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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Los primeros compases

Me encantaría pensar que los gobernantes a los que voté no me tienen por tonto. Pero no puedo, no hay caso.

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 La verdad es que en Rajoy no había puesto yo el entusiasmo que, en su día, puse en Alfonsín, por ejemplo (esto de las dos patrias sigue siendo un problema, pero ilusiones se hace uno con ambas). Rajoy tenía, como el argentino en su día, la posibilidad de hacer algo más parecido a una revolución que a un gobierno cualquiera. Una revolución liberal, se entiende. Podía, tenía todo a su favor, empezando por una población cansada y dispuesta a hacer la experiencia de la que le habían hablado. Pero a medida que pasan los días —no hace falta que sean cien para saber de qué pie cojea un dirigente— se ve que la cosa no pasa por ahí. Este primer gobierno Rajoy, el de un partido en el que no faltan liberales, es un modelo de socialdemocracia.

Por si hubiera dudas acerca de la voluntad continuista de esta gente, se empezó, juramento tras juramento de nuevos ministros, por hacer hábito del panegírico del predecesor. Por ejemplo, el señor de Educación y Cultura, que viene de Demoscopia, empresa afín al grupo Prisa, y cuyo currículum poco tiene que ver con la docencia, se esmeró en decirnos en su toma de posesión que Gabilondo había sido un ministro cojonudo. Oído lo dicho por el nuevo, pareciera que no hacía falta cambiar al viejo. Lo cual es toda una declaración de principios.

Pero si faltaba una guinda en el pastel, ahí tenemos a Carmen Vela.

Esta señora participó de uno de los episodios más grotescos del zapaterismo, el que impuso la moda de subrayar la ceja (izquierda) de un amplio sector del artisteo español a imitación de la pelambre superciliar circunfleja del líder máximo. Un guiño, una muestra de simpatía perentoria por el (nefasto) personaje, la zeja. No se contuvo doña Carmen tampoco a la hora de proporcionar el argumento científico de que un feto no es un ser humano, amén de enfrentarse con armas y bagajes a los firmantes del "Manifiesto de Madrid". Del mismo modo, ha sido defensora de las cuotas paritarias femeninas en la política, en la empresa y donde toque. Hace unos días afirmó sin rubor en ABC que la ciencia tiene como fin último "la creación de trabajo" (sic). Uno, viejo ilustrado, pensaba que era al contrario, que de lo que se trataba era de ahorrarle un poco de esfuerzo a esta sufrida especie nuestra.

Vamos, que Carmen Vela es el epítome del desvarío zapaterista. ¿Por qué la ha elegido el señor Rajoy para que se ocupe nada menos que de Investigación, sabiendo como sin duda sabía que iba a ser contestada?

¿No tenía el Partido Popular cuadros suficientes para armar un gobierno propio, es decir, sin acudir a personajes comprometidos con un modo de hacer las cosas que los españoles hemos rechazado de manera explícita y abrumadoramente mayoritaria? ¿Hacía falta, encima de elogiar a los que se iban, quedarse con alguno? Y la señora Vela, que tantos desvelos dedicó a la perduración del anterior presidente, ¿no siente siquiera un poquito de vergüenza al asumir su nuevo puesto?

Lo pregunto de manera retórica, porque nadie va a contestar. Rajoy persiste en sus vicios de partido cuando ya está en el gobierno: guarda silencio, manda a otros al frente, no explica, no lidera. Malos hábitos, ya inconvenientes cuando de respetar a los militantes se trataba, y decididamente inadecuados cuando de la ciudadanía en general se trata, cuando se presume la publicidad de los actos de los gobernantes en una democracia: publicidad no implica únicamente transparencia, también apariencia de transparencia. Aquello de la mujer del César.

Votamos un cambio integral, una ruptura con la podredumbre precedente, y resulta que nos ponen delante la continuidad. Esto no quiere decir que todo el PP vaya por la misma vía. En estos días ha corrido el rumor de que, mientras el gobierno central sube el IRPF, la Comunidad de Madrid, en su tramo autonómico, está decidida a bajarlo, consecuente con su planteo liberal y sin entrar en déficit. Cospedal ha recogido el guante y ha dicho que si los números le dan a Aguirre, adelante. No cabía otra.

Nadie, desde 1982, ha tenido tanto poder como Rajoy, a nadie se le confirió tanta autoridad, que no sólo legitimidad. Y no la está usando. Para nada.

No quiero hablar de todos los ministros, algunos de los cuales no merecen censura alguna. Pero sí del método de selección de los mismos. Y basta un ejemplo: ¿por qué en un país como España, que tiene el terrorismo local e internacional entre sus problemas esenciales, no escoge a un experto —y no faltan en el PP— para la cartera de Interior? ¿Por qué en ese puesto Jorge Fernández Díaz, que manejó a su antojo el Partido Popular en Cataluña durante años, dando muestras palmarias de ineptitud para ese desafío? ¿Por qué suponer que un hombre que no añadió un solo voto a su organización cuando tenía que hacerlo va a ser ahora ministro de un ramo tan complejo?

Y no digo más. Aún abrigo la esperanza de poder aplaudir.

 

vazquezrial@gmail.com www.izquierdareaccionaria.com

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