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ECONOMÍA

¿Europeseta?

Es un tanto absurdo plantearse si España suspenderá pagos o si, en cambio, será rescatada, pues, de hecho, ya ha sido rescatada: desde mayo, Alemania nos protege del granizo de nuestra insolvencia. El Banco Central Europeo está haciendo compras regulares de nuestra deuda, y hay un fondo de 750.000 millones de euros destinado a tapar nuestros agujeros.

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La cuestión es, pues, si la cosa irá a más –si el BCE continuará monetizando nuestra deuda, si se hará un uso real del fondo de rescate...– o si, por el contrario, franceses y alemanes dejarán que nos vayamos al garete. Dado que no tengo una bola de cristal, me limitaré a constatar lo evidente: Francia y Alemania no están interesados en que quebremos, por un motivo muy sencillo: les debemos 400.000 millones de euros. Así que, antes de asfixiarnos, tratarán –ya están en ello– de abaratarnos los intereses (por ejemplo, con la monetización de la deuda por parte del BCE) o de concedernos una prórroga en los vencimientos de las obligaciones (comprado deuda pública española a un mayor plazo a cargo del fondo de rescate).

Sin embargo, ni franceses, ni alemanes... ni nadie que tenga una mínima cultura financiera seguirá enchufándonos dinero si llega a la conclusión de que ni con unos intereses más bajos y unos plazos más largos llegaremos a pagar toda nuestra deuda. Llegados a este punto: el de la insolvencia irreversible de España, poco les importará si nos llevamos por delante a sus bancos: puestos a rescatar, preferirán hacerlo con los bancos alemanes que con los manirrotos, dispendiosos e incorregibles gobernantes españoles.

De ahí que la reducción del déficit mediante la contención del gasto y la liberalización de los mercados sea algo de acuciante necesidad. Nos jugamos nuestra solvencia –que "el corazón de Europa" acepte rescatarnos–... no a corto, sino a largo plazo. En esas estamos, y de momento ni estamos siendo especialmente austeros (seguimos gastando aproximadamente el doble de lo que ingresamos) ni hemos liberalizado nada. Continuamos inmersos en el infierno socialista, y no falta mucho para que nos abrasemos por ambos lados.

Más dudas tengo, al menos de momento, sobre la verosimilitud de los rumores acerca de la creación de una europeseta, un euro débil o un euro basura, o como queramos denominarlo. Desde luego, la ocurrencia hará las delicias de los entusiastas de la devaluación inflacionaria, pero no veo cómo mejoraremos nuestra solvencia asociándonos monetariamente con otros Estados tan fiables como Portugal o Grecia.

La escisión monetaria está lejos de ser el bálsamo de Fierabrás que los inflacionistas ansían. Si la europeseta valiera, por ejemplo, un 20% menos que el euromarco –con ese absurdo objetivo de lograr una deflación interna vía destrucción de la moneda–, ¿en qué divisa pasarían a cobrarnos las deudas los bancos franceses y alemanes? Si nos fuerzan a pagar en euromarcos, de facto nuestras deudas exteriores se incrementarán en torno al 20% con la división monetaria, lo que sólo empeorará las cosas: nunca en la historia la solvencia de un deudor ha mejorado al incrementarle el importe de sus gravámenes. Si, en cambio, nos permitieran amortizar nuestras cargas exteriores con europesetas, los bancos franceses y alemanes recibirían una moneda basura de un valor un 20% inferior al del euromarco; es decir, les estaríamos impagando de facto el 20% de nuestras deudas.

¿En qué sentido, pues, la escisión monetaria evitaría las tan temidas consecuencias de la quiebra de España?

Convendría que todos tuviéramos muy claro que, a efectos prácticos, las consecuencias de una quiebra o de una devaluación son idénticas para los acreedores. Es de esperar que franceses y alemanes sean conscientes de este pequeño detalle, que atañe a sus cuentes de resultados de manera muy directa, de modo que dudo mucho de que exista esa tercera opción frente a la quiebra o al rescate.

Ojo: no quiero negar la posibilidad de que España sea expulsada en un futuro del euro; sólo afirmo que ese escenario sería, en todo caso, una de las consecuencias que tendría la quiebra de nuestro país, no una alternativa a la misma. Es más, la expulsión del euro sería una forma de materializar nuestra quiebra y de impagar parte de nuestras obligaciones.

De momento, no creo que nuestros acreedores tengan motivos para tirar cohetes. Si se convencen de que hemos caído definitivamente en el mal griego, entonces no habrá vuelta atrás y cualquier escenario será posible. Lo que hace dos años muchos ni siquiera llegaban a imaginarse, pese a que algunos ya les avisábamos de los riesgos de no reducir el déficit y liberalizar los mercados, va tomando cuerpo poco a poco. Dentro de otros dos años puede que sólo nos quede el mal consuelo de repetir: "Os lo dije".

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