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DRAGONES Y MAZMORRAS

Ladran, luego cabalgamos

No creo que haya habido un solo premio Cervantes que no haya suscitado polémica, sin embargo en este caso, el único que parece haber entrado en picado es el El País.

Yo tenía la intención de dedicar una crónica entera a la Feria del Libro de Guadalupe, sobre la que narran y no paran, pero caigo en la cuenta de que carece ya de actualidad. Resumo, pues, brevemente, lo que se ha reflejado en la prensa española, que es terriblemente incoherente. Al parecer Cuba, la invitada de honor a la feria mexicana, lo ha pasado rematadamente mal, de lo que me congratulo especialmente, pero es más una deducción que la consecuencia lógica de le lectura de la prensa española. He
leído y releído la crónica de ABC y he entendido a trompicones, exactamente igual a como está escrita. Lo mejor de ella es la fotografía que la ilustra en la que se ve al ministro cubano de Cultura tirándose de los pelos, o como dice educadamente el pie de foto, mesándose los cabellos. Deduzco de ese galimatías que el asunto tiene que ver con algo relacionado con la revista mexicana Letras Libres, de cuya presentación en España les hablé no hace tanto y que, deduzco, fue prohibida en Cuba o al menos boicoteada. Una vez más queda de manifiesto que todo lo que se haga en favor de Cuba tiene que hacerse desde fuera y contra el Gobierno. Vaya esto por delante y ahora entro en materia más candente.

Ya tenemos premio Miguel de Cervantes y este es de los buenos. Se trata de José Jiménez Lozano y como no podía ser menos ha despertado su correspondiente polémica, de la que prácticamente sólo se ha hecho eco El País, que lo considera “el más anunciado de su historia”. Quizás, si enumero a los ganadores desde su fundación (Orden de creación de 15 de septiembre de 1975 del Ministerio de Información y Turismo, cuyo titular por esas fechas era León Herrera, el mismo que dos meses después comunicaría al mundo entero la muerte de Franco) les refrescaré la memoria: bajo UCD: Jorge Guillén, Alejo Carpentier, Dámaso Alonso, Jorge Luis Borges y Gerardo Diego, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, Luis Rosales; bajo el PSOE: Rafael Alberti, Ernesto Sábato, Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Buero Vallejo, Carlos Fuentes, María Zambrano, Augusto Roa Bastos, Adolfo Bioy Casares, Francisco Ayala, Dulce María Loynaz, Miguel Delibes, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela; bajo el PP: José García Nieto, Guillermo Cabrera Infante, José Hierro, Jorge Edwards, Francisco Umbral, Álvaro Mutis y ahora Jiménez Lozano.

No recuerdo ahora exactamente a raíz de que supuesto “escándalo”, que se consideró mayúsculo en su día, el Ministerio de Cultura decidió dejar de nombrar directamente al jurado y recurrir a otras instituciones culturales del Estado (en el momento actual pueden presentar candidatos las Academias de la Lengua Española —este año por la parte americana, tocaba la de Cuba—; los autores premiados en la anterior convocatoria —Álvaro Mutis excusó su presencia— las instituciones “que por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana” y, por último, los miembros del jurado), pensando ilusoriamente, que al diluirse las responsabilidades, se calmaría la cosa. Les digo de antemano que eso no lo conseguirán hasta que echen el premio a las fauces de las organizaciones privadas, tales como asociaciones y gremios de libreros, escritores y editores, que no pararán hasta conseguirlo.

El caso es que no creo que haya habido un solo premio Cervantes que no haya suscitado polémica, sin embargo en este caso, el único que parece haber entrado en picado, como les digo, es el El País, cuya principal fuente (que su corresponsal se encargó de sacar a relucir en la propia rueda de prensa) es una especie de libelo que ha circulado por todos los medios en el que se denuncia “el escándalo” y se apela al testimonio de una serie de conocidos escritores (algunos de ellos candidatos al Cervantes) cuyo nombre no reproduzco para no incurrir en un posible delito de difamación pues, según contó el citado periodista, si no lo publicaron en el periódico fue porque algunos de esos escritores negaron haber prestado su nombre al autor del emilio, un neoyorquino al parecer muy puesto en nuestros adentros literarios. Lo más divertido es el anuncio de que en su día se darán a conocer el detalle de las “absurdas votaciones”, según las denominó (siempre según el libelista) el secretario perpetuo de una de nuestras asociaciones de escritores. Mientras tanto, José Jiménez Lozano seguirá escribiendo unos cuantos volúmenes para la historia de la literatura española. Ladran, Sancho, luego cabalgamos.

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