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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

El coñazo eres tú

El coñazo sois vosotros –o ustedes–, el coñazo es la vida política española, hospitalizada en clínicas, con sueros y morfina, para que el moribundo parezca en buena salud. El coñazo es Rajoy, su barba, y el aburrimiento que producen sus discursos, sus mítines, y sus comparecencias ante el patio.

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Lo del micrófono abierto, cuando lo creían cerrado, me recuerda una película de Elia Kazan, donde ocurre lo mismo, pero en la película se le deja abierto adrede, y además en la radio, para que millones de oyentes se dieran cuenta qué tipo de bestia adulaban. En el caso de Rajoy, no se dieron cuenta de nada, ni se dan cuenta de nada en cosas más importantes que un micrófono abierto a destiempo. (Claro que esa confesión privada sobre el "coñazo de desfile" se ha convertido en archipública).
 
Lo dicho, el coñazo es la vida política española, que va de mal a peor. Tengo la impresión, y algo así como un convencimiento, de que Felipe González no puede compararse, a menos de querer insultarle, con José Luis Rodríguez Zapatero, como tampoco se puede comparar a José María Aznar con Rajoy, a menos de querer insultarle. Y puestos a comparar, es aún más evidente que no se puede comparar a José María Aznar con Felipe González, porque si éste fue infinitamente más inteligente que Zapatero, también fue un bandido, hasta el punto de que se le prohibió volver a ser presidente de nada, salvo de sus negocios privados y de sus canicas. La estafa y el asesinato, por GAL interpuesto, son motivos para ir a la cárcel, desde luego, pero la real voluntad le salvó, a condición de que sólo se ocupara de su jardín japonés.
 
Cuando yo decía que Aznar era el mejor presidente de Gobierno que España había tenido desde hacía muchos años, algunos me contestaban: "Eso no significa nada". Lo siento, pero para España eso significó mucho. Y claro, Rajoy, ya entonces, se asustó, considerándole demasiado audaz en política internacional. El caso es que yo lamento que Aznar se mantenga ahora en esa postura de académico.
 
Miguel Ángel Aguilar.Coñazos los hay por doquier. Coñazo es, por ejemplo, Miguel Ángel Aguilar, quien en su columna del pasado día 14 en El País exige un trocito del Premio Nobel de Economía, ya que escribe: "Habíamos advertido, en línea con Paul Krugman..." ¿Por qué no se retira de una vez a un monasterio, y se calla? Coñazo es ese José Maria Lassalle, director espiritual de Mariano Rajoy y de Estudios del PP (se nota), quien en ese mismo diario global y ese mismo día se saca de la manga una paloma, un liberalismo centrado, moderado, socialdemócrata, radicalmente opuesto al "neoliberalismo libertario" (¿dónde está eso? Me apuntó en el acto), y elogia al presidente Kennedy, pero elogia lo peor de Kennedy, no faltaba más. No al hombre que dijo en Berlín, situado por los soviéticos: "Yo soy un berlinés!"; no al hombre que amenazó con declarar la guerra a la URSS si no retiraba sus cohetes nucleares de Cuba –y Jruschov los retiró–, no al presidente que prosiguió la Guerra en Vietnam, sino al conferenciante que pronunció banalidades, que Lassalle cita con entusiasmo. Por ejemplo: "Lo que está en juego en nuestras decisiones económicas" es la "gestión práctica de una economía moderna". ¡Y olé! Cosas así, Rajoy o Zapatero podrían firmarlas.
 
Yo, desde luego, me quedo con la fórmula de Ronald Reagan: "El Estado no es la solución, es el problema".
 
Zapatero.Como lo estamos viendo estos días, con el coñazo de la crisis financiera. Pero que nadie le pida a Lassalle elogiar a Reagan, le considera un enemigo. Él vota demócrata en los Estados Unidos, como vota –e inspira– al nuevo Rajoy en España. Una coherencia ideológica total en el corazón más tibio del centro. Y así van las cosas. Navarra, bueno, la UPN, se larga, los murcianos se resisten, Madrid camina por su cuenta, pero una de sus patas renquea, la del lado de la Alcaldía. Un coñazo.
 
Y para colmo Rajoy le dice amén a todo lo que le pide Zapatero. Ninguna manifestación contra ETA, pues ninguna manifestación contra ETA; unidad de todos frente a la crisis financiera, pues sí, unidad de todos frente a la crisis financiera. Y así, casi todo. Casi, porque en el problema del agua y los trasvases los egoísmos regionales, los más baturros, se disparan, hasta romper la sacrosanta disciplina de partido.
 
En este coñazo de crisis financiera, que tiene repercusiones negativas en lo que se califica de economía real, como si el dinero, las acciones, el "casino", como dicen algunos, no fueran reales, me llama la atención un detalle: los responsables de dos grandes organizaciones internacionales, onusianas y lo demás, encargadas de esa "regulación" tan exigida son dos socialistas franceses: Pascal Lamy dirige la OMC, y Dominique Strauss-Kahn el FMI, en teoría más directamente responsable de esta crisis, y que no dijo nada, no avisó de nada, no alertó a nadie, se instaló confortablemente en sus funciones de parásito global, y cuando los gobiernos de los EEUU y de Europa han tomado medidas urgentes, pero que pueden ser catastróficas a medio plazo, Strauss-Kahn, desde el cielito lindo de su sabiduría y de su butaca, ha soltado: "Necesitamos más Estado". Olvidándose, por lo visto, de que su jefe, no hace tanto, el presidente Mitterrand, en 1981-82 aplicó su fórmula de "más Estado" nacionalizando todos los bancos aún privados y el crédito, lo cual condujo a una crisis económica grave, y a tres devaluaciones seguidas de la moneda de entonces, el franco.
 
Y "más Estado" ya lo teníais, y muchos de los socialburócratas europeos y latinoamericanos lo exaltaban y lo ponían como modelo. Me refiero, claro, al todoestado de la URSS y demás países comunistas, que con su "planificación socialista de la economía" evitaban éste y otros tipos de crisis, salvo que las resolvían con la penuria de sus ciudadanos y la demanda de créditos a las organizaciones capitalistas internacionales, para no hundirse del todo. Y se hundieron, y se convirtieron al capitalismo, y ahora forman parte de esos países emergentes que triunfan, no, desde luego, en el terreno de la democracia, en el terreno de la economía capitalista.
 
Lo único sensato que ha dicho Rajoy desde que se metió en política fue precisamente del "coñazo de desfile". En cuanto a todo lo demás, el coñazo es él.
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