Menú
LA SOCIEDAD ABIERTA Y SUS ENEMIGOS

Camino (de servidumbre) al nacionalismo totalitario

La represión de las libertades ciudadanas y el proceso de sometimiento de toda la sociedad a los designios de una clase política que pretende instaurar la utopía fueron perfectamente diseccionados por Friedrich A. Hayek en Camino de servidumbre.

0
"El partido nacional socialista alemán dedicó sus esfuerzos a desgastar los cimientos de la democracia para aprovechar su decadencia y, en un momento crítico, obtener el apoyo de muchos que, aunque detestaban a Hitler, le creyeron el único hombre lo bastante fuerte para hacer marchar las cosas", escribió Hayek en esa obra. En la España democrática, el abandono del camino de la sociedad civilizada comienza cuando se logran imponer políticas de discriminación nacionalista en ayuntamientos y regiones sin que actúe el Estado de Derecho ni funcionen instituciones como la separación de poderes o la independencia judicial.
 
Las graves fisuras normativas que contiene nuestra ley básica han permitido que los nacionalistas dominen las fuerzas de la sociedad libre y guien a los ciudadanos hacia una supuesta "nueva libertad", que se alcanzaría en arcadias como las históricamente inexistentes Euskal Herria, Països Catalans y Galiza.
 
Hayek acierta al afirmar que la libertad de los nacionalistas no es más que "otro nombre para el poder o la riqueza" de ciertos grupos sociales organizados. Hoy en día los dirigentes nacionalistas emplean el idioma y la cultura regional, o simplemente la territorialidad, para alcanzar cotas de poder local cada vez mayores. Esos mismos individuos adoctrinan a la población en el sentimentalismo rupturista, enfrentándola así con las regiones vecinas y aglutinando a los desencantados en torno a un pensamiento único que busca la confrontación visceral en vez de la reflexión, la cooperación y la tolerancia.
 
Tanto socialistas como nacionalistas están intentando conducir "todas las actividades del individuo, desde la cuna hasta la tumba", mediante una legislación positiva que invade el ámbito privado de decisión y, poco a poco, destruye las garantías jurídicas sobre los derechos individuales que establece la Constitución.
 
Los recursos de las regiones y del país se ponen al servicio del partido y la utopía de turno. Pero, tal y como dice Hayek, la utopía colectivista exige por parte de la gente "la general aceptación de una Weltanschauung común, de un conjunto definido de [nuevos] valores".
 
La propaganda es, como destacaba el pensador austriaco, un elemento clave, ya que sirve para la consecución del Gleichschaltung, del pensamiento único:
Ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas.
De ahí la importancia que otorgan los colectivistas al férreo control de las fuentes de información. Así, en España muchos pretenden denominar "libertad periodística" a una pantomima consistente en conceder licencias y publicidad institucional a grupos empresariales bien conectados con los mismos políticos a los que deberían controlar en su ejercicio del poder.
 
El invierno mediático queda organizado en torno a una concertación de cuatro grandes grupos periodísticos privados (Antena 3, Cuatro, Telecinco, La Sexta), dos cadenas públicas nacionales y, con escasa cuota de pantalla, las cadenas autonómicas, también públicas. Y es curioso observar cómo todas las grandes generalistas centran sus informaciones en sucesos, noticias impactantes, los deportes y el tiempo, mientras dedican apenas cinco minutos a las noticias verdaderamente relevantes. Prácticamente se emplean cero minutos en contrastar análisis opuestos de los hechos que tienen verdadera trascendencia para el futuro del país.
 
Por supuesto, la mediocridad y la uniformidad extienden su influjo a los noticieros y programas radiofónicos y, en menor medida, a los editoriales y artículos de análisis de los periódicos. La mayoría de la población apenas puede apreciar ligeros matices y leves diferencias sobre el acontecer esencial para el devenir de la nación española. Las consecuencias morales de la propaganda controlada por un gobierno socialista, o, aún peor, por el nacionalismo con el que aquél se alía, son la destrucción de toda moral social y de la esperanza en la recuperación de las instituciones democráticas.
 
Cuando una región o un país son conducidos a los infiernos del totalitarismo, resulta paradójico cómo la palabra verdad pierde su significado auténtico y pasa a designar el pensamiento único, establecido por la autoridad. Surgen tribunales políticos, como el CAC (Consejo Audiovisual de Cataluña), que sirven para proteger la propaganda del régimen nacionalista al que sirven, con la inmoral aquiescencia de los representantes y tribunales ordinarios, ya sea cerrando emisoras de radio opositoras al régimen, otorgando licencias administrativas a grupos periodísticos afines al nacionalismo o actuando como censores en internet. Volvamos a Hayek:
Todo el aparato [colectivista] para difundir conocimientos: las escuelas y la prensa, la radio y el cine, se usarán exclusivamente para propagar aquellas opiniones que, verdaderas o falsas, refuercen la creencia en la rectitud de las decisiones tomadas por la autoridad; se prohibirá toda la información que pueda engendrar dudas o vacilaciones.
Sólo con medios de comunicación libres y críticos con el poder existe alguna esperanza para la reconstrucción de las instituciones democráticas, la defensa de los ciudadanos frente a la ofensiva excluyente y el rescate de nuestra precaria democracia del camino (de servidumbre) al nacionalismo totalitario.
 
 
© AIPE
 
ÁNGEL FERNÁNDEZ, miembro del Instituto Juan de Mariana.
0
comentarios

Servicios

Máster EXE: Digital Marketing & Innovation
España Baila Flamenco