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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Petróleo y basura

Hace un tiempo publiqué aquí un artículo en el que exponía mis preocupaciones por las cantidades de petróleo extraídas hasta la fecha y aún por extraer, y por las consecuencias que podía tener esa actividad para el planeta. Pocas veces he recibido tantas cartas de los lectores, que habitualmente son muchas. En este caso, algunas amables, agradeciendo mi esfuerzo por pensar y ayudar a pensar; las más, indignadas, de científicos que me dicen que soy un idiota y un irresponsable al plantear las cosas así.

Horacio Vázquez Rial
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Las cosas así: decía yo que la demanda de petróleo en 2006 había sido de 85.800.000 barriles de petróleo, es decir, 13.594.500.000 litros. Pues bien: me aclara Roberto Cook que "en 2006 se extrajeron 85.8 millones de barriles", sí; pero:
Te quedaste corto, ya que ésa es la extracción diaria. Vale que la real es 85.8 por 365 = 31.300 millones de barriles en ese año. Y si quieres sumar lo extraído en los años anteriores, desde Drake, andaremos por los 1.500.000 millones de barriles o unos 240.000 millones de metros cúbicos o 240 kilómetros cúbicos. O sea que desde que el hombre se entretiene haciendo agujeritos, hemos extraído unos 240 kilómetros cúbicos de petróleo. ¿Y cuánto representa eso para la tierra? Pues ten presente que medimos unos 6.370 kilómetros de radio, y que para dar con el volumen debemos elevarlo al cubo, además del pi y los 4/3. No intento fastidiar con los ceros de 6.370 al cubo, pero puedes estar seguro de que en esa cantidad de kilómetros cúbicos, los 240 extraídos no pesan ni para muestra.
Por otra parte, Marcelo Oviedo me envía un texto de George Reisman, nada menos, que se titula "Minería para el próximo millón de años". Reisman debería ser para mí palabra sagrada, como gran gurú del liberalismo que es, pero resulta que yo no conocía ese artículo. Lo agradezco. Es enormemente racional y rico: nadie debería perdérselo. Me pregunto por qué, disponiendo de un instrumento tan poderoso como internet, sigo siendo tan ignorante.
 
Puedo estar tranquilo: la esfera sobre cuya superficie vivimos tiene para rato, y sin hundirse, por mucho que extraigamos de ella. El sabio Luis Anastasía, cuyas reflexiones me llegan por medio de Esteban Lijalad, pensador dedicado a las falacias de la ciencia vulgarizada, escribe:
En el subtexto está claro que interpreta que los lugares de yacimientos de petróleo y gas, o sólo gas, son como bolsones gigantescos, huecos, y que tal parece que esos hidrocarburos los estuvieran llenando y, ergo, sosteniendo las paredes que los contienen. No es así. Igual que los yacimientos de agua. La tierra no se "ahueca" por extraerlos, pues en realidad estos líquidos o gases están contenidos en una serie de poros y fisuras en las rocas. Las que mejores cualidades tienen para esto son algunas de las sedimentarias.
Desde Donosti, Álvaro me indica: "Los yacimientos actuales son infiltraciones de petróleo en suelos porosos que exigen avanzadas técnicas de extracción, entre ellas la de inyectar sustancias por un lado y extraer petróleo por otro, por lo que el hueco que queda está relleno, normalmente de agua". Espero, con esto, compensar el reproche que me hace Juan Luis Segovia.
 
Por su parte, Alejandro de Diego Vico, que me escribe desde una universidad belga, antes de señalar mi "profunda ignorancia de los asuntos de los que está tratando", me dice que todo mi artículo es una "justificación peregrina para introducir la energía nuclear". Ya me gustaría a mí ser tan inteligente y sutil, pero la verdad es que fue la preocupación por el petróleo lo que me llevó a las centrales nucleares, y no al revés. Y otro lector, C. Javier, me explica las razones por las que la energía nuclear no es una verdadera solución; razones que me parecen atendibles. Reproduzco parte de su carta:
 
En nuestro planeta hay 440 centrales nucleares y para alimentarlas se estiman unas reservas de uranio para 80 años. Bien, para sustituir los hidrocarburos en la producción de electricidad (petróleo, gas y carbón suponen más del 70%), necesitaremos a nivel planetario no menos de 2.500 centrales nucleares. Coja la calculadora y dígame: ¿cuantos años duraría el uranio existente? ¿De verdad cree Vd. que la nuclear es la solución? Para abastecer la centrales nucleares reseñadas tendríamos uranio en toda la Tierra para menos de 20 años.
 
Y perdone usted mi insistente zafiedad: ¿qué pasa con los restantes elementos radiactivos, incluidos los isótopos correspondientes del cesio y el cobalto, tan empleados en oncología y de una vida media considerablemente breve? Porque una de las razones que aducen los enemigos de las centrales nucleares es el problema de la basura radiactiva, en cualquier caso cuantitativamente mucho menor que la basura originada por el petróleo, desde las bolsas de plástico de los supermercados hasta las botellas de agua, que parece haberse ido acumulando, por una suerte de efecto remolino, en dos zonas, visibles desde los satélites, del Atlántico y el Pacífico. Son sólo preguntas para los que más saben. Y si la cantidad de uranio es tan reducida, y de tan corto alcance las posibilidades de la energía nuclear, ¿por qué preocuparse tanto por el destino ulterior del desperdicio radiactivo?
 
Pese a la escasez de uranio que establece mi lector, Sarkozy y Brown se han planteado una alianza atómica, y firmarán un pacto en esta semana para desarrollar una nueva generación de centrales nucleares: estiman poder exportar tecnología en quince años, según La Razón del 23 de marzo.
 
Es también C. Javier quien me informa de que "estamos llegando o hemos llegado al cénit del petróleo (peak oil), punto a partir del cual no podremos incrementar la producción de crudo, ello acompañado de un aumento del consumo. Resultado: en los próximos diez años veremos el precio del barril en la estratosfera". Yo tengo mi propia versión de este tema, y seguramente habrá quien me señale con el dedo por expresarla: creo que hay yacimientos suficientes para incrementar la producción de crudo, pero existen problemas políticos que lo impiden, porque darían un lugar en el mundo a países que hoy no cuentan en absoluto en la orquesta que toca eso que llaman "el concierto internacional". Brasil se contiene. En Argentina no invierte nadie porque, aunque haya petróleo y gas en enormes cantidades, el régimen no parece de fiar y nadie quiere otro Chávez, ni otro Correa, ni otro Evo Morales. A los problemas políticos hay que darles un tratamiento político.
 
Aduzco como prueba una información aparecida hoy en La Razón: "Cepsa ha adquirido a la empresa Hupecol los derechos de exploración y producción del bloque Caracara, situado en la cuenca de Los Llanos (Colombia), con unas reservas de 40 millones de barriles de crudo". Cepsa se quedaría con el 70% de la compañía; el otro 30% pertenece a Ecopetrol, la nacional colombiana de hidrocarburos.
 
Teniendo en cuenta las cifras, no parece gran cosa: las reservas totales de la explotación no llegan a la mitad de la producción mundial diaria (40 millones de barriles frente a 85,5 millones en total), pero sí es importante: pondrá en el mercado 20.000 barriles al día. Si la calculadora no me falla, en 2.000 días estará agotado: empleo y dinero para unos seis años. Sin embargo, en un país como Colombia, en el que una parte indeterminada del territorio no está aún bajo el control del Estado, sino en manos de la narcoguerrilla, esto es un paso enorme, que respalda la política del presidente Uribe ante las FARC.
 
Hay que decir que también es un problema político-económico el de la independencia de Kosovo, la mayor reserva europea de carbón, en la que la UE está sumamente interesada, para su explotación directa, sin la mediación serbia. Quieren (Alemania, sobre todo, que alentó nuestra reconversión minera por su baja rentabilidad y que ha sobreexplotado sus propios yacimientos) que los serbios no tengan parte del pastel carbonífero.
 
Y habrá que ir pensando en qué hacer después del petróleo, cuyo agotamiento oigo anunciar desde hace cuarenta años. Las energías alternativas limpias, desde la eólica hasta la solar, son evidentemente insuficientes. Tal vez las soluciones vengan de los países que, como Alemania con el carbón, tienen planteados asuntos de Estado que no cambian de un Gobierno a otro, sean del color que sean.
 
 
Pinche aquí para acceder a la página web de HORACIO VÁZQUEZ-RIAL.
 
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