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DRAGONES Y MAZMORRAS

La nueva vida de Sánchez Ferlosio

A estas alturas todos conocerán el notición: Ferlosio premio Cervantes. El mundo de la especulación literaria se ha visto conmovido por lo que todos califican de sorprendente fallo del Jurado. Cegados por la filiación leonesa del poeta Antonio Gamoneda, el supuesto candidato del presidente Rodríguez, por la insistente candidatura de Juan Marsé, apoyado en tantos y diferentes frentes, no han visto venir lo inevitable: que el Ministerio de Cultura tenía su “tapado”, el candidato perfecto para un gobierno tan confuso y voluble como éste: Rafael Sánchez Ferlosio.

A estas alturas todos conocerán el notición: Ferlosio premio Cervantes. El mundo de la especulación literaria se ha visto conmovido por lo que todos califican de sorprendente fallo del Jurado. Cegados por la filiación leonesa del poeta Antonio Gamoneda, el supuesto candidato del presidente Rodríguez, por la insistente candidatura de Juan Marsé, apoyado en tantos y diferentes frentes, no han visto venir lo inevitable: que el Ministerio de Cultura tenía su “tapado”, el candidato perfecto para un gobierno tan confuso y voluble como éste: Rafael Sánchez Ferlosio.
Si conocen mínimamente la miscelánea cultural que hay en la batidora mental de quienes rigen los destinos oficiales de las letras, entenderán que no podía ser de otra manera. Como no se lo podían dar a María Zambrano, primero porque está muerta, y segundo porque ya se lo dio en su momento Semprún, en la lógica paradójica que impregna todos los razonamientos del ejecutivo, el mejor candidato era, no cabe duda, el autor del Jarama y del Alfanhuí. Sin tener nada que ver la una con el otro, ambos son los dos iconos culturales perfectos de la mentalidad gobernante: confusos, pesados, solitarios y también, a su extraña manera, solidarios. Si hablo de paradoja es porque no deja de ser una y muy gorda que doña María, cristiana confesa y católica de pro, sea la musa de Carmen Calvo, tan laica ella, y tan intransigente con todo lo que huela a religión, pero debe de ser un aspecto que no le han debido de explicar bien sus asesores. No es éste, el de la religiosidad, el problema de Ferlosio, sino uno muy diferente relacionado con sus arrebatos lírico-políticos que lo acercan a una postura muy próxima del radicalismo carca, y no deja de ser curioso que así lo hayan entendido algunas personas del extranjero que sólo conocían de su vida sus obras y no sabían nada de su amistad con Felipe González y sus famosas veladas culturales en la bodeguiya (hay una foto espléndida que perpetúa esos momentos) junto a su ex cuñado Javier Pradera, y los periodistas Miguel Ángel Aguilar y Juby Bustamante.
 
Mis felicitaciones pues, al Ministerio de Cultura, y a su muchachada zambranoferlosiana, que han metido un gol de mucho cuidado a la cultura- oficial consensuada como de izquierdas, llevada por su entusiasmo hacia la literatura y la filosofía puras y duras. Ni Fernando Sánchez-Dragó, que tiene mucho olfato, ni ninguno de los contertulios que llevó a su programa “Las Noches Blancas”  Telemadrid (donde se anticiparon al Jurado de verdad celebrando un concurso paralelo que les salió rana) se les ocurrió tamaña eventualidad, a pesar de que el presidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra mencionó hace unos meses la necesidad de dar el Cervantes a Ferlosio, el cual, aunque nacido en Roma, ha vivido siempre de sus rentas de terrateniente extremeño, y a mucha honra. Aunque me imagino que también El Jarama, la única obra de su pluma que se vende constantemente, habrá contribuido a su manutención, así como los ya más de cinco o seis premios que lleva ganados a lo largo de su carrera literaria. Esta última, como también todos saben, está rodeada de un aura especial, de una leyenda que quienes lo conocimos hace años, cuando era una promesa frustrada que no parecía conseguir cruzar el Jarama, le envolvía como un misterio y agrandaba su figura más allá de lo que la envergadura de su obra permitía explicar. Antes del premio Nadal había publicado un libro que todos consideran el mejor,  Industria e inquietudes de Alfanhuí, obra que, por cierto, Ricardo Senabre, en el artículo que ahora le dedica en el ABC, atribuye a la influencia paterna, en particular a la  grandísima novela de Rafael Sánchez-Mazas, La vida nueva de Pedrito Andía, publicadas ambas en el mismo año. Pero a pesar de no publicar –estoy hablando de los años 60 y recuerden que tuvo el Nadal en 1956– se susurraba que tenía baúles llenos de manuscritos a los que muy pocos tenían acceso. Ferlosio era por aquel entonces un hombre que le gustaba rodearse de juventud admirativa y que sentaba anticátedra en cafés, en el Ateneo de Madrid, e incluso en la cocina de su casa, como también lo hacía, por su lado su por aquel entonces mujer, Carmen Martín Gaite. Los baúles se fueron abriendo posteriormente con el resultado de todos conocidos configurando una de las obras más densas y a mi entender soporíferas, que nos haya sido dado soportar desde, y aquí volvemos a las asociaciones de ideas ministeriales, María Zambrano. Otro año más, Luis María Ansón vuelve a la carga en su Canela Fina denunciando la politización del premio Cervantes, lo que a mi entender es un hecho indiscutible mas no por ello particularmente censurable. ¿Qué el 70% del Jurado lo nombra el gobierno? Dado que es un premio estatal parece inevitable. Desde luego la solución no es entregar el Jurado a las Academias ni a las corporaciones gremiales, sometidas a pasiones mucho más bajas y comerciales que las que puedan mover a un selecto grupo de asesores ministeriales.
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