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EXPANSIÓN COMERCIAL

Nuevas oportunidades después del tsunami

Cuando el mar engulló las zonas costeras del sur asiático, el pasado diciembre, una nube de desesperación se apoderó del mundo. Pero, tras una movilización sin precedentes, se envió ayuda a cada esquina de la región. La VII Flota, la misma que a las órdenes del general MacArthur derrotó al Japón imperial, se desplazó rápidamente al Índico para distribuir ayuda y rescatar sobrevivientes. El mundo entero está invirtiendo millones de euros en la región; Australia, Alemania, Japón y los Estados Unidos lideran el grupo de donantes, con aportaciones superiores a los 1.000 millones de dólares.

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Nada puede calmar el dolor de la victimas. Los últimos datos cifran los muertos en más de 280.000. Algunas zonas de Aceh y Sri Lanka están tan afectadas que es casi imposible cuantificar lo destruido. Colin Powell, el anterior secretario de Estado norteamericano, describía así la situación: "He estado en la guerra, he visto los efectos de huracanes y tornados, y otras operaciones de reconstrucción, pero jamás he visto nada así. En definitiva, todo tendrá que ser reconstruido".
 
La sociedad española fue muy rápida en reaccionar; en pocos días las donaciones superaron los 15 millones de euros. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, visitó la región pocos días después de la catástrofe, cargado de medicinas y con promesas de 50 millones de euros en ayudas. No obstante, esta ayuda no sale gratis a los países receptores. Aproximadamente el 90 por ciento de la promesa económica, unos 48 millones euros, son créditos que entran dentro del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD). Esta línea de crédito, a una tasa inferior a la del mercado, viene con la condición de que sólo se pueden comprar servicios y productos españoles.
 
LIBRE COMERCIO, POR UN MUNDO MEJOR, puede leerse aquí.No estoy seguro de que esta herramienta de ayuda al desarrollo sea la más efectiva. Experiencias anteriores sugieren que, independientemente del nivel de ayuda, los países en vías de desarrollo sólo pueden conseguir tasas de crecimiento altas y sostenibles cuando sus instituciones se ven reforzadas, cuando la justicia es efectiva, cuando se respeta la propiedad privada; en definitiva, cuando hay una buena base para la libertad política y económica. Un fuerte crecimiento económico es la clave para eliminar la pobreza.
 
A pesar de todo, la ayuda económica española puede ser útil. España ha demostrado su benevolencia y buena voluntad. A nivel general estamos interesados en el aspecto humanitario, pero debemos estar más interesados en crear oportunidades económicas a largo plazo, generando un buen retorno tanto para las empresas españolas como para las sociedades donde se invierte. Seguramente no existe una mejor herramienta para elevar el nivel de vida que el libre comercio entre naciones.
 
Como regla general, es mejor que las empresas inviertan motivadas por las dinámicas internas de los mercados, y no por las decisiones del sector público; en cualquier caso, siempre se ha de actuar en función de la situación real. Las empresas españolas tienen una excelente oportunidad de aventurarse hacia nuevos mercados, de aprovecharse del FAD y de las ventajas fiscales, con un riesgo muy reducido.
 
Las compañías privadas pueden proveer el savoir-faire tecnológico que la región demanda, pudiendo así probar los enormes y prometedores mercados asiáticos. Esta es una oportunidad que no está limitada a las grandes empresas: las pymes también deben internacionalizarse, y tienen aquí una oportunidad. La pregunta clave es: ¿dónde y cómo invertir?
 
Panorámica de Colombo, capital de Sri Lanka.Por una vez, pequeño quizás sea mejor que grande. Debido a mis relaciones con Sri Lanka, puedo dar testimonio de su gran espíritu emprendedor. En la década de los 70 fue el primer país del sur de Asia que liberalizó su economía; tiene firmado con la India un tratado de libre comercio de gran importancia estratégica. Sri Lanka ofrece muchas oportunidades para las empresas españolas, especialmente en lo relacionado con las infraestructuras, el transporte y la industria ligera.
 
A pesar del conflicto con los Tigres Tamil, durante los últimos veinte años (1980-2001) la economía de la isla ha crecido a una tasa anual de casi el cinco por ciento. El proceso de paz coloca el país en situación de crecer a tasas muy superiores. Tanto la libertad política como la económica están entre las más altas de la región. Con todo, su situación es claramente mejorable.
 
Sri Lanka, con sus 20 millones de habitantes, no es el mercado más grande de Asia. El señor Asoka Ranaweera, un hombre de negocios de Sri Lanka que actualmente ayuda a la coordinación de su embajada con el Congreso de los Estados Unidos, cree que su país es "el trampolín hacia un mercado de más de mil millones de habitantes". Asimismo, enfatiza que los contactos locales son "muy importantes", no sólo para que los diferentes proyectos vayan adelante, también para la generación de oportunidades económicas.
 
Buque de la Escuela de Sagres (Portugal).Por ejemplo, en el caso de Irak, España también ofreció varios millones de euros en créditos, pero nada, o sólo una pequeñísima parte, ha sido utilizado. Esto se debe a la falta de empresarios españoles en ese país, debido a la falta de seguridad y al lógico miedo a asumir riesgos. Afortunadamente, la situación en Sri Lanka y en el resto de la región afectada por el tsunami es generalmente bastante más tranquila que en Irak.
 
¿Debemos tener miedo a internacionalizar nuestras empresas mas allá de los conocidos mercados de Latinoamérica? A lo que sí deberíamos tener miedo es a poner todos nuestros huevos en la misma cesta, como se ha estado haciendo hasta la fecha. Tenemos que mirar más allá de nuestros territorios lingüísticos. El mercado asiático es la gran oportunidad. No hay que tener miedo. Si algo puede tranquilizarnos es saber que ya lo hemos hecho: hace pocos siglos españoles y portugueses navegaron por mares desconocidos y establecieron florecientes y duraderas relaciones en la región.
 
Si los españoles casi hemos olvidado nuestro pasado, los asiáticos no. Miles de Garcías, Souzas y Gutierres todavía viven en países como Sri Lanka, donde uno se puede comprar camisas; o pan si se tiene hambre...
 
La pregunta para España es: ¿tendremos el hambre suficiente para invertir en nuevos mercados?
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