hay titular más certero para aclimatarse a estos pagos que el que dejó esculpido Miguel Gila en uno de sus más felices monólogos: "Parece que alguien ha matado a alguien", cuya adaptación musical nos abocaría a una suerte de revival del grupo Jarcha: "Omertá, omertá, sin ira omertá...".

De algún modo, López Tena y Duran i Lleida no son más que la versión zafia (a medio camino entre Sálvame de Luxe y Pressing Catch) de una sucesión de trabucazos de fogueo cuyo episodio más excelso fueron las palabras que Pasqual Maragall dedicó a Artur Mas en marzo de 2005:

Ustedes tiene un problema y ese problema se llama 3%.

A lo que Mas, de quien sus compañeros de bancada esperaban un cínico "Mí no entender", dio acuse de recibo con una declaración a la que sólo le faltaban la ronquera y alguna que otra pausa dramática para que en el Parlamento sonaran los melancólicos acordes de Nino Rota:

Yo le pediría una cosa, y se lo digo con toda la modestia. Entre ustedes y nosotros, hemos de hacer cosas muy importantes en los próximos meses al servicio de este país. No lo olvide. Para hacer estas cosas importantes es muy necesario que un cierto círculo de confianza entre ustedes y nosotros siga existiendo, (...) y no se rompa, y con su última intervención esto se rompe. Usted envía la legislatura a hacer puñetas. Supongo que es consciente de ello, y le pido formalmente que retire esta última expresión.

Como es sabido, el intercambio de fantochadas terminó con un abrazo de Vergara de patio de colegio por el que el acusica Pascualín prometió al ultrajado Arturito que no volvería a propinarle más collejas y éste, entre sollozos de despecho y por el bien de la patria, le tendió la mano.

El rifirrafe entre López Tena y Duran i Lleida, por cierto, no ha concluido sino del mismo modo, esto es, con un broche impagable del primero, cuya retórica palermitana es, sin duda, más expeditiva que la de Mas:

De la misma forma que seguro que el señor Duran no se refiere a mí, yo tampoco me refiero a él.

El dicho de que los políticos españoles viven alejados de la realidad presenta en Cataluña una impecable concreción, lo que refrenda, una vez más, la profunda españolidad de su casta parlamentaria, inasequible a la amenaza baldía, al desafío estéril; adalid, en suma, de una concepción de la cosa pública por la que sus señorías son rehenes de sí mismas y los electores una mera hipótesis de trabajo. Protocolos notariales en blanco, amantes y ex amantes de curso legal o adjudicaciones al 3% no son sino tres brochazos de una tradición intimidatoria por la que, recordemos, "habrá consecuencias en caso de que no se apruebe el Estatuto" (Maragall, julio de 2008), "habrá consecuencias en caso de que ERC salga del tripartito" (Carod, mayo de 2006) o habrá consecuencias "si avanza la uniformización de España" (Pujol, enero de 2011).

Jordi Pujol.Ni que decir tiene que esta clase de relato no es más que la decantación de los 23 años de pujolismo en que el Gobierno catalán no ensayó más estrategia que la del chantaje, con el agravante de que el resto de España bendijo semejante práctica bajo subterfugios tan ennoblecedores como los de gobernabilidad, posibilismo, seny, pactismo. A Albert Boadella (al que en asuntos de lesa patria hay que prestarle tanta atención como a Mayor Oreja en materia de terrorismo) le asiste la razón cuando dice que España tiene gran parte de culpa de todo lo que ha sucedido y viene sucediendo en Cataluña. No en vano la prensa conservadora madrileña, acomplejada por el mito de la Barcelona parisién, no puso ningún reparo a que se calificara de "oasis" lo que, probablemente, fue la primera barra de Twitter que sentó plaza en España, con tweets que, aún hoy, forman parte del corpus de la tribu: "Hay que cambiar no ya cuarenta años, sino quinientos años de la Historia de España", "España no es como la URSS, pero Cataluña sí es como Lituania", "La lengua catalana es el ADN de los catalanes" o, ya en un registro más acorde con la proverbial decadencia de la región, "Al loro, que no estamos tan mal".

El (pen)último episodio de este peculiar toco y me voy es de hace apenas unos minutos. El presidente Mas, tras amagar durante la campaña con una transición al país de nunca jamás (léase, soberanía) y anunciar el viernes por boca de su portavoz que no descartaría una consulta popular durante esta legislatura, acaba de colgar el siguiente tweet en la cuenta colectiva Cataluña, SL:

No apostamos por un referendo porque no queremos crear un problema dentro de la sociedad catalana.

Noventa y siete caracteres que, puestos en castellano férreo, se quedan en 83: el independentismo es un magnífico negocio; la independencia quizás no lo sea tanto.

 

JOSÉ MARÍA ALBERT DE PACO, periodista.

http://www.albertdepaco.blogspot.com/

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