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DRAGONES Y MAZMORRAS

La mies es mucha

Estas semanas, a pesar del calor, son de una actividad cultural frenética. Curiosamente, no ha sido en el recinto ferial del Retiro donde más me he prodigado, a pesar de las numerosas tentaciones (ahí hace más calor que en ninguna otra parte) pero algunos amigos feriantes, pertenecientes además al grupo de los pequeños editores periféricos, me han contado que este año ha sido un exitazo de ventas, hasta el punto de que en un solo fin de semana lograron más beneficios que en toda la feria del año pasado.

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La Feria del Libro de Madrid va viento en popa y eso es bueno para todos. Al frente de la misma ya no estará Antonio Albarrán sino Teodoro Sacristán, que tiene la ventaja de no estar implicado directa o indirectamente en el comercio de libros, ni a plazos, ni al contado. Me consta que aunque oficialmente aún no había entrado en posesión de su cargo (ocurrió justo al final de la Feria), Sacristán se ha pasado al pie del cañón los quince días, dirigiéndolo todo in pectore. En cuanto a las firmas, a pesar de la amenaza de algunas librerías de que sólo aceptarían autores que les garantizaran al menos veinte, la mayoría se lo ha tomado a beneficio de inventario, afortunadamente, y muchos autores, por otra parte excelentes, han podido conocer el inapreciable baño de humildad que supone no firmar más que a familiares y amigos. El que consigue superarlo sin complejos y vuelve al año siguiente, es un escritor de verdad. Los demás, o unos vanidosos o simplemente autores —que no escritores— de ocasión.
 
En cuanto a los actos colaterales todo quedó para mí, debido al condenado calor, en buenas intenciones. Al analizar las ofertas pude comprobar que, una vez más, fueron los traductores quienes mejor supieron responder, por razones obvias, al lema de este año, “Europa se construye con libros”. Con gran acierto, la asociación de traductores, que responde a las siglas Acett, organizó toda una serie de encuentros entre escritores de los nuevos países miembros de la UE, y a sus respectivos traductores. Un soplo de aire fresco. Esos ciclos, creo que han sido cuatro, han reunido autores de última generación, como el húngaro Laszlo Kraszanahorkai, (traductor Adan Kovacsics), o los escritores eslovenos, Alojz Ihan, poeta, Andrej Blatnik y Drago Jancar, narradores, con Matías Escalera y Marta Drobnic, como traductores. La guinda la puso el diálogo entre Fernando Savater y Katarzyna Adamska, su traductora al polaco de Política para Amador. A ver si los flamantes eurodi(s)putados se van dando cuenta de que si Europa se construye con libros, sólo se puede hacer traduciendo.
 
Pero aunque la Feria del Libro de Madrid cerraba sus simbólicas puertas el pasado domingo, la feria de los libros seguía su vertiginosa andadura –la mies es mucha– por los recintos habituales y aledaños. Y así, mientras en el Círculo de Bellas Artes se celebraban cuatro o cinco actos paralelos, en la Residencia de Estudiantes ocurrían otros tantos, siendo objeto de mi especial interés en este último centro, la Exposición sobre la extinta editorial Ruedo Ibérico, a cuya inauguración asistí. Tenía numerosas razones para hacerlo. La primera, y tal vez la principal es de tipo sentimental y pertenece a mi más remota juventud, cuando en los primeros años de la editorial (creada en París, en 1961), tuve la oportunidad de empaquetar algunos libros, así como de pasarlos a España de estrangis, labor que hice esporádicamente, como de correturnos, durante los pocos años que residí en esa ciudad, pero que me emocionó mucho por lo que tenía de clandestinidad. Por eso, y para representar a mi hermano, empaquetador primero, y traductor de Castoriadis después, para esa editorial y para otras, y también para representar a nuestro colega Carlos Semprún Maura, que dirigió la colección “El Viejo Topo” y publicó, con el seudónimo de Lorenzo Torres el libro ¿Socialismo o burocracia? El fin de un mito, me presté gustosamente a aparecer en la foto que, al final de la inauguración propiamente dicha, se hizo en los jardines de la Resi, a los supervivientes de la editorial, que eran muchos, entre los más conocidos, y para no extenderme demasiado, pues el espacio apremia, mencionaré a Ian Gibson (La muerte de García Lorca. La represión nacionalista de Granada en 1936) y Nicolás Sánchez Albornoz, fundador, junto a José Martínez, de Ruedo Ibérico.
 
Las otras razones son de índole cultural y, más en particular, sociológico, pues esta editorial, en la que había de todo, anarquismo, propaganda pro etarra (Eva Forest publicó con el pseudónimo de Julen Aguirre su libro Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco, 1974)), filosofía progre (Xavier Domingo, Erótica hispánica, 1972) comunismo y anticomunismo, es quizás una de las empresas más representativas de la oposición antifranquista, algunos de cuyos principales y ya periclitados tópicos son los que se han transmitido a generaciones más felices, sin contarles de la verdad, la media. Pero ya saben, en este país, o progres o nada.
 
 
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