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CATALUÑA

Los trenes ya chocaron

Los talibanes secesionistas pronostican, un día sí y otro también, que se producirá un choque de trenes si la sociedad española, representada por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, no cede a sus chantajes en cuestiones tan críticas como el pacto fiscal y la enseñanza monolingüe en las escuelas catalanas.

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El choque de trenes, mortal, además, ya produjo. No en Cataluña, todavía, pero sí fue consecuencia de la ignorancia provocada por la fobia a la lengua común. La Vanguardia (30/3/2001):

Un problema de incomprensión lingüística entre empleados de la compañía ferroviaria belga SNCB contribuyó al choque frontal de dos trenes que costó la vida a ocho personas el pasado martes cerca de Bruselas, según fuentes de la empresa.

Minutos antes del accidente, el responsable del cambio de agujas de Wavre –de donde partió uno de los trenes– hizo un último intento para evitar el choque previniendo a su colega de Lovaina, lugar de salida del otro, con unos 80 pasajeros a bordo, pero no se entendieron.

Leen Uyterhoeven, portavoz de la empresa pública SNCB (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Belgas), informó ayer de ese problema de comprensión por motivos idiomáticos tras examinar la grabación de la conversación. Wavre se encuentra en el Brabante valón, francófono, y Lovaina en el Brabante flamenco. "De la grabación se deduce que no hubo mala voluntad por parte de ninguno de los dos empleados, sino una mala comprensión" al no hablar uno de ellos correctamente el francés, explicó la portavoz de la SNCB.

Catástrofes aéreas

La fobia al castellano, reflejada en la enseñanza monolingüe, que los talibanes secesionistas definen como una de las líneas rojas que nos separan del choque de trenes, aunque finalmente lo provoquen, como en Bélgica, podría haberse convertido en el detonante de algo aun peor: una o más catástrofes aéreas, si se hubiera aprobado una proposición no de ley que el entonces diputado, y hoy alcalde de Barcelona, Xavier Trías i Vidal de Llobatera presentó en el Congreso. Según informó El País (21/2/2002),

la propuesta defendía la posibilidad de que los pilotos utilizaran el catalán o cualesquiera otra de las lenguas peninsulares (gallego y vasco) cuando sobrevolaran el espacio aéreo de las comunidades autónomas donde estos idiomas sean también oficiales. Es decir, sobre Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana, en el caso del catalán; Galicia para el gallego; y las tres provincias vascongadas, para el euskera.

El diputado de CiU, Jordi Martí, hizo una "tímida defensa" de la proposición no de ley, y después la retiró al comprobar que el resto de los grupos creían que se trataba de "una tontería" y pensaban votar en contra. Sospecho que en esa retirada también debió de influir el lobby de las compañías aseguradoras, espantadas por la perspectiva de tener que indemnizar a centenares de víctimas de los accidentes provocados por tamaño desatino sectario.

Incordios tribales

El afán de los secesionistas catalanes por marcar diferencias, en este caso lingüísticas, con el resto de España los obliga a realizar un simulacro de tolerancia con su propia fuente de incordios tribales: los araneses.

Josep M. Fradera aborda con su proverbial rigor, no desprovisto de ironía, el tema del valle de Arán (La pàtria dels catalans, La Magrana, 2009). Traduzco del catalán:

Según el Estatut, en el artículo 11, el Arán "es un pueblo" y, por consiguiente, "ejerce el autogobierno". Esto es así en la medida en que es reconocido como "una realidad occitana de identidad cultural, histórica, geográfica y lingüística, defendida por los araneses a lo largo de siglos". Por tanto, y coherente con esta definición, el Estatut "reconoce, ampara y respeta esta singularidad y reconoce el Arán como entidad territorial y singular dentro de Cataluña la cual es objeto de una particular protección por medio de un régimen jurídico especial" (...) No está de más observar de qué manera se enfoca la resolución de la diferencia aranesa. Tal como es presentada, sólo le falta la definición de realidad "nacional", ya que dispone de muchos de los requisitos que se consideran indispensables: territorio, lengua, historia e identidad. Infortunadamente, la definición de Arán como nación depende de otra nación, y esto ya se sabe cómo acaba. Estamos de nuevo en medio de la pesadilla de las muñecas rusas (...) Para tener más libertades, a los araneses les falta un matiz. Ya lo hemos visto. Sin embargo, podrían pedir la anexión a Andorra.

Lobotomía lingüística

En el 2008 el valle de Arán sumaba 8.400 habitantes, de los cuales, según el Institut d'Estadística de Catalunya, 5.000 hablan aranés, aunque el 33,3% tiene como lengua materna el castellano, el 22,4% el aranés y el 14,6% el catalán. El aranés ha sido catalogado como un dialecto del gascón, que es a su vez un dialecto del occitano, el cual posee el récord de desaparición de hablantes en los últimos 60 años. Sin embargo, el Parlamento de Cataluña aprobó el 22 de septiembre del 2010 una ley que convierte el aranés u occitano en la tercera lengua oficial de Cataluña, junto al catalán y el castellano, y en la lengua de "uso preferente" en la comarca pirenaica del Valle de Arán.

La ley establece, además, que "el aranés debe utilizarse normalmente como lengua vehicular y de aprendizaje habitual en la educación primaria y secundaria de Arán". Es increíble que en Europa, en España y en el siglo XXI se imponga coactivamente la lobotomía lingüística para perpetuar las tradiciones feudales en un enclave tribal.

Es lógico que la Generalitat, promotora de estos experimentos de ingeniería social, haga la vista gorda, pero no lo es que el Ministerio de Educación de España, el Defensor del Pueblo, el Tribunal de Derechos Humanos de La Haya y la Unicef no acudan en auxilio de la infancia sometida a estos abusos.

Fradera tampoco pasa por alto el hecho de que los abusos abarcan toda Cataluña, y escribe:

El tono de "construcción nacional" impregna sin remisión el texto del Estatut, a costa, por ejemplo, de una consideración miserable de la lengua castellana.

Choque de trineos

La comarca liliputiense exhibió sus ínfulas cuando el Conselh Generau d'Aran, parlamento autónomo del valle de Arán, aprobó por unanimidad un documento en virtud del cual se pedía un "pacto de libre unión" con Cataluña. El valle de Arán debía ser reconocido como una autonomía y no como una comarca catalana, con un régimen especial que permitiera la creación de tres federaciones deportivas aranesas (esquí, pesca y caza). La unión libre y pactada de los dos territorios debía ser

la continuación de lo que se inició en el siglo XII con los Tratados de Amparanza firmados por los araneses, como hombres libres, propietarios de su país, con la Corona catalano-aragonesa.

Y el Síndic del valle de Arán, Carlos Barrera, amenazó, cómo no, con un choque de trenes o, dada lo topografía y el clima del enclave, con un choque de trineos:

Se trata de un reconocimiento histórico que, si no se da, si se sigue considerando a la Vall d'Aran una comarca, puede haber problemas.

Problemas. ¿Qué problemas? En declaraciones a Rac 1 que recogió Europa Press el 3/2/2010, el nuevo síndico explicó su versión del choque de trineos:

El Síndic d'Aran, Francés Boya, no descartó hoy trabajar para reclamar la independencia de la Val d'Aran si no se escuchan las pretensiones de la zona de seguir siendo un "ente autónomo" y no formar parte de la veguería del Alt Pirineu. "Yo no soy independentista pero, llegado el momento, si resulta que por la vía de los argumentos utilizados hasta ahora no se nos escucha y no podemos defender los derechos de nuestro país de otra manera, quizá sí".

Sembradores de discordias

Cuando los sembradores de discordias fomentan la falacia de que España es una "nación de naciones", lo que consiguen es dotar de pretextos a los secesionistas impenitentes de las más diversas estirpes. Ya se sabe lo que pretenden los balcanizadores vascos, incluso los gallegos. Gregorio Morán se ocupó en su día de los asturianos (LV, 16/12/1995):

Hace un par de semanas se celebró en Oviedo la manifestación más importante que se hizo nunca a favor de la cooficialidad del bable, "la llingua asturiana". Varios miles de personas recorrieron las calles de la capital asturiana el pasado 25 de noviembre –"25 de payares"– y se corearon por primera vez en la historia asturiana gritos de "¡Independencia!". Treintaiún (sic) alcaldes de todo el arco parlamentario, incluidos cuatro del Partido Popular que fueron desautorizados por la dirección regional, suscribieron la marcha y exigieron la cooficialidad del bable y por tanto la necesidad de reformar el estatuto de autonomía.

A los catalanes les brotó otra ínsula Barataria díscola, además de la aranesa. Relataba La Vanguardia (31/1/2010) que la antropóloga Montserrat Boquera había publicado dos libros titulados Vivències ebrenques y Primer la sang que l'aigua: els pilars d´una nova identitat ebrenca. El cronista del diario informaba de que los antropólogos estudian "la reciente construcción identitaria de las Terres de l'Ebre" y explicaba, citando a la autora:

El factor clave de identificación identitaria (sic) ha sido "la revalorización intensa, profunda y sentimental del río Ebro, donde se han mezclado argumentos racionales y científicos con valores absolutamente simbólicos y emocionales". Así pues, el Ebro ha vuelto a tener una fuerza simbólica que, en buena medida, había ido perdiendo en la segunda mitad del siglo XX (...) A partir de la lucha anti Plan Hidrológico Nacional, el hecho de ser ebrenc (adjetivo, por cierto, de reciente creación) se convierte en un sentimiento amplio y socialmente aceptado. Es la "tierra propia".

Choque de trenes. Choque de trineos. Ahora la amenaza de un choque de barcazas fluviales demuestra que la megalomanía pueblerina hace perder el sentido del ridículo al más pintado.

Pulsiones retrógradas

Si el virus identitario es contagioso, el componente civilizado de la sociedad debe inmunizarse, mediante fuertes dosis de pensamiento racional. Fernando García de Cortázar nos inocula esta vacuna desenmascarando, una vez más, a nuestros talibanes (ABC, 12/12/2004):

España, nación de naciones, nos dicen, será, por fuerza, más rica cuanto más se acerque a los habitantes de la vieja y rancia Babel ibérica, cuanto más se remonte a ese tiempo lejano, mítico, donde habitábamos sin saber nada unos de otros, distintos y felices, todos sin arado, sin derecho romano, sin latín, sin cristianismo y, por supuesto, sin el español de Alonso de Ercilla, gozando de la cultura autóctona, la de antes de venir nadie, absolutamente nadie, ni de ir a parte alguna. Cultura pura, genuina, incontaminada. Cultura contraria a la historia, que en España está hecha secularmente de pluralismo y de mezcla, de cruce continuo de mundos, y donde las lenguas, como en todas partes, siempre han estado más sujetas a los vínculos económicos, el interés y la necesidad de entenderse que a los vínculos escritos en la arena por el espíritu, la naturaleza y la ley divina (...) En España esta simpleza no se entiende, y no se entiende porque quien más quien menos se va adhiriendo al principio nacionalista según el cual la lengua no la hablan los ciudadanos sino el territorio, al que además se le concede el derecho de hacerse con hablantes obligatorios.

Este es el discurso humanista y liberal que nace de la matriz de la Ilustración, y que colisiona frontalmente con la cacofonía identitaria cargada de pulsiones retrógradas e inquisitoriales. No estamos ante un choque de trenes sino ante el choque entre nuestra sociedad abierta y civilizada, por un lado, y el oscurantismo medieval, antesala del totalitarismo, por otro.

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