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EL APACIGUAMIENTO, OTRA VEZ

Cómplices de buena voluntad

Irán, con bombas atómicas, es una gravísima amenaza para el mundo entero. Quizá la dura teocracia que lo gobierna ejerza su picardía hipócrita y no desate el apocalipsis desde su propio territorio. Quizás entregue esos explosivos genocidas a organizaciones terroristas afines, que los trasladarían a cualquier sitio del planeta para efectuar extorsiones sin paralelo. Estas organizaciones no cargan con la responsabilidad de un Estado y pueden llegar a inconcebibles desatinos.

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En las últimas décadas se ha repetido la imbécil política del apaciguamiento, la misma que en el siglo XX produjo decenas de millones de muertos y la destrucción de casi toda Europa y parte de otros continentes. Su emblema más elocuente fue el premier británico Neville Chamberlain, quien se mantuvo neutral frente a la guerra civil española para no irritar al nazifascismo; después, en la Conferencia de Múnich, cedió a Hitler los Sudetes; enseguida regresó a Londres haciendo revolear su sombrero, mientras exclamaba que había ganado una paz por cien años. No advertía que cada uno de sus gestos, llenos de paciencia y generosidad, aumentaba el hambre del agresor.

Durante demasiado tiempo el avance nazifascista no pareció grave, pese a que venía cumpliendo el terrible programa anunciado en Mein Kampf. La buena conciencia de muchos intentaba justificar esas agresiones como una respuesta lógica a la humillación que había impuesto el Diktat de Versalles a Alemania. Su rearme acelerado, la brutal discriminación racial, el desmoronamiento de las estructuras democráticas y un afán expansivo impúdico no fueron frenados con energía, porque no era políticamente correcto. Como ilustró Ingmar Bergman, se dejó crecer el huevo de la serpiente. En 1936 Hitler perpetró la ocupación militar de Renania, que asustó a los militares alemanes profesionales. Ellos temieron una inmediata reacción francesa.

Pero ni los franceses ni los ingleses hicieron nada. Antes de terminar el año, Hitler suscribió pactos belicosos con Roma y Japón, que tampoco suscitaron reacciones firmes. En 1938 se anexó Austria, ante el silencio cómplice de los apaciguadores. Por fin, ocurrió el sacrificio de los Sudetes. El 9 de noviembre de 1938 estalló la Noche de los Cristales Rotos, que dio una macabra vuelta de tuerca a la tenaz judeofobia que se venía ejerciendo sin el debido escándalo de la llamada civilización y que anunciaba, sin medias tintas, el Holocausto. Como final de todas estas concesiones y demoras, en 1939 empezó la Segunda Guerra Mundial. Chamberlain renunció y fue sucedido por Winston Churchill. El estúpido apaciguador murió seis meses después, retorcido por la culpa.

En Irán rige una teocracia medieval agresiva y fanática que no tiene el menor escrúpulo en manifestar su vocación de odio y anhelo exterminador. Su presidente habla ante la Asamblea General de las Naciones Unidas pese a que ha hecho reiteradas promesas de borrar del mapa a un miembro de la ONU. Ha rechazado colaborar con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Bajo la administración de esta teocracia se cometen crueles violaciones en materia de derechos humanos contra mujeres, minorías religiosas y personas con una orientación sexual diferente. Desde hace años, gasta recursos en una campaña destinada a la absoluta negación del Holocausto producido por la locura nazi. Apoya ideológica y militarmente las actividades de grupos terroristas que esparcen muerte y dolor, como los atentados cometidos en Buenos Aires en los 90. Impulsa un eje islamofascista internacional con líderes latinoamericanos que no sacan a sus pueblos de la pobreza y la ignorancia pero gastan fortunas en un psicótico armamentismo.

La teocracia iraní acaba de ofender al mundo nombrando ministro de Defensa a un fugitivo de la justicia argentina y de Interpol por su protagonismo en unos atentados que produjeron la muerte de 85 personas e hirieron a más de 300. Ahmadineyad viene de perpetrar un escandaloso fraude en las últimas elecciones, seguido por la represión furiosa de manifestantes, que dejó un tendal de muertos, torturados y humillados.

El vicecanciller argentino manifestó recientemente que las acusaciones contra funcionarios iraníes, y en especial contra el actual ministro de Defensa, no son un tema que concierna sólo a la justicia argentina. "El pedido de captura fue recibido y discutido en Interpol, y su asamblea consideró que tenía fundamento. Por eso declaró la alerta roja. La comunidad internacional es la que requiere que el ministro Ahmad Vahidi venga a declarar", agregó.

El fiscal demócrata del condado de Nueva York, Robert Morgenthau, acaba de denunciar que, desde 2006, Irán ha estado insertando asesores entre los militares venezolanos, a quienes enseñan con manuales sobre guerras asimétricas aplicadas por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria de Irán y los grupos terroristas Hezbolá y Hamás. El fiscal también reveló informes de que Irán ha estado construyendo y haciendo funcionar misteriosas fábricas en lugares tan remotos de Venezuela que carecen de servicios básicos como tiendas de comestibles pero se ejercitan para la guerra.

Así como en la Alemania y la Italia enajenadas por el nazifascismo hubo nobles resistencias internas, también en Irán crece el enojo contra la opresión que arruina a ese hermoso pueblo. Las pruebas son interminables. Elijo un caso. Se trata de Hana Makhmalbaf, perteneciente a una familia de cineastas. Con 21 años, ya es autora de una importante producción filmográfica. En el Festival de Venecia acaba de presentar Green Days, que refleja la lucha contra la tiranía en su país. Hana fue aclamada y efectuó unas declaraciones explosivas:

Yo soy sólo una más en esa lucha, y arriesgo lo mismo que los demás. El fraude electoral fue masivo: un sinfín de pruebas lo demuestran. En Irán se sabe que en las cárceles se tortura, se viola y se asesina.

Green Days se basa en las recientes elecciones y la consiguiente revolución verde (por el color de los pañuelos que lucían los protestatarios) que inundó las calles de manifestantes indignados por el fraude. "Primero hubo esperanza, una oleada de esperanza. No nos merecíamos lo que llegó después...". Hana confesó a El País de Madrid que no podía contar cómo había sacado el film de Irán, porque el circuito que siguió lo utilizan ahora otros directores. "En cuanto estuvimos fuera de Irán, nos instalamos en la casa de unos amigos y procedimos a su montaje lo más rápido posible".

La protagonista de la película se llama Neda. "Hay muchísimas Neda...". Neda es la joven estudiante de filosofía que abatieron las fuerzas de seguridad y cuya agonía fue capturada en un video de 40 segundos, emitido por la CNN, que se convirtió en un símbolo de la resistencia. "Mi familia está comprometida con esa causa desde hace 30 años. No es la primera vez que intentamos ser libres. Primero lo impidió el imán Jomeini y ahora Ahmadineyad, pero eso no va a hacer que la gente renuncie. Lo intentamos hace 30 años, volvimos a intentarlo hace 12 y hace cuatro. Nadie debe dudar de que volveremos a intentarlo en el futuro".

Al preguntarle por su papel en el movimiento opositor y los peligros que conlleva la militancia de su familia, la cineasta respondió: "No estoy sola en esta lucha. Arriesgo lo mismo que los demás. Pero algo es evidente –haciendo una pausa que anticipaba el énfasis de la sentencia que pronunció a continuación–: ¡no nos pueden matar a todos!". Y añadió: "Irán sufre un régimen militarizado, pero ni siquiera el gobierno podrá confiscar todos los ordenadores y los teléfonos móviles, y por ese motivo siempre acabaremos sabiendo lo que ocurre. De todas formas, algo va a pasar en mi país, y va a ser muy pronto: el pueblo no va a quedarse con los brazos cruzados".

Ahmadineyad hace mentirosas propuestas de negociación, pero no puede dejar de insistir en que nadie frenará la carrera atómica de su régimen. Las medidas diplomáticas y económicas que el mundo, tardíamente asustado, quiere poner en práctica han demorado mucho. Ya está muy crecido el huevo de la serpiente. Por ahora se lo recibe con todos los honores en la sede de la ONU. Muchos le darán la mano.


MARCOS AGUINIS, escritor argentino.
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