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PRECISIONES Y PUNTO FINAL

Juan de Mariana y los anti-lincolnianos

1. JCR titula su último artículo en esta polémica "Las inconsistencias del nacionalismo lincolniano". Me pregunto cuáles. Para inconsistencias, las del objeto de su particular culto, Juan de Mariana. Lucas Beltrán, en un sabio y equilibrado ensayo publicado en La Ilustración Liberal, destacaba varias.

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Comentando el discurso de Mariana "De mutationae monedae" (v. su Tractatus, Colonia, 1609), Beltrán escribía, en condicional: "Si no conociéramos ninguna otra obra del autor, no dudaríamos en calificarle de economista liberal (...) es posible que la mente del Padre Mariana no estuviera en cuanto a los [problemas] económicos y sociales clara". Y luego añadía: "No sabemos que nadie haya incluido al Padre Mariana en la Escuela de Salamanca". De hecho, parece que nunca visitó la ciudad del Tormes.

Cuando, en la segunda mitad del siglo XIX, Lincoln consolidaba la nueva nación: Estados Unidos de América, mientras se libraba una sangrienta guerra civil, en España Juan de Mariana suscitaba el interés de dos pensadores radicales y colectivistas: F. Pi y Margall y J. Costa. Al primero le interesaba sobre todo el republicanismo democrático y regicida del jesuita, aunque le reprochaba su teocratismo católico; al segundo, su idea del colectivismo agrario. Dos grandes escritores coetáneos de Pi y Margall y Costa, Juan Valera y M. Menéndez y Pelayo, percibieron y criticaron adecuadamente las inclinaciones ácratas confederalistas (no federalistas) del catalán y la utopía económica del aragonés.

Sigo pensando que las mejores síntesis del pensamiento de Juan de Mariana se encuentran en las obras del erudito alemán Ludwig Pfandl Historia de la Literatura nacional española en la Edad de Oro (1928) e Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado (1975), de mi maestro Antonio Truyol y Serra.

2. Es posible que lo que mueva a JCR y sus cofrades del Instituto Juan de Mariana sea precisamente ese acratismo anti-estatista, confederal, y utópico libertario en economía, nociones que subyacen en su crítica anti-lincolniana. De todas formas, se trata de un ejercicio pseudo-historiográfico presentista, eso de imaginar que Juan de Mariana era un liberal, con el significado que el término tiene en el presente. Un error similar al de Karl Popper cuando califica de totalitario a Platón en su obra La sociedad abierta y sus enemigos. Parece que los intelectuales austríacos más brillantes (F. Hayek sería otro caso), durante su estancia en la fabiano-socialista London School of Economics, no pudieron evitar una demencia temporal, que les incitó a este tipo ejercicios de teoría-ficción (el caso de George Soros, por supuesto no tan brillante como los anteriores, es el más patético, y su demencia se reveló permanente).

Leo Strauss, serio conocedor del pensamiento de Platón y admirador de Lincoln, y su discípulo Irving Kristol, es decir, el inspirador y el fundador, respectivamente, de la "secta neocon" (según Thomas DiLorenzo y Albert Esplugas, otro cofrade marianista de JCR), corrigieron oportunamente los excesos teóricos de Popper en filosofía política y de Hayek en economía. Esplugas escribe: "El propio Kristol no se consideraba a sí mismo liberal, ¿por qué tendríamos que considerarnos neocones los liberales?" (v. su artículo "¿Neocones o neoprogres?"). El autor debería saber que liberal, en EEUU, hoy significa progresista o socialista, mientras que neocon vale, precisamente, por liberal-conservador en el sentido europeo. Por su parte, DiLorenzo considera a Strauss y a su discípulo Harry V. Jaffa responsables de uno de los cultos sobre Lincoln que critica (Lincoln Unmasked, 2006).

3. Todo esto nos conduce a lo que ya he dicho o insinuado anteriormente: los marianistas son libertarios, no liberal-conservadores, y están más próximos a una concepción capitalista abstracta radical, ácrata (anti-estatista y anti-religiosa), una corriente típicamente posmoderna que procede de Nietszche, con muchas y diferentes variantes (como los objetivistas, los weberianos, los behavioristas, etc.); y, como los straussianos han diagnosticado oportunamente (el propio Strauss, Bloom, Mansfield, Berkowitz, etc.), son la expresión del nihilismo cultural contemporáneo.

4. Asimismo nos lleva, finalmente, al problema del nacionalismo político integrador, que parece producirle alergia a JCR y los suyos. No hay tiempo ni espacio para comentar rigurosamente los textos que se han traído a colación en esta polémica. Insisto en la importancia de la Declaración de Independencia (1776), donde se habla de "One People" para el futuro Estados Unidos de América, y la propia Constitución federal (1787), que arranca con el famoso "We the People": ambas siguen vigentes en la democracia norteamericana.

Los artículos de la Confederación fueron abolidos por consenso. El problema de fondo es muy claro: Jefferson, Madison, Calhoun, Jefferson Davis y los secesionistas de la Guerra Civil eran esclavistas. Por ello insistían en los "derechos de los estados", no en los de los individuos (los términos People y Population que se emplean en los textos remiten a individuos y personas, y por tanto también a los innombrables: los esclavos).

Las tesis de JCR, mutatis mutandis, entusiasmarán a los secesionistas catalanes, vascos, gallegos, a sus aliados anti-españolistas y, más modestamente, a los herederos de los tontos políticos decimonónicos, Pi y Margall y Salmerón (en opinión de personas tan diferentes como Valera, Lerroux y Cambó).

Y 5. Brevemente: no son comparables los cánones de la historiografía y la politología académicas norteamericanas –tan ricas y plurales– con los prejuicios de un grupo de marxistas politizados en la universidad española. Por cierto, tanto César Vidal (autor de una muy digna biografía de Lincoln) como Pío Moa, sospecho que estarían en este asunto de mi parte. El historiador norteamericano Forrest McDonald, que menciona JCR, es autor de una excelente biografía, claramente simpatizante pero sin caer en la hagiografía, de la bestia negra de T. DiLorenzo en la historia norteamericana, el verdadero fundador del federalismo y del capitalismo de Wall Street, además de uno de los pocos abolicionistas serios de la generación de los fundadores de la Nación, claramente una inspiración para Abraham Lincoln y el partido republicano: Alexander Hamilton.


SIGA AQUÍ LA POLÉMICA PASTOR-RODRÍGUEZ: "Abraham Lincoln: la consolidación de una nueva nación" (Manuel Pastor) – "Abraham Lincoln, forjador de una nueva unión" (José Carlos Rodríguez) – "Bicentenario de Lincoln e inicio de la era Obama" (MP) – "Lincoln, Obama y los conservadores" (JCR) – "Sobre el legado de Lincoln y otros cultos" (MP) – "Las inconsistencias del nacionalismo lincolniano" (JCR).
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