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LA BATALLA DE LAS IDEAS

El capitalismo democrático

En la batalla de las ideas habría que empezar por optar, en primer lugar, entre un sistema capitalista democrático y uno socialista. Lógicamente, mi apuesta es por el capitalismo democrático (Novak, 1982), sistema que a medio y largo plazo aumenta la riqueza de las naciones y la libertad de las personas, mientras que el socialismo fracasa.

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En esencia, el capitalista democrático es un sistema que descansa en estos tres pilares:
1) Un mercado libre basado en la propiedad privada, con derechos de propiedad bien definidos y protegidos. Hablo de un mecanismo de precios y beneficios que oriente la asignación de recursos de forma eficiente y en el que los participantes sean libremente responsables de sus acciones; de un régimen de libre empresa en el cada uno decida qué actividades va a desarrollar y asuma las consecuencias, sean positivas o negativas (es decir, sin esperar a que papá Estado le saque las castañas del fuego cuando las cosas vayan mal).

En esta organización económica el Estado es reducido pero fuerte, no interfiere en el funcionamiento de la economía de mercado, respeta el principio de subsidiariedad, tiene unas funciones claramente definidas en materia de justicia, defensa, seguridad, supervisa las reglas del mercado y provee de una red básica de seguridad social.

2) Un régimen de democracia liberal basado en la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), la igualdad de todos ante la ley, el respeto a los derechos constitucionales de las minorías y la garantía del derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad (de expresión, de educación, de religión, de movimiento...).

En la España de hoy día, casos como el del bar Faisán ponen en riesgo el Estado de Derecho y generan alarma social.

3) Unos valores y principios que sirvan de marco para el mercado libre y la democracia liberal. Hablo los valores y principios que definen la civilización occidental, derivados de Roma y la tradición judeo-cristiana.

Si éstos fallan, los sistemas político y económico pueden arrojar resultados perversos (corrupción, monopolio, explotación, etc.). De hecho, los fallos que normalmente se atribuyen a la economía de libre mercado y a la libre empresa son casi siempre debidos a fracasos en el sistema de valores éticos y culturales.
La diferencia fundamental entre el capitalismo democrático y el socialismo democrático reside en que éste no descansa en los tres pilares mencionados: en él, el poder político controla, más o menos férreamente, la economía, la cultura y las instituciones, y asimismo pretende dirigir mediante métodos de ingeniería social la conducta de los ciudadanos, que dejan de ser libres para convertirse en súbditos (por ejemplo, a través de asignaturas como Educación para la Ciudadanía, en su versión actual).

En la España actual, el grave problema al que nos enfrentamos es que tanto el poder como la oposición aceptan que no existe, de facto, una separación de los tres poderes, y libertades como la relacionada con la educación de los niños están tuteladas por el poder político. Tampoco existen unos principios o valores morales o culturales comúnmente aceptados, y el sistema socio-cultural se ve dominado por la dictadura del relativismo, o por un multiculturalismo disgregador. Además, los partidos consideran que el modelo económico que puede devolvernos al crecimiento sostenido y procurarnos niveles más elevados de bienestar es el socialdemócrata, ya sea en su versión radical (la del Gobierno) o en la más light del PP de Rajoy-Gallardón-Fraga.

Se trata, en el fondo, de dos variantes del más rancio peronismo-populismo, que no por fracasado ha perdido vigencia, y cuanto más fracasa más se insiste en su aplicación. Así, tras las burbujas creadas por el intervencionismo del Estado y el clamoroso fallo de los Gobiernos (Freddie Mac, Fannie Mae, Greenspan, etc.), lo que proponen es más intervencionismo y más control gubernamental. Pretenden combatir el alcoholismo a golpe de cubatas.


VICENTE BOCETA, técnico comercial y economista del Estado.

LA BATALLA DE LAS IDEAS: El ocaso de las ideas.
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